El pianista que llegó de Hamburgo

Posted by Libros y Letras on jueves, abril 26, 2012 No comments

Por: Jesús María Stapper (Última Parte). El pianista… discurre vertiginosa en ocasiones y, en otras, con encontrada lentitud pero con prestantes inquietudes. No obstante, el desasosiego prima, existe un hálito permanente de suspenso como si un gnomo maligno revolcara los polvorientos caminos de cada ruta señalada. De su texto ponderado, que contiene un arsenal de viajes en erupción, brotan llamas que iluminan todas las sendas, aún las más densas, las que parecen no tener otro día entrante para estrenar. 

La novela por sí misma, es una partida sin retorno. Cada lector encontrará que la sorpresa es un destino señalado. Hallará que cada viaje es un tejido enmarañado que parece tener la cabida incierta de los laberintos inefables ante la escasa posibilidad de las salidas. Es como si de alguna manera, Dante volviera de nuevo a los inframundos contemporáneos, y a la mitad del viaje de la vida, se encontrara con una selva oscura. Y surge la pantera al comienzo de la cuesta. ¿Qué talante tiene esa pantera de comienzos del siglo XX? ¿Dónde ubicar su corazón o su espíritu? ¡También los arcontes tienen sus propios destinos! Tal como Eneas increpando los mares, Hendrik Pfalzgraf (y todos los personajes, cada uno en su particular leyenda) ve como una ola gigantesca se desploma sobre la popa de su nave viajera… la destartalada nave que es su propio destino. 

A través de El pianista que llegó de Hamburgo, una escalera nos permite ascender o descender hacia el misterio vestido de ensueños y realidades. Una encrucijada entre hombres y mujeres es latente. Una embestida de amores y desamores es palpable. Los más caros sueños se guardan en los canastos de bordados ralos como si fueran un esperpento de rincón… un viejo arlequín que por maltratado no se lleva a la calle. La novela total es el éxodo. Divagar entre políticas cruentas y salvajes días es una razón de ser, un canto místico y sufrido a la supervivencia. Cada vez que tocan a la puerta aparece un nuevo personaje enmarcado entre cuitas e idealismos, entre anhelos y visiones, y con sus crónicas repletas de monstruos y añoranzas por contar. Nos ubica la novela en el centro del destierro. Nos dice con toda claridad que cuando un hombre no doma al destino, es el destino quien lo doma (algunos dicen que el destino no existe). Hoy entendemos que Verne quizá sí logró domar los viajes sacramentales que un su divagar constante y surreal construyó en el futuro. Hoy entendemos que la ficción también es una realidad. 

El pianista que llegó de Hamburgo en una novela expresiva de incansable viaje, narradora de bellezas tristes, armadora de albas y tinieblas, determinante en sus búsquedas, consecuente con los caminos, fiel a sus hallazgos, certera en sus descripciones, minuciosa en sus cantos, leal con la Historia… y con sus historias, profusa de sentimientos, repleta de añoranzas, magnánima en su legado, con un status literario cimentado de bondad y equilibrio, es sin duda, una de las grandes obras de la literatura hispanoamericana. 







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