Bogotá curiosa -2-


Tomado del libro Bogotá curiosa de Jorge Consuegra. 


Edita Libros y Letras 
  • En los años 20, del siglo 20, Bogotá tenía un serio problema de aguas negras y de suministro de agua limpia. Cuando se empezó a expandir, a los encargados de la ciudad les tocó hacer canales para conducir las aguas negras y llevarlas hasta los caños para que no se empozaran y se crearan grandes charcos. 
  • Las primeras casas empezaron a diseñarse para que las aguas lluvias caídas de los tejados y las de las letrinas y cocinas no cayeran directamente sobre calles y andenes, sino que por medio de un canal, fuera hasta un vertedero y luego a la tubería principal. 
  • Como hacia 1932 no había ni clubes, ni cafés, las tertulias fueron las que acapararon la atención entre los jóvenes y los adultos. Cuando se reunían, leían sus poemas, declamaban, cantaban y a veces terminaban bailando. Muy pocas veces se libaba licor, pero sí se repartía en buenas cantidades ague´panela y tinto. 
  • En 1877 se inauguró en Bogotá la Fábrica de Chocolates Cháves, la primera del país y de la capital. La segunda fue la Fábrica de Chocolates La Equitativa, en 1889. Para 1923 ya funcionaban en la ciudad seis fábricas más, entre ellas la Compañía de Chocolates Cruz Roja. El consumo aumentó en forma realmente importante y aunque la “chúcula”, de fabricación netamente campesina se continuaba vendiendo, la “gran” industria entregaba un producto más elaborado y mejor presentado. 
  • Hacia 1936 hubo un enorme despertar por el baño en los ríos cercanos a Bogotá, entonces desde temprano las familias se organizaban y se iban hasta las caudalosas corrientes del Fucha, Tunjuelo, Boquerón y Manzanares; allí no solo se bañaban, sino que también organizaban enormes almuerzos colectivos y hasta llevaban grupos musicales para amenizar el día. La frugal comida se servía sobre hojas de plátano en donde ponían los trozos de yuca, papa, carne, plátano y pollo; la sopa se servía en platos de lata y la chicha se tomaba en totumas; cuando no se llevaba chicha, entonces se hacía “refajo” que era combinar cervezas con gaseosas. 
  • Las tallas de santos de la iglesia La Tercera están hechas de caoba, nogal y cedro, todas ellas sin dorar. Expertos han considerado verdaderas joyas de arte, pues es tal la estética, que las convierte en incomparable monumentos de arte colonial. 
  • “Todo terminó el 7 de Marzo de 1910, cuando Johnson Martin, uno de los dos hermanos dueños de los tranvías de Bogotá, agarró a un alférez de la Policía para insultarlo en la vía pública. El uniformado salió en defensa de un muchacho, brutalmente golpeado por un postillón de la Bogotá City Railway Company, la empresa de los gringos Martin que manejaba el tranvía de la ciudad. Al poco tiempo llegó Martin, quien intervino a favor de su empleado con tal virulencia y grosería que los bogotanos de entonces, hastiados de los malos comportamientos del “invasor yanqui” se fueron encima para reprimir la conducta a punta de bota y puño. Ese día comenzaría lo que se conoció como “El boicot al tranvía”, que acabaría con la empresa estadounidense”. 
  • En la Calle de la Fatiga (hoy Calle 10 con Carrera 4) vivía Juan José Francisco de Sámano y Uribarri de Rebollar y Mazorra, el último virrey del Nuevo Reino de Granada. Cuenta Germán Arciniegas que “jorobado y verde, preocupado sólo de que la fiesta (el fusilamiento de Policarpa Salavarrieta) no resultara tan bien como esperaba, ordenaba que los tambores redoblaran más fuerte para evitar que siguieran oyéndose los discursos de Policarpa”. Dos años después de este hecho, el hombre se dio cuenta que el Ejército Libertador había vencido a los españoles en la Batalla de Boyacá (7 de Agosto de 1819), entonces sigilosamente huyó por el camino de Honda, cubierto con una capa verde y desapareció cobardemente en lugar de enfrentarse valientemente como siempre lo había pregonado. 
  • Son numerosos los arquitectos que dejaron su impronta en los barrios de Teusaquillo y alrededores. Se destacan los chilenos Casanovas y Manneheim, cuyas placas adosadas a las fachadas de las casas que construyeron, aun se encuentran allí; igualmente dejaron sus huellas Manuel de Bengoechea, Roberto Sicard, M. Gutterman, Otto Marmorek, P. Studer, H. Grunbaum y Rafael Catelli, así como las firmas Rocha & Santander, Trujillo Gómez y Martínez, Montoya Valenzuela, Gustavo Maldonado, y por supuesto, la que dejó la huella más profunda, Ospinas y Compañía. 
  • Los más pudientes de la ciudad organizaban los Domingos paseos hasta el Salto de la Ninfa, el río Arzobispo (que hoy es apenas un canal) o hasta la quebrada La Vieja que a veces cuando hoy llueve, crece en forma preocupante. Otros se iban hasta el Salto del Tequendama a pasar un domingo lleno de algarabía, paisaje y mucha comida. Como el salto era bastante retirado, el paseo empezaba a las siete de la mañana y el regreso era a las cuatro para llegar antes de caer la tarde. 
  • En 1937 se publicó la Guía de Forasteros que también se conoció como Almanaque Nacional. Su impulsor fue don Rafael Álvarez Lozano y allí aparecieron avisos para los viajeros, la oferta de las escasas fondas y los poquísimos restaurantes, y hasta lograron aparecer algunos avisos de profesionales ofreciendo sus servicios, como los médicos, dentistas y abogados. En muy pocas ocasiones se publicaron avisos de plomeros y albañiles. 

Nota: el libro puede ser pedido en Bogotá en el 212.4012 (Ediciones B).

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