Camilo Torres y su época

No. 7336 Bogotá, Martes 1 de Marzo de 2016 



Parte II 


Por: José Luis Díaz-Granados / Poeta, novelista y periodista cultural. 


Desde muy temprana edad, Camilo se destaca por su entereza de carácter, honestidad intelectual y transparencia humana, virtudes totalmente contrarias a las de los componentes de esa sociedad esnobista que reina en la Bogotá de los años 30 y 40, donde los personajes de la clase alta ---como bien lo recrea de manera paradójica uno de sus integrantes, Alfonso López Michelsen en su novela Los elegidos (1953)---, pertenecen a una aristocracia criolla “donde no existe la antigüedad de la sangre, pero sí la del oro”, que viven una cotidianidad artificiosa donde “lo único que cuenta es el dinero”, viven abismalmente aislados de las clases trabajadoras y de la pobrería, imitan de manera grotesca a los financistas británicos y alardean de una postiza erudición sacada de las Selecciones del “Readers Digest”

En esa Bogotá abundan los campesinos ricos que abandonan el campo para radicarse en la capital, hacendados que compran títulos pontificios, políticos populistas que sólo quieren ascender socialmente, patriarcas ricachones que simulan poseer toda clase de virtudes cristianas, pero que tienen más concubinas e hijos extramatrimoniales que la descendencia de un patriarca bíblico. Todo ello, en perpetua amalgama con todos los placeres y torceduras del poder real alternado con otros poderes más sombríos. 

Entre 1946 y 1947 es visible el incremento de la represión a los opositores por parte del gobierno del recién posesionado presidente Ospina, lo cual es denunciado de manera permanente por Gaitán. En 1947, Turbay muere súbitamente en París y en las elecciones para la Cámara y las Asambleas departamentales, Gaitán resulta victorioso de manera indiscutible. La oligarquía de su partido le entrega las llaves de la Jefatura Única Liberal y entretanto, sus más connotados dirigentes abandonan el país hacia un dorado exilio

Camilo Torres, de 18 años, ingresa en 1947 a la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional. Allí, su condiscípulo del Cervantes, Luis Villar-Borda, le presenta a otro condiscípulo de Derecho, Gabriel García Márquez, con quien comparte charlas de café, un poco de bohemia y discusiones e inquietudes intelectuales e ideológicas, propias del momento de efervescencia política que vivía Colombia. El profesor de Derecho Constitucional de todos ellos es Alfonso López Michelsen, un joven tímido, según García Márquez, de alma insindable y espíritu crítico. Meses después de la presentación amistosa, el joven Gabriel publica en El Espectador el cuento “La tercera resignación”, con el cual inicia su prodigiosa carrera literaria. En 1959, Camilo bautizará a Rodrigo, el primogénito de Gabriel. 

La barbarie patrocinada desde el gobierno se incrementa de manera dramática, especialmente en los departamentos andinos y del suroccidente colombiano. Gaitán denuncia cada suceso violento a través de vehementes editoriales en su diario Jornada, al igual que en discursos pronunciados en las plazas públicas de toda la nación. El 7 de febrero de 1948, al frente de una impresionante manifestación concentrada en la Plaza de Bolívar de Bogotá, donde los millares de concurrentes enarbolan banderas negras sin pronunciar una sola palabra, bajo el más estricto y disciplinado silencio colectivo, Gaitán lee con voz serena pero firme su “Oración por la paz”, donde le pide a Ospina, entre otras cosas, que quienes anegan en sangre el territorio de la patria, deben cesar de inmediato en su ciega perfidia. Dos meses después, el caudillo del pueblo cae asesinado en el centro de Bogotá, suceso que ocasiona el más impresionante levantamiento popular jamás visto en los anales de nuestra historia. A partir del 9 de abril de 1948, la persecución, el totalitarismo de corte fascista y la combinación de todas las formas de represión a los opositores liberales, socialistas y comunistas, se convierte en el estilo de gobernar a Colombia hasta finales de la década de los 50. 

Camilo se retira de la Facultad de Derecho e ingresa al Seminario Conciliar de Bogotá, en acto que en su detalle personal, me referiré más adelante. No sobra recordar que en aquella época de terror, muchos curas y jerarcas de la iglesia, atizaban desde sus púlpitos la más hórrida persecución a los luchadores populares, so pretexto de que eran enemigos de Dios. Dueño de una sensibilidad social inalterable y creciente, Camilo no duda en poner en práctica, desde un principio, las intenciones de justicia social consignadas en el Evangelio y en la palabra de Jesucristo. Con su compañero de estudios Gustavo Pérez Ramírez, crea un círculo de estudios sociales y se dedica a recorrer los lugares de mayor pobreza en la capital de la república. 

En 1954 se ordena sacerdote y viaja a Bélgica donde se matricula en la Facultad de Sociología de la Universidad de Lovaina. En su estancia europea establece contactos con los curas obreros, los movimientos sindicales cristianos y también con los grupos de resistencia por la independencia de Argelia, residentes en París. Su tesis de grado titulada Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá, lo convierte en uno de los fundadores de la sociología urbana en Colombia. A su regreso al país, es nombrado Capellán de la Universidad Nacional, y en este centro docente funda, en 1960, con Orlando Fals Borda, la primera Facultad de Sociología de Colombia. 

En 1956, cuando Camilo cuenta con tan solo 27 años, un buen amigo suyo, escritor precoz y ágil periodista, Rafael Maldonado Piedrahita, publica un libro titulado Conversaciones con un sacerdote colombiano. Puntos de choque con la Iglesia, editado por Antares, con 110 páginas. Allí el joven cura dice cosas como que Colombia está tendiendo al capitalismo, no en el sentido de aprovechar esta economía, sino el de dejarse explotar por ella. Más adelante afirma que la influencia del socialismo en la Iglesia se hace real inmediatamente después del Manifiesto comunista de Marx y Engels, (refiriéndose a la encíclica Rerum Novarum, promulgada por el papa León XIII, sobre la situación de los obreros en Europa en 1891), y termina diciendo que la América indígena es una colonia sometida económicamente al imperialismo norteamericano

Luego de la amarga y dolorosa travesía de los millares de luchadores populares, liberales, socialistas, comunistas, demócratas y progresistas de Colombia, por el desierto de la marginación, la persecución, la muerte violenta y el exilio ---bajo los gobiernos de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Roberto Urdaneta Arbeláez y Gustavo Rojas Pinilla , durante los cuales surgen valerosas guerrillas en los Llanos, comandadas por Guadalupe Salcedo---, el dirigente liberal Alberto Lleras, con la bendición del gobierno de Eisenhower y de las clases empresariales de Colombia, va a buscar a España a su adversario conservador Laureano Gómez, y allí pactan el sistema del Frente Nacional, que si bien acaba con la antigua contienda entre los dos partidos, cierra las puertas a los diversos frentes de oposición democrática y abre las de movimientos alternativos del poder como el MRL, la ANAPO y otros grupos políticos de existencia efímera, que en su momento desafían valerosamente al régimen bipartidista. 

No sobra decir que en aquel tratado de paz que acaba con la hemorragia de más de 150 años ---desde que esos dos partidos que nos gobernarían fueron fundados después de 1830 por dos de los frustrados magnicidas que intentaron en vano asesinar a Bolívar la nefanda noche septembrina---, ningún conservador, ningún liberal, ningún cachiporro, ningún pájaro ni ningún chulavita, pagó un solo día de cárcel. Quien se acogió a las promesas de paz ofrecidas por el gobierno militar de Rojas Pinilla y entregó las armas en 1953, el comandante guerrillero Guadalupe Salcedo, es asesinado cuando se hallaba solo e indefenso en un café del sur de Bogotá en 1957. Dos años después, en 1959, el pueblo de Cuba acaba de iniciar el glorioso, heroico y difícil camino de la primera Revolución Socialista en Nuestra América, liderada por Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, todos ellos contemporáneos de Camilo Torres Restrepo. 

Entre 1961 y 1965, Camilo alterna su actividad académica con la social. Colabora con monseñor Germán Guzmán y el jurista y pariente suyo Eduardo Umaña Luna, en la minuciosa investigación sobre La violencia en Colombia; forma parte de la Junta Directiva del naciente Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA) y de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) y ejerce como párroco de la Iglesia de la Veracruz. De manera incansable recorre los sectores populares, los barrios obreros, especialmente Tunjuelito y los lugares marginados y paupérrimos de Bogotá. Impresionado por el abandono de esos compatriotas por parte de los gobernantes y por la miseria galopante que circunda a sus familias, Camilo pronuncia su célebre frase: Hay que amar más y rezar menos, con lo que comienza a tener serios problemas con la jerarquía católica, en especial con el Cardenal primado Luis Cóncha Córdoba, hijo del expresidente conservador José Vicente Concha.

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