Cien años de Dadá

José Luis Díaz-Granados
José Luis Díaz-Granados


Por: José Luis Díaz-Granados 


El 5 de febrero de 1916 nació el Dadaísmo, movimiento de avant-garde, fundado en el Cabaret Voltaire de Zurich, Suiza, por los artistas y poetas Hugo Ball, Emmy Hennings, Tristán Tzará, Marcel Jank, Hans Richter, Jean Arp y Richard Huelsenbeck, entre otros. Nacía una nueva estética en el arte. Un novedoso sistema solar de la poética, sin precedentes en la historia literaria. Al año siguiente se inauguró la Galería Dadá, donde expusieron sus cuadros y leyeron textos Marinetti, Picasso, Apollinaire, Modigliani y Kandinski. 

El rumano Tzará intentó señalar una definición del dadaísmo: 


Coja un periódico 
Coja unas tijeras 
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema 
Recorte el artículo 
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa
Agítela suavemente
Ahora saque cada recorte uno tras otro
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de la bolsa
El poema se parecerá a usted
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo. 


Dadá fue la antesala del surrealismo, cuyo Manifiesto redactado por André Bretón aparecería ocho años después, en 1924. 


Respecto al nombre, Tristán Tzará escribió: 

Dadá no significa nada. Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder su tiempo con una palabra que no significa nada [...] Por los periódicos sabemos que los negros kru llaman dadá al rabo de la vaca sagrada. El cubo y la madre en cierta comarca de Italia reciben el nombre de dadá. Un caballo de madera en francés, la nodriza, la doble afirmación en ruso y en rumano: dadá… 


Louis Aragon escribió en su primer libro de poemas: 

Yo he hecho el movimiento Dadá, 
Decía el dadaísta. 

Yo he hecho el movimiento Dadá, 
Decía el dadaísta. 

Y en efecto, éste lo había hecho. 


Hace cien años, mientras en Europa se inundaba de sangre, fuego y lágrimas, y le ponía nombre a la infamia, los poetas abrían, una vez más, las puertas de un nuevo amanecer estético. Inauguraban la alegría.

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