Phil Klay: "Quise capturar todas las variedades de la experiencia militar"

Phil Klay
Phil Klay


Por: Andrés Gómez Bravo* / Chile. 


El autor estadounidense se refiere a Nuevo destino, sobre su vida de soldado en Irak. Su libro, ganador de uno de los premios más importantes en EE.UU., ya está en Chile. 

Se alistó sin hacer demasiadas preguntas. El no era particularmente patriota ni agresivo. Tampoco atlético. Su novia, una pacifista inteligente y melancólica, no lo entendió. Pero él quería salir del pueblo y pensó que los marines eran un pasaje de primera para lograrlo. Entonces ella, su novia, decidió que era mejor terminar la relación antes de que él partiera a Irak, lo que en ese momento no le dolió demasiado al nuevo recluta: finalmente, pensó, “me iba a un lugar que me convertiría definitivamente en un hombre”. 

El relato se titula Cuerpos y es uno de los 12 cuentos que integran Nuevo destino, el notable debut de Phil Klay en la ficción. Nacido en Nueva York en 1983, a los 32 años ya es un veterano del Cuerpo de Marines. Tras volver de Irak se graduó en Literatura y escribió los relatos que integran su primer libro. El conjunto es un volumen vigoroso, enérgico e inquietante: Klay entrega 12 historias cruzadas de cicatrices, traumas y desolación. 



“Nuevo destino es divertido, mordaz, contundente y triste. Es lo mejor que se ha escrito hasta ahora acerca de lo que la guerra ha causado en el alma de la gente”, escribió The New York Times Book Review. Tras recibir el aplauso de la crítica, el volumen resultó ganador del National Book Award. Las 12 historias del libro tienen diferentes protagonistas; cada una es narrada por una voz propia y forman así un conjunto de puntos de vista sobre la guerra. 

-¿Por qué se enlistó en el cuerpo de Marines de Estados Unidos? 

-Porque mi país estaba en guerra. Nunca pensé en unirme a los militares (en el colegio quería ser diplomático), pero cuando entré a la universidad, EE.UU. estaba en medio de dos guerras. Siempre he creído en el servicio público y quería ser parte de ello. 

-¿Cuánto tiempo estuvo en Irak? 

-Trece meses, de enero del 2007 a febrero del 2008. Estuve mayormente en la provincia de Anbar, que en ese momento era el centro de la insurgencia sunita. La violencia disminuyó notablemente durante el año que estuve fuera. Fue la época en que surgieron las tropas de Estados Unidos y el tiempo del despertar de Anbar, cuando los líderes tribales comenzaron a alinearse junto a Estados Unidos contra Al Qaeda en Iraq. Por supuesto, gran parte de este territorio fue luego tomado por ISIS. 

-¿Por qué decidió escribir sobre la guerra y cuáles fueron las razones? 

-Comencé pocos meses después de regresar de Irak. Tenía un montón de preguntas. No simplemente acerca de lo que yo había experimentado, sino que sobre lo que mis compañeros tuvieron que enfrentar. Tenía preguntas acerca de cómo luce América para un soldado cuando llegas desde una zona de guerra. Y además me pareció que había algo que se estaba perdiendo de la conversación general sobre la guerra, algo que quise agregar escribiendo al respecto. De esa forma se puede abrir un espacio para que los civiles imaginen la textura de la vida fuera de casa. 

-La ficción americana tiene una rica tradición en la literatura de guerra. ¿Qué tan familiar era para usted este tipo de libros? 

-Bastante familiar y no simplemente por una cuestión de tradición americana. Cuando estaba en la universidad tuve un mentor, el poeta Tom Sleigh, quien me puso en un curso intensivo de literatura de guerra al enterarse de que me iba con los Marines. Su idea era que si iba a la guerra, tenía que aprender de eso a partir de las mentes más brillantes que alguna vez se aproximaron al tema Así es que leí La guerra y la paz, Caballería roja de Isaac Babel, In parenthesis de David Jones, Viaje al fin de la noche de Céline, y todos los cuentos de Hemingway. En Irak, leí Don Quijote, El arcoiris de la gravedad de Thomas Pynchon y las primeras nueve novelas de Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell. 

-¿Por qué escogió el cuento? 

-Porque quise capturar todas las variedades de la experiencia militar, desde diferentes ángulos. También hay una tradición del veterano de guerra retornando y testificando sobre la experiencia, pero yo no quise sólo un testimonio. Quise doce, contados por narradores que pueden no estar de acuerdo sobre la “verdad de la guerra” que ellos traen al país al que retornan. Eso le da diversas posibilidades de identificación al lector. 

-¿Cómo trabajó las diferentes voces en el libro? 

-Realicé mucha investigación y también revisé mucho. Muchos amigos leyeron los borradores, entrevisté a muchas personas y leí bastantes libros y artículos periodísticos para tratar de darle a cada personaje una voz y un punto de vista. 

-¿Es necesario haber estado en la guerra para escribir sobre ella? 

-No del todo. El libro Billy Lynn’s long halftime walk, de Ben Fountain, es una prueba de que no es necesario estar ahí de la misma manera que La roja insignia del valor de Stephen Crane lo demuestra con la Guerra Civil Americana. 

-¿Conoce algo de literatura chilena o latinoamericana? 

-Sí. Si uno escribe cuentos, lo más probable es que te enamores muy joven de los cuentos de Cortázar y Borges, como a mi me sucedió. También, en mis primeros años, leí bastante a Isabel Allende. Por supuesto debo mencionar a García Márquez, pero también a Alvaro Mutis, cuya novela La última escala del Tramp Steamer, es una hermosa historia. Particularmente admiro a Mario Vargas Llosa, cuya Lituma en Los Andes puedo mencionarla en términos de la literatura bélica que me influyó (aunque toca la guerra en una forma más bien oblicua). Y la primera vez que leí a Bolaño fue en los Marines, cuando abordé Los detectives salvajes: admiré mucho su segunda parte. Es una de las obras en las que estaba pensado cuando escribí mi propio tipo de narrativa fracturada. 

*Foto y entrevista tomados de http://www.latercera.com

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