Un café en Buenos Aires con Ariel Urquiza, Premio Casa de las Américas

No. 7310 Bogotá, Jueves 4 de Febrero de 2016 



Un café en Buenos Aires con Ariel Urquiza, Premio Casa de las Américas 

Ariel Urquiza
Ariel Urquiza

Por: Pablo Di Marco / Especial para Libros & Letras / Buenos Aires, Argentina. 

El escritor debiera ser introvertido por naturaleza. A fin de cuentas estamos hablando de alguien que desarrolla su arte en las sombras, en silencio y a espaldas del mundo. Sin embargo, nuestra civilización del espectáculo ha propiciado una plaga de escritores soberbios, expertos en lobby, ególatras hasta la exasperación, y más afectos a la autopromoción que a la lectura, la escritura y la corrección. 

Quienes aspiramos a otro perfil de escritor celebramos la decisión que la semana pasada tomaron los jurados del Premio Casa de las Américas: premiar al autor argentino Ariel Urquiza por su libro de cuentos Ni una sola voz en el cielo. Urquiza pertenece a una raza en extinción: la del escritor abocado a su trabajo, consciente de que no debiera haber más protagonista que los personajes que surgen de su imaginación. 

Sos un escritor de bienvenido perfil bajo; más afecto a los libros, el lápiz y el papel que a los focos y los micrófonos. ¿Cómo vivís las obligaciones que acarrea ganar un premio del prestigio del Casa de las Américas? 

A: Las entrevistas, hablar ante un público, etc., esas situaciones no son mi especialidad. La poca elocuencia que tengo desaparece. Alguien que trabaja todo el día frente a una PC, a solas con su imaginación, contactando a los clientes vía e-mail, suele ser un tanto precario en sus destrezas para las relaciones interpersonales. Al menos ese es mi caso, ya que soy introvertido. Pero creo también que es una buena oportunidad para abrirme, para expresarme por otro medio que no sea la hoja de papel. 

—¿El obtener el Casa de las Américas será un aliciente o una responsabilidad extra a la hora de escribir material nuevo? 

A: Puede ser ambas cosas. Depende de uno. Un mimo de vez en cuanto viene bien, pero también hay que ser consciente de que es una oportunidad que hay que saber aprovechar. Una de las trampas de recibir un premio puede ser pensar que si un libro resultó premiado, los siguientes deberían parecerse a ese libro. Eso significaría dejar de buscar, dejar de crear en todo el sentido de la palabra. Uno de los mayores peligros de la literatura es terminar copiándose a uno mismo. Repetir fórmulas, quedarse en la zona de confort. 

—Los cuentos de Ni una sola voz en el cielo giran en torno al narcotráfico, una temática en general ajena a la literatura argentina. ¿Qué te llevó a escribir sobre el tema? 

A: Es una temática ajena a nuestra literatura en buena parte porque hasta hace poco era un problema que desconocíamos. Cuando empecé a escribir los cuentos, todavía no se hablaba tanto del narcotráfico como un problema de los argentinos. El primer cuento que escribí transcurría en México, y por entonces yo planeaba que los demás, o al menos la mayoría, también estuvieran ambientados en México, si bien es cierto que ya tenía un personaje uruguayo y venía garabateando el destino de un par de personajes argentinos. Pero cuando empecé a corregir los cuentos con Liliana Heker, ella me alentó a que ubicara algunos relatos en el país. Y la verdad es que razones no faltan, porque el narcotráfico se ha instalado en la Argentina. 

—¿Cuándo viajás a Cuba a recibir el premio? ¿Qué expectativas te despierta el viaje? 

A: Creo que viajo el año que viene, para la próxima entrega, pero aún no hemos hablado de eso con los organizadores. No conozco Cuba, aunque siempre he querido conocer. Sé que La Habana es un lugar increíble, donde el pasado y el presente conviven de una forma única. También me han dicho que su gente es maravillosa, muy culta, muy cálida.

Ariel Urquiza
Ariel Urquiza


—Se me ocurren pocos trabajos más ricos y complejos que el de traductor literario. ¿Qué te aporta tu experiencia como traductor a la hora de escribir tu propio material? 

A: La mayor parte de mi trabajo como traductor no es de textos literarios, pero sí he traducido varios cuentos. Es una experiencia muy enriquecedora. Se aprende mucho, porque requiere analizar un texto a fondo, y de ese análisis siempre se obtiene alguna enseñanza. Creo también que para un escritor es más importante leer pocos libros en profundidad que muchos a las apuradas. Sobre todo si un libro nos gusta, qué mejor que analizarlo, tratar de descubrir los mecanismos internos, estudiar qué es eso que nos atrae tanto. 

—Una pregunta para conocer tus gustos literarios: ¿qué cuentos te hubiese gustado escribir? 

A: “Wakefield” de Hawthorne, “Matar a un niño” de Stig Dagerman, “Linda boquita y verdes mis ojos” de Salinger, y “Talpa” de Rulfo. 

—Armaste un buen seleccionado, Ariel. Dejemos a los escritores de lado y vayamos a la otra punta del lazo: los lectores. ¿Creés que los lectores intuyen las dificultades que acarrea la escritura y lo difícil que resulta publicar? 

A: Supongo que depende de cada lector. Algunos confunden un lenguaje llano, claro, pulido, con poco trabajo. Y también es común creer que lleva más tiempo lograr un texto barroco, cuando muchas veces sucede lo contrario. En cuanto a la publicación, las personas que no conocen el mundo editorial suelen pensar, por ejemplo, que un escritor termina un libro, lo lleva a publicar y un par de meses después ya está en la calle. Aún con los escritores que ya han hecho una carrera, esto no suele ser así. El otro día un escritor posteó en Facebook que acababa de terminar de escribir una novela. Entonces alguien comentó “¿Cómo puede ser, si hace poco publicaste una? ¿Tan rápido las escribís?” Lo que esa persona no sabía es que la novela publicada recientemente bien podía haber sido escrita uno o dos años atrás. 

—Vamos con la última, Ariel: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías. 

A: Ya que de imaginar se trata, vamos por todo. Lo invitaría a Shakespeare y lo llevaría al Brighton, para no hacerlo sentir tan fuera de casa. Más que una pregunta, querría oírlo hablar, aunque no sé cuánto podría entender su inglés. En todo caso, le preguntaría cómo hacía para crear todas esas voces diferentes, todos esos personajes tan únicos. Sería más bien una pregunta retórica, una manera de manifestarle mi admiración. Y tal vez, escuchando su respuesta, comprobaría que delante de mí no hay un hombre sino, citando mal a Borges, todos los hombres y ninguno. 

Quienes quieran saber más sobre Ariel Urquiza pueden leer su blog Atlas del cuento, arielurquiza.blogspot.com

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