Alma Guillermoprieto rescata sus crónicas en Los placeres y los días.

Alma Guillermoprieto
Alma Guillermoprieto


Tomado de La Prensa, Managua- Al lado de las tragedias que ha cubierto durante su trayectoria, estos temas de "alegría o de juego" están lejos de ser "pequeños", ya que son los que permiten "vivir a la gente en condiciones muy duras". 

Nunca ha sido capaz de estar ni “media mañana” en una oficina, por lo que durante casi 40 años la periodista mexicana Alma Guillermoprieto se ha lanzado a las calles para contar historias, algunas de las cuales recopila en su nuevo libro, “Los placeres y los días”. 

La autora (Ciudad de México, 1949) rescata en el libro aquellos trabajos periodísticos que le han dado un “particular placer”, tanto a la hora de escribir como de vivir, señala en entrevista con Efe. 

Al lado de las tragedias que ha cubierto durante su trayectoria, estos temas de “alegría o de juego” están lejos de ser “pequeños”, ya que son los que permiten “vivir a la gente en condiciones muy duras”. 

Así ocurre en su crónica sobre las luchadoras “cholitas” bolivianas, quienes “viven en medio de una pobreza enorme y vidas supremamente difíciles, pero lo que a ellas les permite ser fuertes es que se consideren a sí mismas artistas”. 

O la que recoge, con una mirada nostálgica, la historia de Celia Cruz o de Buena Vista Social Club, de la vibrante música cubana que fue relegada por la revolución, pero cuyos intérpretes “sobrevivieron” durante décadas. 

“Pocas veces escribo sobre mujeres que están llorando y lamentándose”, afirma Guillermoprieto, cuya mirada está puesta sobre aquellos personajes que le “conmueven” y, sobre todo, que aguantan “con capacidad de alegría”, incluso en situaciones dramáticas. 

“La mayoría de las veces la gente resiste, no ideológicamente, sino simplemente (con) esa voluntad de decir…¡carajo!”, expresa de manera enfática la también autora de trabajos como “Samba” (1990), “El año que no fuimos felices” (1998) y “La Habana en un espejo” (2005). 

Abonada irremediablemente al reporterismo “de calle”, Guillermoprieto considera que el periodismo en el cual se formó está “llamado a recoger”, pero que esto no significa el fin de la profesión, sino que “el medio en el que hemos trabajado es lo que se está acabando”. 

La mexicana es la encargada de realizar el Taller de Crónica que organiza a principios de año la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por el Nobel colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014). 

El paso de los alumnos le ha demostrado que los jóvenes periodistas llegan con “muchos principios éticos muy digeridos”, a diferencia de lo que pasaba hace años, cuando encontraba a quienes, por ejemplo, defendían la práctica de pagar a una fuente “porque eso permitía que uno tuviera información digna de una primera plana”. 

También ha constatado que “los escritores no abundan nunca” porque el talento -la transmisión eficaz entre “lo que uno quiere decir y lo que logra decir”- si abundara, “no sería talento”. 

Ella, después de décadas ejerciendo el oficio, dice que ahora reportea menos porque le es más complicado encontrar una historia que le llegue “muy hondo”. 

“Tengo que luchar contra la sensación de esta historia ya la escuché, esta historia ya la vi, esta historia ya la escribí”, comenta. 

Espera que, en un futuro, vuelva a “tener la calma” para sumergirse en una de sus grandes pasiones, la comida, vivirla “con absoluta glotonería” y publicar un pequeño libro con su serie de artículos relacionados con la gastronomía. 

Y volver, también, al tema de la guerrilla, que “siempre” le ha provocado mucha reflexión. 

“Con lo que está pasando ahora en Colombia se cierra un ciclo de la guerrilla latinoamericana, un ciclo que duró 60 años, y quiero escribir sobre eso, porque es un ciclo de mi vida”, apunta Guillermoprieto, quien añade que espera “vivir para contarlo”.

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