Cinco esquinas y la vuelta del "escribidor"



Tomado de La Razón, Buenos Aires. Mario Vargas Llosa, probablemente el más grande de los escritores hispanoparlantes contemporáneos, celebrará sus 80° cumpleaños el próximo 28 de marzo en medio del vértigo por un lanzamiento reciente (“Cinco esquinas”) y de las giras y homenajes programados. Y, como lo admite, en plena actividad, todos los gustos se los da en vida. Uno de ellos es la próxima inclusión de sus obras en La Pléiade, la colección de la editorial francesa Gallimard, que reúne a las cumbres de la literatura universal.
Pero si Vargas Llosa convocó a centenares de periodistas hace pocos días en Madrid, al lanzar su novela, la número 18 en su trayectoria, no fue sólo por su calidad literaria –fuera de discusión- sino porque su nombre se extendió a “otros rubros” en los últimos meses: el entretenimiento. Si en lugar de residir en Madrid lo hiciera en Buenos Aires, el nombre de Vargas Llosa se mantendría ahora tanto en las páginas de Política o Cultura como en las de “farándula”, abarcaría desde Ñ aPaparazzi, saltaría de Código Político a Intrusos… Le disgusta, pero es así, desde que la ruptura de medio siglo de matrimonio con Patricia, y el romance inmediato con Isabel Preysler lo transportó a otro lado. 

“A mí no me gusta estar ahí, aparezco por razones personales. ¿Qué tendría que hacer para no aparecer? Si me dan la receta, la asumo. Es muy incómodo tener a los fotógrafos en la puerta de tu casa, te coarta la libertad. No puedo hacer las cosas cotidianas que hacía, como salir a caminar, ir al cine” se lamentó en aquel lanzamiento, en la Casa de las Américas. Pero tuvo otra presentación más a su placer, con la lectura de páginas de su novela en el Círculo de Bellas Artes, por parte de su amiga y actriz Aitana Sánchez-Gijón. 

Aunque la “prensa del corazón” se apoderó del tema Vargas Llosa en los últimos tiempos, él la conoce bien. Desde ya, no sólo es un magnífico cronista y columnista –por mencionar dos de sus habituales incursiones en el periodismo- sino que sus ensayos como “La civilización del espectáculo” están entre lo más sabio que se puede encontrar sobre estos temas. Ultimamente se lo vio más desencantado: “El amarillismo y el entretenimiento pasaron a ser valores dominantes en la sociedad, el periodismo es víctima de eso. Y se trata de uno de los grandes problemas de nuestro tiempo”. 

Pero probablemente, algo o mucho de sus sentimientos se concentran en la flamante novela. Ambientada en el Perú del Fujimori y su temible escudero Vladimiro Montesinos, con el país sacudido por el terrorismo de Sendero Luminoso y la corrupción, en “Cinco esquinas” giran cinco temas que Vargas Llosa suele desplegar en sus obras: el Perú, el poder, la hipocresía, el erotismo. Y el periodismo. 

Parte desde un sorprendente encuentro sexual entre dos amigas, en una noche de toque de queda. Y Vargas Llosa explicó esa ambientación: “Tengo una idea que no sé si está confirmada, pero creo que toda esa situación de tensión, miedos y claustrofobia desatada en Lima en aquella época reveló el sexo como tabla de salvación del caos, algo para evadirse de la realidad. Una búsqueda del placer para escapar de todo eso”. 

Ya veremos si a la altura de obras maestras, como lo fueran La Guerra del Fin del Mundo o Conversación en la Catedral, o como un simple entretenimiento, “Cinco esquinas” igual nos seguirá regalando el placer de su lectura.

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