Crítica de El soborno del cielo, el pulso entre la Iglesia católica y el pueblo


Por: Sandra Ríos U.* / Bogotá. 


Son pocos los países del mundo los que no han llegado a firmar un “concordato” con la Iglesia católica desde el Siglo XIX. El primero que firmó Colombia fue en 1886, luego se reformó a principios de los setenta y uno nuevo tras la constitución del 91. Pero como los tiempos han cambiado la Corte le puso fin declarándola inconstitucional desde hace casi 20 años. 

En esos acuerdos se han puesto condicionamientos a las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado, favoreciendo y facilitando sus actividades, otorgándole estatus especiales y de paso permitiendo su elevada injerencia en la sociedad. 

La nueva película de Lisandro Duque se ambienta en una época (los años sesenta) donde los jerarcas de la iglesia ejercían su total poder sobre los civiles. El soborno del cielo partió de un cuento que su director creó basado en un caso que vivió en Sevilla, Valle. 

En esta película, el párroco de un pueblo ha tomado una medida de choque ante sus fieles; la de no realizar los sacramentos hasta cuando la familia de Aimer Zapata no traslade su cadáver a un cementerio laico. La razón es que Aimer ha cometido suicidio. Así es como presiona el párroco al pueblo para que se cumpla su capricho. Inicia una puja en todo el pueblo porque hay bautizos y matrimonios que se deben realizar. 

Lisandro ha dicho que la premisa de esta historia es tan absurda que la comedia aparece por sí sola, y en buena parte es cierto, pero la real esencia de este largometraje está más que en las actuaciones (todas muy buenas, pero destacándose especialmente el párroco interpretado por Germán Jaramillo), el grandioso trabajo sonoro y el buen montaje, en el guion tan bien escrito. El soborno del cielo es una comedia pintoresca y de un fantástico humor negro que con ciertas pullas (más que mordacidad propiamente dicha) ridiculiza tanto a la iglesia, como a los políticos y a la hipocresía de la gente. 

El soborno del cielo es una película redonda, sin excesos, divertida y dirigida con precisión que debe ser vista por una gran cantidad de público. Una comedia escrita con inteligencia y con personajes muy bien diseñados. 

Definitivamente, ya desde la rebelde época de los sesenta comenzaba la Iglesia católica a medirse el pulso con el pueblo y esta anécdota de hechos reales sirve como preludio de la decadencia que hoy viven las instituciones eclesiásticas. 


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