Entrevista con el monje Densho Quintero

No. 7344 Bogotá, Miércoles 9 de Marzo de 2016 



“La paz no se consigue firmando acuerdos”: monje Densho Quintero 

Densho Quintero
Densho Quintero

El fundador del templo Mente Magnánima, ubicado en Bogotá, de la Comunidad Soto Zen, publica el libro Zen, un camino de transformación

Por: Jorge Consuegra 


-¿Qué es el budismo zen? 

-Es una escuela que nace de la experiencia de iluminación del Buda histórico, Siddhartha Gautama, quien en postura de meditación despertó a la realidad total de la existencia. Buda significa “iluminado”. Se caracteriza por dar especial importancia a la práctica de la meditación, por considerar que esta es la esencia de la experiencia misma del Buda. De hecho, la palabra “zen” es una transcripción fonética de la palabra “chan”, que es a su vez la transcripción fonética de “dhyana”, que significa meditación. Como toda escuela del budismo, la esencia está en ayudarnos a comprender las raíces del sufrimiento y aportarnos herramientas para transformarlas. 



-¿Cómo fue su primer acercamiento al budismo zen y por qué? 

-En mi juventud, hace ya más de 30 años, pasaba por un momento crítico en mi vida, y buscando respuestas en los libros encontré uno sobre zen que me llegó al corazón. Supe desde ese momento que esta era la práctica que quería seguir y empecé a buscar dónde hacerlo. Fue entonces que decidí viajar a Francia, donde había un importante centro de práctica. 



-¿Qué características debe tener una persona para iniciarse en esta sabiduría? 

En realidad, no hay prerrequisitos, fuera de recibir una instrucción básica sobre la práctica, que es muy simple. Lo importante es que la persona debe tener una fuerte determinación para superar la inercia, la pereza, la comodidad del ego, que son los impedimentos para hacer cualquier proceso de transformación. 



-El ser humano cree encontrar la felicidad en lo material. ¿Cuál es el camino correcto al desapego? 

El zen sostiene que cualquier cosa que busquemos como ideal de felicidad fuera de nosotros es otro factor de sufrimiento, ya sean el éxito, la belleza, la riqueza o la fama. Al final sufrimos por no alcanzarlo, porque no era lo que queríamos o porque nuestros deseos cambian y buscamos una cosa nueva. En el budismo, el desapego se comprende desde el desapego a las ideas, al valor que damos a las cosas. Lo que es bueno para una persona no necesariamente es bueno para otra. No es igual nuestro comportamiento con algo que valoramos mucho que con algo que no nos importa. Igualmente, el sufrimiento es proporcional. Si soltamos la identificación con las ideas que tenemos sobre las cosas, podemos comprender su valor real y comprender que, en últimas, no hay nada que podamos poseer, porque todo está en permanente cambio. 



-¿Cómo modificar las raíces del sufrimiento, el apego y la insatisfacción que nos impiden trascender? 

En primer lugar, hay que entender que el personaje que creemos ser es una construcción producto de circunstancias socioculturales y económicas, de ideas y creencias prestadas. Por lo general, nos comportamos tratando de obtener lo que consideramos bueno, apetecible, agradable, y al mismo tiempo tratamos de rechazar lo que nos desagrada. Pero, de hecho, no nos relacionamos con la vida tal como es, sino con las ideas propias que tenemos de la realidad. Vamos como locos persiguiendo ideales que están fuera de nosotros, pensando que si los obtenemos seremos felices, y de esta manera patinamos como un hámster en una rueda dentro de una jaula que creemos nos da seguridad y protección. Para poder modificar este vértigo debemos ser capaces de detenernos, dejar de correr complaciendo los paradigmas de felicidad de la sociedad. Cuando somos capaces de detenernos y dirigir la mirada hacia adentro, podemos comprender que lo que impulsa nuestras reacciones es la idea que damos a las cosas. Así, antes de reaccionar podemos decidir cómo actuar y ya no seguimos siendo autómatas de nuestros impulsos. Detenerse y observar la mente es la esencia de la práctica del zen. 



-En su libro Zen, un camino a la transformación, afirma que la espiritualidad se convirtió en un producto de consumo. 

Vivimos en una realidad donde lo que cuenta es la obtención de resultados rápidos, como ser millonario, ocupar importantes cargos, triunfar, ser admirado con muy poco esfuerzo. La espiritualidad ha caído en la misma escala de valores y se espera que haya resultados inmediatos, como en los juegos de azar o en las pirámides de dinero fácil. El sistema ha notado esto y ofrece todo tipo de recompensas espirituales a corto plazo. Rentabilidad con poca inversión de esfuerzo, porque incluso algunos de estos cursos son bastante costosos. Es lo que se conoce como “materialismo espiritual”. La gente está en una dinámica parecida a un “zapping” de espiritualidad y difícilmente se compromete con una práctica seria, que requiera esfuerzo, compromiso y perseverancia. Pero el verdadero cambio se da paso a paso en un camino que comienza, pero nunca termina. 



-También se refiere a la paz en Colombia y le causa preocupación el estado en que las personas se encuentran interiormente. 

Claro, mucha gente cree que el problema de la paz es una cuestión ajena, como si se tratara de un factor climático que no depende de ellos. La paz no se consigue firmando acuerdos entre la guerrilla y el Gobierno. La paz sólo se puede construir desde los hogares, los colegios, la calle. Es necesario transformar la manera como nos relacionamos con las personas, con los demás seres, con los recursos naturales. Responsabilizarnos de las consecuencias de lo que hacemos y dejar de buscar el lucro en todo lo que hacemos, justificándonos en que el fin es lo que cuenta. 



-¿A quiénes va dirigido su libro? 

El libro va dirigido al público general. Aclara muchas ideas erróneas que hay sobre el zen, pero también es una guía práctica para la cotidianidad, para ayudarnos a comprender que somos nosotros mismos los que producimos nuestro sufrimiento, por la manera como nos relacionamos con las cosas. Es sobre todo una invitación a comprender que no somos personajes de una tragedia griega inevitablemente condenados a un destino sobre el cual no tenemos autonomía. Por el contrario, el libro brinda elementos esperanzadores sobre cómo asumir la dirección de nuestra propia vida, para convertirnos en autores de nuestro destino y lograr expresar lo mejor de nosotros mismos para alcanzar la realización, la paz y la felicidad desde el contacto íntimo con nuestra propia naturaleza.



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