Entrevista, Gustavo E. Ortiz

Gustavo E. Ortiz quiere volver a Pajarito en un municipio modelo cultural del país 


El mundo de la cultura es el único mundo en que he podido ser libre, porque se trata de alimentar imaginarios simbólicos y respetar otros tantos 


Por: Jorge Consuegra 



Gustavo Enrique Ortiz es incansable… 

Desde mucho antes del amanecer, ya empieza a trabajar en el plan del día y lo va cumpliendo milimétricamente hasta ya bien entrada la noche. Es un lector compulsivo y eso lo aprendió desde pequeño en casa en donde siempre vio libros por todas partes; ya luego en la universidad, se metió de lleno en ese fantástico mundo del que jamás ha salido ni saldrá jamás. 

Hoy, después de tantas vueltas que ha dado el mundo, Gustavo Enrique apareció trabajando en Pajarito, un municipio boyacense, Colombia, perdido del mapa nacional; es tan pequeño –apenas dos mil o tres personas lo habitan- que casi ni aparece en los mapas oficiales pero ahí está, resucitando de la mano de Gustavo Enrique que quiere convertirlo en un micropolo cultural de la región. 

- ¿Siempre su mundo ha sido el de la cultura? 

- Es el único mundo en que he podido ser libre, porque se trata de alimentar imaginarios simbólicos y respetar otros tantos. 

- ¿Qué es lo que le ha encantado de ese mundo? 

- El único deber del escritor es no olvidar dijo Fernando del Paso y hay tantos asombros que toca registrar. 

- ¿Por qué la cultura en Colombia continúa siendo una inolvidable Cenicienta? 

- Porque en el imaginario cotidiano, leer y escribir es una actividad externa a vivir y a trabajar y sabemos que es falsa. 

- ¿Qué es lo más complicado de trabajar culturalmente en el país? 

- El análisis crítico de otros lenguajes, políticos o sociales. Me he sentado muchas veces con Dios y con el Diablo para mirar la realidad colombiana, pero eso no cuadra con las buenas costumbres. 

- ¿Será que pensar es peligroso en un país como el nuestro? 

- Lo sigue siendo, porque ya existe truque de roles entre victimario y víctimas. 

- ¿Cómo fue su vinculación con Pajarito, en Boyacá? 

- Por mi salud que es frágil, quería vivir en un pueblo pequeño y por hoja de vida fui nombrado por la secretaria de educación de Boyacá para dar español en la IETA de Pajarito. 

- ¿Qué podemos hablar de una radiografía de este municipio? 

- Un maravilloso lugar, paraíso de los frutos y del zapote, llueve todos los días al estilo Bogotá. Seres humanos solidarios que a pesar de la dificultad de vías y servicios dan su mejor ser.



- ¿Cuáles son las necesidades culturales apremiantes de Pajarito? 

- Sistematizar y hacer inventarios tanto de la biblioteca municipal como la del colegio y luego actualizar textos de estudios, Mincultura me mandó oficio que mandaba un asesor…ojalá me cumpla. La radio no entra acá, a lo sumo una emisora del Llano y pues los muchachos se desaniman porque creen estar perdidos acá. 

- ¿Qué hacer para apoyar cualquier desarrollo cultural en ese lugar? 

- Donar textos y acompañamiento de procesos culturales es mi sueño, gracias a Vanguardia Liberal y Sebastian Hiller he podido hacer clases sobre medios impresos, con muchachos que nunca habían tocado un periódico. Gracias a una donación personal de Héctor Abad Faciolince los muchachos de décimo se adentran en la narrativa colombiana. Empezaré un taller literario donde hago invitación a escritores que quieran visitar este paraíso. Sin guías en este pueblo como el rector de la IETA, Pedro Carreño o el alcalde Riveros, no podría hacer estos inicios.
- ¿Qué proyectos se pueden desarrollar allá con el apoyo de toda la comunidad del departamento y del país? 

- Quiero que el taller Pajarito se reescribe que dirijo sea el piloto de imaginarios simbólicos rurales de Boyacá. Mi dirección-e es geortizc@unal.edu.co para coordinar asombros.

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