Patria o muerte de Alberto Barrera Tyszka (Tusquets)



Tomado de Gozar Leyendo. 


La larga enfermedad terminal de Hugo Chávez, hasta su entierro, es el momento en que transcurre esta novela, magnífica novela, de Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), ganadora del premio Tusquets en 2015. Uno podría decir que ese hecho de la historia venezolana es el telón de fondo de los cuentos que narra; pero no sería preciso porque Chávez, y más en ese momento, impregna toda la vida venezolana. Acaso este sea el mayor inconveniente del chavismo, como lo expresa Miguel Sanabria, el oncólogo protagonista de esta ficción: “Comprendió que ya estaba saturado. En el fondo, estaba cansado de la historia. Sentía que Venezuela era una mierda, un derrumbe que ni siquiera llegaba a ser país. Creía que la política los había intoxicado y que todos, de alguna manera, estaban contaminados, condenados a la intensidad de tomar partido, de vivir en la urgencia de estar a favor o en contra de un gobierno. Llevaban demasiados años siendo una sociedad preapocalíptica, una nación en conflicto, siempre a punto de explosión”. 

Mientras el oncólogo es instrumento de la narración para seguir con alguna coherencia la enfermedad mortal del presidente, mientras dos niños se enamoran por Internet, mientras una mujer recupera a la fuerza su propia casa, mientras un periodista cree tener información privilegiada sobre la agonía de Chávez, el narrador se vale de la ficción para fijar diagnósticos sutiles y brutales sobre su país y su máximo jefe: “Chávez nuevamente estaba logrando lo que tanto deseaba y casi siempre obtenía. Ser el centro absoluto de atención. Esa quizás era su verdadera ansia, su pasión más secreta y no necesariamente consciente. Quería ser el eje de todo. De la nación, de la historia, de la vida pública y privada de los ciudadanos. Y lo estaba consiguiendo. Desde el comienzo, se había convertido en el paciente de todos. Su enfermedad era un enigma que contagiaba a todo el país”. 

Con el antiguo y comprobadamente eficaz método que inventaron tipos como Dumas, Barrera Tyszka arma su narración en dos planos: uno, el decurso de hechos realmente ocurridos, los hechos macro, la vida política de Venezuela y, dos, los hechos y personajes inventados para contar ciertos aspectos de ese primer plano que modifican, que invaden la vida doméstica de los individuos corrientes y anónimos. Ya muy grave, Chávez habló durante nueve horas y veintiocho minutos frente a la asamblea nacional el día 13 de enero de 2012: “Fue una manera de retar a todos los que ponían en duda su salud, a cualquiera que pensara que no estaba en condiciones de aspirar y de seguir por mucho tiempo al frente del gobierno (…) Su lengua suelta fue la verdadera noticia. Su lengua resuelta, imbatible, dominando todo su cuerpo, las secuelas de tantas jornadas de quimioterapia, las ganas de mear, el dolor en las rodillas. Su lengua controlándolo todo, invadiendo mapas, sometiendo enemigos. Su lengua: su gobierno. El país fue nuevamente el reino de la oralidad. La antigua leyenda de El Dorado, nacida en la fragua de la conquista española, inauguró una tradición esencial: la historia nace del relato. La fantasía es nuestra estadística. La fabulación tiene más poder que los hechos”. Una magnífica crónica, una magnífica novela.



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