Truman Capote y Harper Lee, Niños en su cumpleaños


Nota enviada por su autor Paco Vélez 


Dos inmensidades literarias que por el cielo trinan dibujando historias, volando. 

Disfruto, como un adolescente en vacaciones, durante la calina, tras los buenos resultados de los exámenes. Lo colmo con la lectura de este tierno y dulce relato (Nórdica libros), todo él envuelto en una pátina de tristeza que lleva el título de Niños en su cumpleaños del inolvidable Truman Capote, el deA Sangre Fría. ¡Qué novela!, embriagadora lectura para el buen lector de novela negra. 

La trama, ese poder literario que atrapa una y otra vez, historia tomada de la propia realidad con tesón y búsqueda admirable de documentación sólida y testimonial. 

Dos jóvenes descarriados en libertad condicional fueron los protagonistas en 1959 del violento crimen que sacudió la tranquila vida de Holcomb (Kansas). 

Truman Capote volcó toda su vocación y oficio en el caso en estrecha colaboración con la escritora, paisana y amiga Harper Lee, dueña y señora literaria de Matar a un ruiseñor; otra novela mágica que ha vendido millones de ejemplares, y plasmada con diana y premios en el Séptimo Arte con un Gregory Peck protagonista genial. 

Por la noche, Capote y Harper Lee escribían durante horas sin descanso, las notas y todo tipo de documentación que iban logrando, compartían opiniones, se querían como hermanos en su Monroeville (Alabama), pueblo de unos miles de habitantes. Ambos escritores, Truman y Harper, eran vecinos y crecieron juntos. La ayuda de ella fue tan importante que se duda si Capote hubiese conseguido tan fabulosa novela sin la insistente ayuda de su amiga. “Allí se forjaron dos carreras formidables: la de Capote, errática, genial, atormentada; la de Lee, escueta y plácida como la vida de provincias en el deep south, el sur profundo” . 

Él, dedicó el libro a su novio y a ella. Hoy se consideran figuras de las letras universales. Con los años llegaría la ruptura de la estrecha hermandad de muchos años ¿Ego? Puede que fuera la clave de esta rotura y distanciamiento. 

Recuerdo esta obra elaborada con admirable maestría al estar con la lectura de este delicioso relato de Niños en su cumpleaños. De pronto me ha venido a la memoria la excelente y no menos trágica narración, pasmosa de A sangre fría

Cuando la pluma de un narrador excitante en este maravilloso cuento, me sume en un librito, que forma parte de la atractiva y rica colección de cuadernos de Nórdica libros. Un relato considerado por el propio autor como uno de sus mejores y más logrado. 

La trama se encuentra ambientada en Alabama en el verano de 1947, ese pueblo de allá, donde lo único que se puede hacer es tomar un helado de “tutti-frutti” en el porche esperando ver pasar el autobús de las seis. Pero un día llegará en esa atracción sobre ruedas que resulta ser el autobús una chica, poco más de diez años de edad, que despertará de su soñolencia a los habitantes del pueblo. Ella se llama Lily Jane Bobbit y su madre que no habla nunca, siendo la niña mágica la que trasmite sus impresiones, que por soltura y desafío revolucionará la vida de dos amigos que de tan encantadora niña se enamoran. Un contar que igualmente me saca de la memoria otra inmensa obra literaria; me refiero a Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, pues, mucho que se semeja a la vida y milagro de la joven protagonista en el cuento de Capote. Y por cierto; ¿no es la niña del relato una copia de Haper Lee cuando niña? Y todo es que la pequeña historia comienza confirmando esa muerte inocente para luego retroceder en la narración: “Ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit en esta tierna historia. No sé muy bien qué decir al respecto; al fin de cuentas ella tenía diez años y sin embargo los de este pueblo no la olvidaremos. Y es que nunca hizo algo común y corriente, al menos no desde la primera vez que la vimos, y eso fue hace un año”. 

Una fábula, igual a una leyenda sedosa poseída de magia que trata de la amistad verdadera de los sueños, del primer amor y del paso de la edad, ese porche donde se sientan los vecinos todas las tardes esperando ver pasar el autobús de las seis, ¡la gran novedad del día!, el fino y desnudo estado social en el que vive una población impregnada de polvoriento clima. La necesidad de fabricase sueños para poder darle un sentido a la vida diaria. Todo un ejercicio narrativo envuelto en una escritura perenne. Un pequeño y exquisito regalo que toda persona sensible seguro que agradece recibirlo.



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