Cinefagos


Incomprendida, de Asia Argento 


Una balada punkera 

Nota enviada por su autor Oswaldo Osorio 


La infancia es una patria sostenida por dos pilares, un padre y una madre; protegida por un entorno seguro, el hogar; y de ser posible, confortada y apoyada por amigos y hermanos. Cuando alguna de estas cosas falla, puede que la tristeza y la desesperación terminen por arruinarle el resto de la vida a cualquiera. En esta historia una niña, aparentemente, tiene todo esto, pero no en las mejores condiciones ni proporciones, por lo que es un desolador relato que, sin embargo, resulta muy emotivo y, por momentos, divertido. 

La actriz Asia Argento, hija del reconocido director italiano Mario Argento, aunque afirma que no es una obra autobiográfica, lo cierto es que varios elementos de la historia de Aria, su protagonista, coinciden con la suya. Aunque lo importante es que la directora mantiene su estilo luego de tres películas y las cualidades de su cine van en aumento. 

La pobre Aria está en medio de la separación de su padres, expulsada alternadamente de sus dos casas, padeciendo el favoritismo que tienen sus otras hermanas y con la relación con su mejor amiga siempre en riesgo. Parece una retahíla de adversidades, pero de ninguna manera se trata de un drama lloricón y sensiblero, al contrario, el relato y su protagonista exudan desenfado, vitalidad e inspiración. 

Y no se trata tampoco de esas niñas de cine cuya precocidad proviene de un guionista sin sentido de las proporciones, sino que realmente se puede ver a una niña con su universo interior, uno muy particular por el entorno del que es producto, pero la directora sabe conferirle la ingenuidad e inocencia necesarias para que su actitud irreverente y original parezcan naturales. 

La película también es el retrato de una época, mediados de la década del ochenta en Roma, con su extravagante mal gusto en la moda, el tufo de la resaca punkera y un liberalismo de farándula bohemia que raya en decadencia. En medio de este ambiente, a Aria solo le queda apelar a su imaginación y a figuras que reemplacen las carencias que tiene. Un gato y la idea de un ángel de la guarda le proporcionan un refugio afectivo y pasado por las palabras, porque su voz siempre está poniendo al tanto al espectador de lo que siente y la forma como asume el mundo. 

Hay que destacar también de este filme sus componentes formales y de puesta en escena. La joven Giulia Salerno y la siempre sólida Charlotte Gainsbour, con sus interpretaciones, le dan fuerza y credibilidad al relato. La música de la época es protagonista en tanto está creando ambientes y marcando el ritmo de una narración que nunca decae. Visualmente siempre hay un cuidado en las atmósferas, unas poéticas, también las hay realistas y otras enfatizando el caos que circunda a la niña. 

Se trata de un filme sensible y demoledor al mismo tiempo. Una fábula dulce y amarga sobre la infancia, contada con un equilibrado sentido en relación con esas contrastadas situaciones que condicionan la vida de Aria. Una balada punk al desamparo, con un final tan emotivo como desolador.

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