El poeta Álvaro Mata Guillé llegará al Festival de Poesía de Bogotá



Realizará varias charlas y recitales de poesía entre el 29 de Abril al 5 de Mayo de 2016 

Sobre Álvaro Mata Guillé 

(Costa Rica, 1965). Es director de teatro-danza, ensayista, investigador, dramaturgo y poeta. Desde 1998, se desempeña como director general del Simposio Internacional Libertad y Poesía. Dirige asimismo la revista Hoja en blanco y el sello Aire en el Agua Editores. Entre sus libros de poemas se cuentan: Intemperies, junto a Norberto Salinas y Marta Royo (2005), Escenas de una tarde (2004/2005) y Debajo del viento, de próxima aparición en Venezuela. 

Poemas de su libro Sobre los fragmentos 

5. 
En nuestros días 
(días alejados del estupor de los campos 
del hedor calcinado de hueso en los hornos de hueso 
del ahogo y el miedo de gas y dientes de polvo en el lodo, 
en las grietas del ahogo, 

del terror de los ojos en los dientes 
en la hendedura negra del ojo, 
               en los dientes, 
de rezos aplastados en las vigas, 
en las manchas del cuerpo y el cuerpo que mancha el color destiñendo los ladrillos 
   los trazos 
       los vagones 
          el rostro hundido en las columnas, 
de sal negra en la nieve negra del fango, 
del sopor en la ausencia, 
en los huecos que perforan la carne de hueso en las piedras, 
del susurro en los huecos de las urnas, 
en las cámaras, 
en el silencio que vulnera el sopor muerto del silencio asimilado en el tiempo, violando el mutismo sosegado en la costumbre, 
en el tiempo 
en el túmulo 
los tablones 
los insectos), 
el otro 
–lluvia que encubre la niebla 
humedeciendo el cuerpo, 
el rozar de la boca– 
     desaparece como un espejismo en la avidez del prisma, 
como una fosa perdida en la oscuridad del brillo, 
como un espectro que persigue al moho en el fulgor del moho, 
reflejo de una alucinación sin pétalos, 
ni fulgor. 
Se han ido los pájaros 
y la mirada se ausenta en la ceniza, 
en la bruma 
     en la tiniebla, 
en el llanto al lado del riachuelo próximo al cerco, que atrapa el susurro que baja de las ramas en las nubes 
     en la brisa, 
poseído por un brillor de abolorio muerto; 
esplendor gris de lo que ocurre, 
acumula rostros como celdas de una colmena, 
pudre lo luminoso, 
la soledad en la ausencia, 
en el miedo, 
en el vacío que cobija la sonrisa en la sombra, encubriendo las arrugas de pus en los ojos, en los dedos en la pus, 
en el espejo, 
piel enmohecida de herrumbre en los huesos, 
en el umbrío de ceniza en la oscuridad, 
en los resquicios de los sepulcros 
como ópalos oscuros. 

La lluvia 
oscurece la poza estancada en la imagen de piedra, 
las piedras del riachuelo, 
los pétalos de piedra, 
en el adobe, en los vanos, en los tablones, 
los dedos en la tierra desprendidos de los brazos, 
sangre coagulada en la ceniza, 
en los hornos, 
en los agujeros que carcomen de negro los ojos, 
los dientes, 
los insectos.

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