Sobre los instantes y la poesía de Federico Díaz–Granados

Federico Díaz–Granados
Federico Díaz–Granados 

Por: Juan Camilo Rincón* 

Pablo Neruda escribió así sobre su gran amor: “Llegó la poesía / a buscarme. No sé, no sé de dónde / salió, de invierno o río. / No sé cómo ni cuándo / no, no eran voces, no eran / palabras, ni silencio / pero desde una calle me llamaba / desde las ramas de la noche / de pronto entre los otros / entre fuegos violentos / o regresando solo / allí estaba sin rostro y me tocaba”. Así también fue encontrado y tocado por la poesía Federico Díaz-Granados, autor de Las prisas del instante, en las calles de Bogotá, donde sus recuerdos y el amor se trasladan a la profundidad de sus versos. Reconocido como uno de los referentes más destacados de la nueva poesía colombiana, el autor nos entrega un nuevo libro para el deleite de nuevos y viejos lectores. 

Díaz-Granados llega con su nueva obra de la mano de la editorial Visor, cuyos recién cumplidos 40 años de existencia la han constituido en una de las mejores editoriales en el ámbito de la poesía, complaciéndonos con sonetos de Neruda, Cortázar, Gelman y García Lorca, entre otros. Además, ha escogido pocas obras de escritores colombianos de impecable calidad, y Las prisas del instante no es la excepción. En cada una de sus páginas se mezclan una profunda estructura y una fuerza que nos lleva a enfrentarnos a una de las insondables angustias de la humanidad: el tiempo.

Federico Díaz–Granados
Federico Díaz–Granados 


Con sus poemas nos habla de la espera, el afán, el recorrido, la tardanza, la prontitud y todas las formas de matar el tiempo, de transformarlo, de reconstruirlo, de darle forma, de alargarlo pensando en el amor, o dejar que se desvanezca entre los dedos en el instante más preciado. A través de sus palabras nos lleva por este devenir humano y nos recuerda lo bello de la mortalidad. 

Al leer los poemas del joven escritor colombiano, sentimos con maravilloso ímpetu la premisa de que la poesía es fundamentalmente imagen, porque surge de ella como un instrumento mágico por excelencia: “En esta calle / estará toda la nostalgia humana”. 

Con sus poemas, Federico homenajea a Keats, a Whitman, a Quevedo, a Borges, a Cortázar y a muchos otros autores que fueron también maestros a la hora de crear nuestra propia literatura


Sus poemas nos recuerdan que la belleza se encuentra en lugares diversos y se esconde en cada instante de un tiempo que no es unívoco. Perpetúa el concepto de que todo sentimiento en el poema es un arte, y que en él mismo nacen su estructura y su orden. Leer a Federico Díaz-Granados es encontrar en nuestro día a día la poética; no es necesario haber nacido en Grecia, Italia o España, pues la poética está en algún parque de Chapinero, recorriendo la carrera séptima o en los besos de una mujer que nació en la clínica Gustavo Restrepo, ahora en ruinas, como lo es a veces el amor. 

Si para el autor “la poesía será como el amor / llena de fiebres y de muchedumbres indecisas / que buscan una luz al final del pasillo”, al leer este libro es posible sentirla de esa forma. Se enaltece la palabra y nos recuerda que, aunque la usemos todos los días para nombrar cualquier cosa, es ella también la que define lo que nos rodea y nos permite construirnos a nosotros y a los demás de manera única. Es la palabra la que da forma a nuestro pasado y, con ello, da fuerza a nuestro recuerdo. 

Con sus poemas, Federico homenajea a Keats, a Whitman, a Quevedo, a Borges, a Cortázar y a muchos otros autores que fueron también maestros a la hora de crear nuestra propia literatura; esos grandes que nos acompañaron viajando dentro de nuestra maleta y que solo conocieron esta ciudad convertidos en libros, pero que en recorridos por La Candelaria y en nuestras lecturas, lograron revelarnos otro mundo en esta fría Bogotá. 


Portada de Las prisas del instante de Federico Díaz–Granados
Portada de Las prisas del instante de Federico Díaz–Granados 

Las prisas del instante 


Autor: 
Federico Díaz-Granados 

Género: 
Poesía 

Editorial: 
Visor 

Páginas: 
82


Podemos también gozar de sus palabras con aquellos oficios que acompañan nuestra cotidianidad. Del primer oficio, el de ser humano, nacen el amar, el querer, el sentir, el doler y dolerse… luego llegarán otras ocupaciones: reproducirnos, caminar las calles, leer las letras y los afectos, viajar por Babel. En aquella ocupación habitual nos muestra lo bello y al mismo tiempo lo terrible que es vivir: “Todo se descompone más rápido en el corazón de un hombre triste”. 

Es interesante ver cómo en su poesía no siempre ganamos, ni somos favoritos para el público, ni somos amados por todos los dioses; en la vida del mortal no ganamos ningún premio ni llegamos a la perfección máxima. Pero cuando encontramos el amor, podemos ser testigos y protagonistas de una perfección imperfecta, aunque sea durante unos segundos. Es la virtud del ser un humano, donde no todo es una película, donde no es como soñamos, pero donde podemos asistir a nuestras pequeñas victorias. 

Otro oficio que nos recuerda Díaz-Granados es el de ver las cosas a nuestra forma; descubrir un mundo que nos ataca con sus imágenes y da formas a objetos inconclusos. El oficio de fracasar hasta el cansancio y sobrevivir día a día hasta renacer como un Fénix listo para otra batalla perdida. El oficio que nos lleva amar la palabra, la literatura, la música y nos inmortaliza en lo dolorosamente importante que es el arte. 

Al jugar a ser humanos, nuestra alma debe descansar en algún lado. A ese espacio le llamamos hogar, ese lugar lleno de cosas íntimas, como los portarretratos donde quedan capturados “los parientes y amigos, las amantes inconclusas y afectos retenidos”, el escaparate de la abuela, el radio y su onda corta, la ropa arrugada y el maravilloso tocadiscos. A través de sus poemas, Federico nos permite sentir que su casa es la nuestra, que su hogar es el de todos, que añoramos un arquetipo común, un vientre materno donde sige transcurriendo la vida. 

Para finalizar regresamos al amor y sus estaciones, tema que Díaz-Granados maneja con majestuosidad. Cuando llegué a su última letra sentí que tanta espera había sido justificada; desde su último poema escrito hace ya tantos años, este libro es un regreso digno de los grandes, donde el blues y la música, la lluvia y las fuentes, las calles atravesadas por palabras, las salas de espera, lo malo y lo bueno del arte y la vida se hacen uno con su poesía y le dan al lector un gusto lírico por excelencia.



*JUAN CAMILO RINCÓN.

Periodista y escritor. Autor de Manuales, métodos y regresos, Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia, y Viaje al corazón de Cortázar.

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