Entrevista. Un viaje al corazón de Julio Cortázar

No. 7414 Bogotá, Miércoles 18 de Mayo de 2016 


Por: Vivian Murcia González / Tomado de http://www.ibe.tv/es/canal/elportalvoz
El escritor Juan Camilo Rincón recopila las anécdotas más íntimas del creador de 'Rayuela'

El escritor colombiano Juan Camilo Rincón presenta su nuevo libro Viaje al corazón de Cortázar. El cronopio, sus amigos y otras pachangas espasmódicas, (Libros & Letras) en el que narra las anécdotas del creador de Rayuela.

Se trata de una mirada íntima a Julio Cortázar a través de las historias que protagonizó junto a sus amigo -otros grandes de la literatura latinoamericana- como Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Octavio Paz,Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez, José Lezama Lima, entre otros.

El libro viene acompañado por 36 ilustraciones de la artista visual Daniela Garavito, quien recrea los relatos contados por el autor.

-Usted ha venido estudiando tanto el aspecto literario como el personal de Julio Cortázar y otros escritores latinoamericanos. En este libro, nos adentra en el mundo de sus amistades y la influencia que éstas tuvieron con su literatura. ¿Cómo era Julio Cortázar como amigo?

-Las personas que rodearon a Julio Cortázar lo describieron con adjetivos que indican que era un amigo y una persona extraordinaria, tanto que Gabriel García Márquez se refirió a él como “el argentino que se hizo querer por todos”. Para Cortázar la amistad era muy importante, y en su libro Salvo el crepúsculo da evidencia de ello, al describir a su amigos como “livianamente hermanos del destino, dioscuros, sombras pálidas, me espantan las moscas de los hábitos, me aguantan que siga a flote en tanto remolino”.

En sus cartas y dedicatorias se revelaba como una persona cercana, afable y muy sencilla; aunque su posición política y frente a otros temas era firme, jamás criticó de forma cruda a los amigos que pensaban diferente, y siempre los apoyó en su labor de creación literaria. Las cartas dirigidas a ellos solían ser extensas y sentidas, haciendo referencias permanentes a cuánto los extrañaba, y a su deseo de verlos y encontrarse con ellos a pesar de la distancia que los separaba en algunos casos.


-La relación entre Cortázar y sus amigos pareció influir bidireccionalmente en la literatura de los grandes del Boom. ¿En qué influyeron los amigos (o enemigos) la literatura de Julio Cortázar?

-La vida de Cortázar se vio nutrida por un conjunto de amistades que se entrelazaron para forjar una parte fundamental de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. El Boom latinoamericano es el mejor ejemplo de la manera en que las relaciones de amistad dieron forma a una estructura literaria y creativa con una identidad única. Por ejemplo, Carlos Fuentes y García Márquez se conocieron en México y trabajaron juntos; luego, por diferentes razones, viajaron a Europa donde conocieron a Cortázar y a Vargas Llosa. De la lectura mutua de sus textos, de aquellos primeros contactos, y a partir del apoyo que se brindaron, surgieron grandes y significativas amistades pero, además, se enriquecieron las creaciones literarias de todos. Ejemplo de ello es que en 1967 se publicó Cien años de soledad, obra en la que el colombiano hizo algunos guiños a las obras de Fuentes y Cortázar, reconociendo de alguna manera su admiración por ellas, así como la influencia que estas ejercieron sobre su pensamiento literario. Otro ejemplo -el más hermoso, a mi parecer- es cuando Mario Vargas Llosa, el más joven de todos, tras alcanzar un gran éxito con su primera novela, La ciudad y los perros, se encontraba bastante preocupado por la calidad de la segunda, por lo que decidió entregar el manuscrito a Cortázar, para conocer su opinión al respecto. Al terminar de leerlo, el argentino le dijo en una carta: “(…) Has escrito una gran novela, un libro extraordinariamente difícil y arriesgado, y has salido adelante por todo lo alto (…) Vos sos América, la tuya es la verdadera luz americana, su verdadero drama, y también su esperanza en la medida en que es capaz de haberte hecho lo que sos”. Luego, comentó: “No te pongas colorado, peruanito, que yo no elogio así nomás a nadie, aunque sea un amigo muy querido”. Gracias a estas palabras, fundamentales, el peruano decidió publicar su novela y, de esta forma, conocimos La casa verde.

-¿Cuál es la anécdota que a usted más le gusta sobre la relación de Cortázar con sus amigos? ¿Por qué elige esa anécdota en concreto?

-Viaje al corazón de Cortázar guarda hermosas anécdotas sobre la historia literaria de nuestro continente, como lo fue el emotivo encuentro de Jorge Luis Borges y Cortázar en el Museo del Prado viendo las obras de Velázquez gracias al deseo de María Kodama de reunirlos, o el maravilloso recorrido que hizo el argentino con Octavio Paz por la India.

Una muy jocosa y que, personalmente me encanta, es aquella que ocurrió en un diciembre de la década de los setenta en Barcelona. Una semana antes de Navidad, Cortázar y Ugné -su compañera sentimental en aquel entonces- viajaron desde Francia a la ciudad española; allí se encontraron con García Márquez, Vargas Llosa y Luis Goytisolo, todos acompañados por sus esposas, en el restaurante La Font dels Ocellets, en el barrio gótico. Para ordenar la comida en aquel lugar, debía escribirse en una hoja lo que se deseaba; sin embargo, distraídos a causa de la alegría de verse, no cayeron en cuenta de hacer el pedido. Harto de la espera, el mesero dio quejas al dueño, quién salió de la cocina “con cara de pocos amigos y, con un marcado sarcasmo catalán, preguntó a los comensales: 'Alguno de ustedes sabe escribir?´”. Estupefactos ante lo irónico del momento, quedaron en absoluto silencio; sólo Mercedes pudo responder: “Yo, yo sé”, para luego leerle la carta a todos y anotar sus pedidos.

Quiero destacar aquí que las anécdotas narradas en el libro se ven enriquecidas por las ilustraciones de la artista visual colombiana Daniela Garavito, quien logró representar la relación entre los escritores, los momentos esenciales de su amistad, y los aspectos que los marcaron.


-Ante la imposibilidad de preguntar a Julio Cortázar directamente, siendo usted una persona que se ha dedicado al estudio de su obra, le voy a pedir que defina la amistad, o el sentimiento que despertaba en Cortázar, cada uno de los siguientes nombres:

Jorge Luis Borges: maestro universal.

Gabriel García Márquez: el amigo que nació en un pueblo imaginario.

Mario Vargas Llosa: hermano menor.

Carlos Fuentes: elegante mexicano.

Pablo Neruda: poeta de todos los sentimientos.

Juan Carlos Onetti: el astillero y su sonrisa.

Alejandra Pizarnik: la eterna suicida.

José Lezama Lima: La Habana y su libertad.

Octavio Paz: el diplomático amigo.

Eduardo Galeano: el alumno que se quedó en América.


-Usted asegura que "tanto la camaradería como la competencia fueron estímulos" para el desarrollo de la literatura de estos grandes de la literatura latinoamericana. Por favor, dígame con total sinceridad cómo y por qué Cortázar pudo haber desarrollado algún tipo de rivalidad con algún escritor. ¿De quién sentía envidia? ¿Por qué?

-No creo que Cortázar sintiera envidia hacia algún escritor… y si fue así, no recuerdo que se hubiera visto reflejada en la forma en que se refería a ellos. Por el contrario, admiró a muchos creadores en diferentes ámbitos de las artes y no escatimó en halagos hacia ellos. La década de los sesenta se caracterizó por reconocimientos mutuos y permanentes de la calidad del trabajo de unos y otros, además, de una sana competencia que mejoró el nivel de las creaciones de los grandes representantes de la literatura latinoamericana.





-Por favor, cuéntenos cómo fue esa noche en la que estuvieron juntos los escritores del Boom. ¿Por qué la define como "espasmódica"?

-Volviendo a las jornadas inolvidables para la literatura latinoamericana, hay que recordar justamente aquella que tuvo lugar en Avignon, Francia, el 15 de agosto 1970, gracias al estreno de la obra de teatro de Carlos Fuentes El tuerto es rey. El mexicano decidió invitar a varios escritores para encontrarse allí. Esta expedición se organizó desde Barcelona, ciudad a la que Vargas Llosa y su esposa Patricia se habían mudado recientemente; con ellos también partieron José Donoso, Pilar y García Márquez, su esposa y sus dos hijos; desde París viajó el novelista español Juan Goytisolo. Al finalizar la premier de la obra, todos se desplazaron hacia Saignon, muy cerca del lugar del estreno, donde solía ir Cortázar a descansar. El argentino organizó una cena en un restaurante local; la noche finalizó en su casa, en una gran velada colmada de alcohol, risas y baile. Cortázar recapitulará aquella pachanga espasmódica -como él mismo la denominó- de una forma cariñosa: “Tuve a Carlos (Fuentes), a Mario Vargas (Llosa), a (Gabriel) García Márquez, a Pepe Donoso, a (Juan) Goytisolo, todos rodeados de amiguitas, admiradoras (y ores) lo que elevaba su número a casi cuarenta; ya te imaginás el clima, las botellas de `pastis´, las charlas, las músicas, la estupefacción de los aldeanos de Saignon ante la llegada de un ómnibus especialmente alquilado por los monstruos para descolgarse en mi casa… Fue muy agradable y muy extraño a la vez; algo fuera del tiempo, irrepetible por supuesto, y con un sentido profundo que se me escapa pero al que soy sin embargo sensible”. Hoy es imposible y, a la vez, imprescindible imaginar la gran genialidad de la atmósfera en esa extraordinaria noche.


-En la vida de Cortázar ¿qué mujeres hubo además de su amistad con Pizarnik? ¿Quiénes fueron las mujeres de la vida de Cortázar? ¿Por qué suele hablarse poco de mujeres cuando se hace referencia a Cortázar?

-La primera mujer en la vida del gran cronopio fue María Herminia Descotte de Cortázar, su madre, a quien siempre amó. Luego vinieron su primera esposa Aurora Bernárdez, quien viajó con él a París y volvió para cuidarlo en los últimos meses de su vida. Posteriormente aparecieron Ugné Karvelis, una de las grandes promotoras de la literatura de nuestro continente en Francia, y el gran amor del final de sus días, Carol Dunlop, la “osita” con quien viajó muchas veces a Nicaragua y con quien también escribió el maravilloso libro Los autonautas de la cosmopista. Tan grande fue su amor por ella, y tanta la tristeza generada por su muerte, que hasta podría pensarse que este hecho aceleró de alguna manera el fallecimiento del escritor. Este es un interesante tema que no se ha estudiado a fondo, y es una deuda que me gustaría saldar pronto.

Literariamente existen muchas mujeres que tuvieron contacto con la obra del argentino, como la salvadoreña Claribel Alegría y la mexicana Elena Poniatowska, de quien hablo en el libro. Sin embargo, es destacable y muy interesante la relación que sostuvo el escritor con Alejandra Pizarnik, tras conocerla en París. Creo que con su amistad, Cortázar ayudó a la poetisa a remendar su corazón innumerables veces. En la atormentada vida que llevó, su amistad con aquel y con Octavio Paz fue un bálsamo en los momentos más difíciles. Y sí, creo que el corazón del argentino también se destrozó: “Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra”, le dice en una de sus cartas más sentidas. Es importante resaltar que esta amistad entrañable está ligada a Rayuela, tanto que Cortázar le confió el manuscrito para la transcripción a máquina y que recuperó luego de muchas peripecias. En alguna de sus entrevistas, Alejandra dijo que ella había inspirado a La Maga, lo que sostiene la teoría de una intrigante relación entre ambos creadores. Para Daniela Garavito, la ilustración de Pizarnik fue una de las más sentidas, justamente por las características del lazo que estableció con Cortázar.


-Una pregunta como escritor: ¿Por qué decidió anclarse en el Boom? ¿Cree que es un periodo ya superado o, por el contrario, lo reivindica?

-Aunque parte de Viaje al corazón de Cortázar gira en torno al Boom, este libro no se queda exclusivamente allí. También hablo de otros autores clave del siglo veinte como los argentinos Jorge Luis Borges,Alejandra Pizarnik y Juan Gelman, los mexicanos Octavio Paz y Elena Poniatowska, los uruguayosEduardo Galeano, Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, el chileno Pablo Neruda y el cubano José Lezama Lima.

Amo profundamente la literatura hispanoamericana y trato de escudriñarla al máximo en mis investigaciones, y precisamente por lo que conozco de ella, considero que es imposible negar el inmenso valor del Boom para la cultura occidental, pues las obras erigidas en la década de los sesenta dieron un remezón a la creación no solamente de nuestra región, sino del mundo entero.

Creo también que aún falta mucho por investigar al respecto, por lo que siempre aparecerán nuevas anécdotas que ratifiquen su valor. Claro, el Boom ya pasó, cronológicamente hablando, y la literatura que se hace en nuestro continente es muy diferente ahora, pues guarda entre sus letras otras formas, lenguajes e intenciones dirigidos a un público moderno y diverso. Sin embargo, del Boom nos quedan para siempre historias, narrativas e incluso imaginarios que nos permiten seguir pensándonos y hablándonos como una América Latina que, con su literatura, hizo un inmenso aporte a las letras del mundo.



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