Homenaje a Jorge Consuegra, mi verdadero maestro del periodismo

No. 7427 Bogotá, Martes 31 de Mayo de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra

Por Giovanni Agudelo Mancera / Periodista
Texto originalmente publicado en La otra cara.

Jorge Consuegra por Tatiana Melo
Jorge Consuegra, fotografía por Tatiana Melo


Se fue a otra dimensión mi ¡Maestro! Jorge Consuegra, para mi sigue vivo, y jamás olvidaré lo que me enseño en INPAHU. Por él me hice periodista. Tengo una tristeza infinita por su partida. Se me adelantó en el camino pero solo por un tiempo.

Recuerdo en ese febrero del 83 cuando llegué al aula de primer semestre de periodismo en INPAHU. Yo iba vestido como para un cóctel, y lo primero que me dijo el profe Consuegra, al verme fue, ¨¿Usted vino para un evento social o a estudiar periodismo? Los periodistas no nos vestimos así, ¡lo necesito en mangas de camisa ya!, y en la Morgue, haciendo un reportaje, y a ustedes también, (dirigiéndose a otro grupo de alumnos también ‘primíparos’), usted para Abastos, usted para el Congreso, usted para Medicina Legal y usted para el ‘Cartucho’¨

Desde ese mismo momento hicimos una amistad entrañable, basada en el respeto y en el compromiso.

El profe Consuegra calificaba uno o diez, en eso era como su personalidad, no se andaba con medias tintas. Era sin duda, el mejor maestro de esa escuela de periodismo llamada INPAHU, la única en su género, nos formaban para ser periodistas y no ‘Comunicadores Sociales-periodista’.

Ya no existen escuelas así, solo facultades de donde se sale sabiendo un poco de cada cosa pero sin unos conocimientos claros, además, desde que quitaron la tarjeta profesional para ejercer esta profesión, dizque porque ahora es un ‘oficio’, pues se ha llenado el medio de gente sin formación, ni empírica ni académica. Algunos directores, en lugar de ser filtros para contratar gente idónea, han prostituido esta profesión incorporando a los medios gente sin talento, solo para pagar favores, casi que esto se volvió una trata de personas.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, ¡el homenaje al Maestro de todos los Maestros, Jorge Consuegra!, fue él quien me enseñó a escribir. La primera cuartilla que le presenté, escrita en mi máquina ‘brother’ que me regaló mi señor padre Alonso, fue ‘Campanas Rojas’, que trataba sobre una película llamada igual. Le encantó y me puso un diez. Me exigía a mi más que a todos, porque según él, ¨yo tenía madera para esto¨.

Con él se aprendía redacción, ortografía, narración y hasta poesía, siendo él un genio de la prosa.

Recuerdo esas tardes en el toldo al frente de INPAHU, con tinto o con ‘pola’ arreglábamos el país, conversábamos de la profesión que ya comenzaba a prostituirse. Me contaba del por qué su vocación de docente, de sus sueños de crear una agencia de noticias, (sueño que luego cumplió), me daba lecciones de ética y moral para desempeñar esta profesión, hacía énfasis de la importancia de decir la verdad a toda costa, nunca mentir, en, o por un medio.

Tenía un sentido del humor tan brillante como su talento, ¡era un periodista desde antes de nacer! Dueño de un sentido crítico excepcional. Siempre equilibrado y puesto en su sitio. De él copié hasta la forma de vestir.

Era muy exigente como profesor. A la una de la tarde, hora en la que comenzaba la clase con él, ya fuera de expresión oral y escrita, redacción, teoría de la comunicación, o cualquier otra, ya teníamos que haber leído por lo menos El Tiempo y El Espectador. En esa época no había ni la internet, ni el señor Google, ni los ‘smartphones’, ni el ‘copy paste’. Los periódicos se leían en papel y de cabo a rabo. Antes de comenzar la actividad nos hacía preguntas sobre los temas de actualidad.

El lunes era especial, porque quien hubiera cazado un ‘gazapo’ en El Tiempo, en la publicación de fin de semana, tenía un diez. Y otro diez si había resuelto el crucigrama.

Fue él quien me trajo a este diario por primera vez y quedé maravillado, siempre quise trabajar acá, Jorge encarnaba El Tiempo, nunca fue como periodista un simple ‘espectador’.

Nunca gritaba o levantaba la voz, explicaba con tono suave pero elocuente. Era tan sencillo como su vestir pero tan elegante como su escribir.

Respetaba y amaba tanto esta profesión como su vida, de él aprendí esa pasión por el periodismo.

Decía que quería ser escritor pero sin dejar de ser periodista, él lo logró, yo hasta ahora voy por ese camino, intentando publicar mi primer libro llamado Historias de Pacotilla, ya tengo los borradores y algunos los he publicado en mi columna. Para él, la literatura no ‘peliaba’ con el periodismo, por eso fue magistral en los dos géneros.

Me enteré de su muerte hoy al medio día, por este periódico, al cual él le dio tanto, y el corazón se me hinchó, las lágrimas asomaron en mis mejillas y empañé el teclado al intentar escribir, con pulso tembloroso, este homenaje.

Luego de compartir en la Escuela de Periodismo INPAHU, cada cual cogió su camino, pero coincidíamos en algunos lugares y momentos, jamás dejé de decirle profe y de pedir su consejo.

Lo único que le reproché un día, al verlo en un programa de televisión en la tarde, en una especie de ‘magazine’, comentando libros, es que él había dicho que esos medios como la tv no aportaban nada al periodista, pero después entendí que era estar ahí y sobrevivir o desaparecer, porque no todo puede ser ‘reportería’ y prensa escrita.

Esa traicionera enfermedad del cáncer se lo llevó, y le quitó la ilusión y la fe de mejorar, luego del trasplante de médula que le hicieran en 2013 y cuyo donante fue su hermano. Me consuela que partió tranquilo, como lo fue siempre, pero seguro.

Aún me falta mucho por hacer en esta profesión, ¡él si lo logro todo!, no quiero defraudarlo, siempre creyó en mí, pero tengo unas ganas inmensas de seguirlo pronto en su viaje, me produce mucha tristeza su partida, pero también envidia, y de la buena, saber que está en otro lugar, ajeno a esta vida azarosa, injusta y desagradecida.

Ojalá pronto nos veamos Maestro, tomemos de nuevo un café y arreglemos el país de nuevo, pero esta vez, literalmente, desde otra dimensión.

¡Dios te bendiga profe por tanta amistad, enseñanza y apoyo!

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