Jon Lee Anderson: El Che Guevara encarna a uno de esos héroes clásicos que no existen en la era contemporánea

Por: Pedro Bahamondes Ch. / Tomado de La Tercera / Chile.


Casi 20 años después de Che Guevara: Una vida revolucionaria, la biografía llega a Chile como novela gráfica.

No fue en su infancia un lector ávido de tiras cómicas, a diferencia de amigos y compañeros de escuela. Pero cuando tenía 12 años, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson, hoy de 59, tomó uno de los ejemplares de Las aventuras de Tintín, la historieta del belga Georges Remi -más conocido como Hergé- publicada entre 1928 y 1976. Le intrigó, desde esa primera lectura, el espíritu aventurero de su protagonista, un reportero que hace un viaje secreto a la Unión Soviética, aparentemente para develar los supuestos peligros del comunismo.

Luego de 40 años en el mismo oficio de Tintín, los pasos, aventuras y hallazgos reporteriles de Jon Lee Anderson como cronista en The New Yorker y otros medios escritos suelen recordarle las travesías del personaje creado por Hergé. “A veces me encuentro en tierra desconocida, reporteando algún tema o tras los pasos de un personaje, y me veo a mí mismo como Tintín, en un ambiente de aventura, exploración y misterio, con todas las salvedades del caso. Siempre me atrajo el estilo realista de esas viñetas, pues sentía que eran crónicas o reportajes que se habían convertido en cómics y seguían siendo grandes historias, aunque en un género más amigable para otros lectores”, dice el premio José Couso de Libertad de Prensa 2007 y autor de Che Guevara: Una vida revolucionaria, quizá la biografía más completa y reveladora que se haya escrito sobre la figura del guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara, y que apareció hace ya casi dos décadas, en 1997.

Para escribirla, recuerda desde Nueva York, Lee Anderson dedicó cinco años de su vida. Consultó 220 libros, recorrió 10 países -México, EEUU, Rusia, Suecia, España, Francia, Argentina, Bolivia y Chile- e incluso se radicó en Cuba entre 1992 y 1995 para introducirse en el cerco más íntimo del también médico y comandante de la Revolución Cubana. “Fue una experiencia transformadora para mi carrera, aunque no fue fácil establecer una relación con Aleida March, su viuda, ni el resto de su familia, gracias a quienes tuve acceso a sus diarios personales e inéditos”, cuenta. En tres años, Anderson reunió a un coro de voces cercanas al Che, entre vecinos, conocidos y amigos tan próximos como Alberto Granado, fallecido en 2011, su compañero de viaje en 1952, durante su primera cruzada por Latinoamérica.

Tras 1.800 días de viajes, entrevistas y lecturas, el reportero comprimió en 750 páginas los 39 años de vida de uno de los personajes icónicos de la historia latinoamericana reciente. La reveladora biografía de Anderson, entre otras cosas, movió la fecha de nacimiento de Ernesto Guevara conocida hasta entonces, del 14 de junio de 1928, al 14 de mayo del mismo año. También logró arrancarle palabras a Mario Vargas Salinas, uno de los dos militares que comandaron, junto a la CIA, la patrulla que lo capturó en 1967 en Bolivia, donde sería asesinado el 9 de octubre del mismo año. Su hazaña acabó con el hallazgo de siete cuerpos enterrados en Valle Grande, dentro de una fosa común. Sin manos, envuelto en una chaqueta que en uno de sus bolsillos tenía una bolsa con picadura de tabaco y con altas dosis de formaldehído, según las pericias posteriores, apareció el frágil cuerpo del hombre al que buscaron por años.

“Viví un momento impactante. Creo que no le había tomado el peso a lo que estaba haciendo. La tarea autoimpuesta era ver al Che como un hombre de carne y hueso, mover el cartón que se levantó con su imagen con los años y contar su historia a través de quienes le conocieron. Pero aquí habían aparecido otra clase de evidencias. Recién ahí supe que tenía en frente una historia que se acercaba al cierre de su círculo”, dice el reportero. La biografía, desde luego, puso a los especialistas de cabeza, y Jon Lee Anderson se encumbró como uno de los grandes cronistas del presente.

Seguía sin creerlo, hasta hace un par de años, cuando desde la editorial Sexto Piso, donde ya habían publicado algunas de sus crónicas, le ofrecieron convertir su valiosa versión de la vida de Guevara en una de esas inolvidables historietas que leyó de niño.

“Siempre quise probarme en otros géneros, pero hacer una novela gráfica me parecía particularmente interesante”, dice. Desde luego, pensó en Joe Sacco, el periodista de origen maltés que cambió las palabras por trazos y viñetas para narrar una buena historia. “Lo admiro muchísimo, y debo admitir que cuando me convencieron de que Che Guevara: Una vida revolucionaria sería adaptada al cómic, fantaseé con sus Notas al pie de Gaza y Gorazde: Zona protegida”, reconoce. En uno de sus viajes a México, en 2014, su editor le propuso al ilustrador azteca José Hernández, con quien se contactó de inmediato. Después de recibir algunos de sus bocetos, Anderson volvió a escribirle, esta vez decidido.

“Tuve algunos reparos con su estilo, pero era algo que podía soportar y él lo sabía. Mi idea era estar muy presente en el proceso, sobre todo por cuestiones de precisión y algunos detalles biográficos, pero quería darle la libertad creativa que se merecía para obtener un buen resultado”.

A poco de su lanzamiento en México, a fines de 2015, el tomo que ahora llega a Chile con la etiqueta Hueders, comienza con el Che a oscuras, echando humo, redactando una carta para su amigo Fidel Castro en La Habana de 1965, durante la construcción del Estado comunista. “José eligió partir por sus años en Cuba, pues creyó que ese episodio podía ser más atractivo para los lectores, sobre todo los más jóvenes, que son quienes más quiero que lo conozcan. A esas alturas, el Che ya era el mesías que fue: un hombre haraposo, cercano, de una intelectualidad superior y con un mensaje esperanzador para muchos. Si lo pienso, creo que hoy nadie podría compararse con él. Al igual que Icaro o Jesucristo, el Che encarna a uno de esos héroes clásicos que ya no existen en la era contemporánea”, opina.

Su casa en Londres permanece vacía. Jon Lee Anderson pasa más tiempo viajando por una biografía de Fidel Castro que comenzó a escribirse en paralelo a la de Guevara, en los 90. Aún no puede revelar más detalles. “Estaría lista a mediados del próximo año”, adelanta. De su salto a la novela gráfica, en tanto, “espero que se repita con otros de mis libros (Guerrillas, de 1992, sobre los conflictos en El Salvador, Sahara Occidental, Gaza, Afganistán y Birmania; La caída de Bagdad, de 2004, sobre el sitio y ataque a la capital en la Guerra de Irak, entre otros)”, dice. Por el momento, la vida del Che lo mantendrá colaborando en una trilogía, siempre junto a José Hernández. “A fines de este año o principios del próximo, vendrá un segundo tomo con sus años en Argentina, y luego un tercero con su paso por México y otros países”, cuenta.

Casi al final del primer volumen, bordeando la página 170, recién afeitado y más grueso de cuerpo, Ernesto Che Guevara escribe otra carta, esta vez a su madre: “Querida vieja: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo (...) Creo en la lucha armada como única solución para los pueblos que luchan por liberarse y soy consecuente con mis creencias. Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. Puede que ésta sea la definitiva, no lo busco, pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo (...) Tu hijo, Ernesto”.

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