Julia Navarro: Mi novela es un viaje a lo más oscuro del ser humano


Tomado de la Tercera / Chile / Por: Javier García


La autora presenta Historia de un canalla, protagonizada por un hombre de negocios al borde de la muerte, que recuerda su pasado de éxitos. La periodista justifica su libro de más de 850 páginas y valora la literatura de Roberto Bolaño.

Es lapidario y breve en su presentación. Queda poco tiempo y ha transcurrido mucho de un pasado imposible de borrar. “Me estoy muriendo”, es la primera frase que dice Thomas Spencer y que abre la novela Historia de un canalla, de la española Julia Navarro.

“Esta noche, mientras miro de frente a la muerte, hago recuento de lo vivido. Sé lo que hice y también sé lo que debería haber hecho”, señala Spencer, antes de rememorar su infancia, juventud y sus días de esplendor, vinculado al poder político y empresarial, como dueño de una agencia de comunicaciones en Londres y Nueva York.

“He mentido, engañado y manipulado a mi antojo sin que me importaran las consecuencias”, dice un demacrado Spencer, quien con un infarto y una operación sobrevive a problemas cardíacos, y quien repetirá en el libro: “Las cosas podían haber sido de otra manera”.


“Es la novela que más me ha costado escribir. Hacerlo en tercera persona es más cómodo, pero en primera fue todo un reto”, dice Navarro, la autora y periodista española nacida en 1953, que por varias décadas trabajó en medios como TVE y Europa Press.

Desde el sábado está en Chile. La primera vez que visitó el país fue en 2010 para presentar su exitosa novela Dime quién soy. Tres años después, otro bestseller la trajo a Sudamérica, Dispara, yo ya estoy muerto. En ambos títulos está presente la historia europea del siglo XX, desde la Segunda República española, la Guerra Civil, la Caída del Muro de Berlín, y las consecuencias de la Guerra Fría.

El lunes pasado, Navarro se reunió en un desayuno con libreros en Santiago. “Te dan una visión de lo que les interesa a los lectores. Son quienes te trasmiten el pulso de lo que ocurre en la calle”, comenta, y su agenda indica que hoy presenta Historia de un canalla, su sexta novela, a las 12.00, en librería Antártica del Portal La Dehesa.

-¿Cómo nació su nueva novela?

-Nace del deseo de hacer un retrato de la sociedad de hoy. Pero, ¿cómo hacerlo?, me preguntaba. Luego decidí que tenía que ser a través de un personaje que tuviese que ver con el mundo de las comunicaciones, que es lo que marca a la sociedad actual. Y lo otro, siempre me ha impresionado la gente que dice que no se arrepiente de nada, y encontré en mi personaje a alguien que hace de ese dilema su filosofía.

-¿Y sus años en el periodismo le sirvieron para crear la historia?

-Es un retrato en blanco y negro de la sociedad, donde me ayudó un poco la experiencia de cuatro décadas de periodismo. En los últimos 20, 30 años ha cambiado la mayoría de los paradigmas de una sociedad a través de las nuevas herramientas de comunicación. Y eso causa efectos y nuevos desafíos. ¿Es más fácil manipular a las personas hoy? Yo creo que sí. No podemos perder el sentido crítico cuando desmenuzamos la información que recibimos.

-¿Fue complicado narrar desde la voz de un hombre?

-Sobre todo escribir de alguien que está agonizando, que cuenta cómo ha sido su vida y lo hace sin máscaras. Escribir en primera persona fue complejo, porque se acorta la distancia con el lector. Creo que cuando todos salimos por la mañana de casa intentamos poner nuestro mejor rostro porque tenemos que relacionarnos con los demás. Quizá tienes un problema, pero al vecino lo saludas con cordialidad, eso es la civilización. Más allá que por dentro aborrezcas al vecino (se ríe). Como te decía, la novela de Thomas Spencer es un retrato de la sociedad, pero también mi novela es un viaje a lo más oscuro del ser humano.

-También plantea en el volumen la disyuntiva de qué hubiese ocurrido si hubiese hecho las cosas de otra manera...

-Siempre me ha impactado una frase que la gente repite: “No me arrepiento de nada y volvería a cometer los mismos errores”. Aunque Spencer es un alma oscura, de alguna manera su conciencia le hace esa reflexión: de cómo habrían sido las cosas si hubiese actuado de manera diferente. En la novela, hay dos historias en paralelo. Lo que ha sido, por un lado, y lo que debería haber sido, por otro.

-¿Por qué publicar una novela de 850 páginas cuando los índices de lectoría son bajos?

-No cuento las páginas cuando me planteo una novela. Escribo en el espacio que creo que necesita la historia. Además, creo que no sería honrada conmigo misma ni con los lectores si intentara hacer un libro a la medida. Es mi elección hacer una novela de esa extensión, como es la elección de los lectores comprarla o no. Hay novelas que tienen 100 páginas y se hacen eternas. Ahora, si no encontramos los espacios para la lectura, la reflexión, entonces es que estamos perdiendo el tiempo. Vamos muy de prisa a ninguna parte.

-¿Qué autores latinoamericanos le interesan?

-Crecí leyendo a Pablo Neruda, pero decirlo en Chile debe ser un poco ridículo, porque supongo que la mayoría de los chilenos ha crecido leyendo a Neruda. En España, por ejemplo, Isabel Allende es muy leída y querida. Y un autor contemporáneo que me ha impactado es Roberto Bolaño. Es una literatura compleja, pero que te hace reflexionar, sus historias me sacuden. Me gustaron mucho sus libros Los detectives salvajes, Nocturno de Chile y Una novelita lumpen.

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