Pocos como él (Jorge Consuegra)

#GraciasJorgeConsuegra

Por: Fernando Araújo Vélez
Tomado de: El Espectador

Jorge Consuegra, caricatura por: Rubens
Jorge Consuegra, caricatura por: Rubens 



Pocos como él habrán entendido y padecido la rutina, la infernal y humillante rutina de tener que esperar una y dos y tres horas en una oficina para que el gerente de turno lo atendiera. O el presidente de turno, o el director, daba igual. Pocos como él se habrán tenido que tragar la ira de retirarse de esas misma oficina, horas más tarde, con la vaga promesa de que, tal vez, le patrocinarían un proyecto, a sabiendas de que jamás lo harían, y jamás lo harían porque desde hace años, los estudios de mercadeo que todo lo saben y controlan, determinaron que la cultura no vendía, dentro de un sistema en el que sólo importaba e importa vender. Pocos como él lo habrán sabido, sufrido y lamentado.

Pocos como él habrán sentido el dolor de que lo que antes se llamaba cultura, pasó a denominarse entretenimiento, y en lugar de escritores que se demoraban cinco o diez años en escribir un libro, o en vez de músicos y pintores que trataban de explicar el mundo y sus avatares, o darle otro sentido, empezaron a aparecer modelos promocionando al cantante de moda o al libro de superación personal. Pocos como él habrán comprendido la falsedad de los premios literarios, los pormenores interesados alrededor de las editoriales, la guerra del centavo por una página impresa, la explotación de quienes en realidad hacen y crean, la indignación de constatar que un solo personaje puede decidir que la obra de un alguien no sirve.

Jorge Consuegra, caricatura por: Rubens
Jorge Consuegra, caricatura por: Rubens 


Pocos como él se habrán arriesgado a continuar con su inalterable fe en el arte, sea cual sea, y en sus propios proyectos, forjados peso tras peso: un programa en la radio, uno en la televisión, una revista, sus clases. Todo lo que creó fue un incesante luchar contra los poderosos y los escépticos; contra aquellos, a los que jamás les interesó que el pueblo pensara, y contra éstos, que se dejaron derrotar ante el primer obstáculo. Pocos como él habrán podido cantar, como Mercedes Sosa, “cuántas veces me mataron, cuántas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando, gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal, porque me mató tan mal, y seguí cantando”, y pocos como él habrán preferido una sonrisa de gratitud a un viaje en primer clase.

Pocos como él habrán dudado de lo que le decían, y muchos menos habrán intentado inculcarle a sus alumnos esas dudas, o todas las dudas. Pocos como él habrán escrito sin cobrar y se la habrán jugado por los anónimos que en el mundo han sido, leyéndolos y promoviéndolos, motivándolos y protegiéndolos, convencido de que una sociedad, esta sociedad, sólo podrá cambiar cuando haya más gente que escriba y más gente que haga música, y pinte y actúe. Pocos como él, en fin, se la habrán jugado por cambiar las cosas desde abajo y con pequeñas detalles, siempre luchando, siempre creyendo.


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