Retrato del escritor adolescente

No. 7403 Bogotá, Sábado 7 de Mayo de 2016 

Adolfo Bioy Casares
Adolfo Bioy Casares

Por: Jorge Martínez / Tomado de Diario La Prensa / Argentina.


Silvia Renée Arias cuenta su experiencia como biógrafa de Adolfo Bioy Casares. "Bioygrafía" se propone el relato ordenado e integral de la vida y la obra del autor de "La invención de Morel". Una atención especial reciben sus primeros libros fallidos y repudiados.

Silvia Renée Arias es periodista y escritora y conoció a Adolfo Bioy Casares en el último tramo de la vida del autor de El sueño de los héroes, aquella época en que, para su enorme sorpresa, se convirtió en un hombre famoso y hasta popular, requerido en forma constante por los medios de comunicación y el mercado editorial. Bioygrafía (Tusquets, 344 páginas) es el último fruto de ese entrañable vínculo personal que Arias ya había aprovechado para la escritura de otros dos libros: Bioy en privado (1998) y el más resonante Los Bioy (Tusquets, 2002), en el que registraba los recuerdos de Jovita Iglesias, el ama de llaves que por décadas acompañó al matrimonio de Bioy y Silvina Ocampo.

Bioygrafía tiene el mérito especial de ser la primera biografía integral de Bioy que se conoce: escritor fascinante y hombre complejo, acerca del cual siempre parece persistir la sensación de que, por mucho que se escriba, no se llegará nunca a abarcar todas los recovecos de su personalidad.

Arias conversó por correo electrónico con La Prensa respecto del desafío que le planteó la obra y del recuerdo perdurable de quien fue una figura admirada y un querido amigo.

-¿Cómo y cuándo se planteó encarar la biografía de Bioy?

-Comencé a pensar en este proyecto hace cuatro o cinco años, cuando releyendo la obra de Bioy Casares, a la que vuelvo siempre, sentí la necesidad de reordenar todo el material que tenía en mi poder, y ante el pedido de muchos amigos y conocidos que me pedían mi primer libro, Bioy en privado, publicado en 1998. Puesto que ese libro está agotado y no habría una reimpresión de Los Bioy, juzgué conveniente darle un orden, insisto, y dar cuenta de muchas otras cosas que obraban en mi poder y que en los libros anteriores no había tenido oportunidad de utilizar. Es, en definitiva, el libro que quería leer acerca de Bioy.

-En la obra se repasa la trayectoria literaria de Bioy, incluso los primeros libros que él repudiaba, y se relata su vida pública y privada. ¿Cree que quedó algo más por indagar o ahondar?

-Creo que la lectura, y los correspondientes análisis, de esos primeros libros de Bioy, conforman una parte fundamental de Bioygrafía, en el sentido de que está allí el Bioy escritor en el que iba a convertirse. Son, como decía de ellos Silvina Ocampo, "los primeros reflejos de un gran esplendor". Y también todo lo que sería como hombre. Por supuesto que quedaron muchas cosas afuera -baste decir que en su primera versión escribí más de seiscientas páginas-, pero considero que los hechos que se cuentan son suficientes para dar una idea de cómo vivió y escribió, y por qué. En cuanto a aspectos que me hubiera gustado ahondar, por supuesto siempre hay, pero se refieren a situaciones personales que son meras conjeturas o habladurías que no me constan ni hay modo de probar, y en todo caso lo que más me interesaba era relacionar vida y obra. 

-Bioy dejó miles de páginas de diarios personales que no se han publicado todavía. ¿Qué importancia considera que tienen esos escritos para entender al Bioy escritor y a la persona?

-Todo lo que puedo decir al respecto es que estoy ansiosa por ver publicado ese material algún día, tanto de Bioy como de Silvina. La importancia, o no, que revista dicho material, será juzgada cuando tengamos acceso a dicho material en forma de libros.

-Incluso en la vejez Bioy seguía definiéndose como inmaduro y adolescente. ¿Está de acuerdo con esa descripción?

-Estoy de acuerdo. Cierta vez Bioy le comentó a su amiga y escritora María Esther Vázquez que a sus casi ochenta años seguía sintiéndose un adolescente. No lo decía en el sentido de que no había evolucionado (o eso esperaba, por lo menos), sino debido a que seguía sintiendo un inagotable amor y una persistente curiosidad por la vida que los años no pudieron, afortunadamente, atemperar. Y en ese adulto-adolescente apasionado por la literatura y dichoso de contar con la posibilidad de escribir una nueva historia cada día, radicaba, incluso en su ancianidad, gran parte de su irresistible encanto.

-A lo largo del libro se cuentan con mucha discreción ciertos episodios de la frondosa vida amatoria de Bioy. ¿Cómo se propuso abordar ese tema que sigue siendo escabroso?

-Con la misma naturalidad con la que los contaba él, tanto personalmente como en su escritura. Le parecía una tontería no dar cuenta de amores que mucho le habían aportado a su vida, y se preguntaba por qué razón habría de ocultarlos.

-Investigar y contar la vida de Bioy, ¿modificó en algo su opinión de él como escritor? ¿Y hasta qué punto juzga relevante conocer la vida de un autor para disfrutar o no de su obra?

-Diría que no lo modificó como escritor, sino que lo amplió en mi percepción y me permitió comprender mejor su obra. No creo que sea indispensable conocer la vida de un autor para disfrutar de su obra. Pero al mismo tiempo, muchas veces la fascinación que una obra genera en uno (sobre todo si además quiere ser o es escritor), deviene en una necesidad de conocer cómo y por qué ese autor escribió esos libros.

-En pocas palabras, ¿cómo definiría al Bioy que llegó a conocer en sus últimos años?

-Un hombre digno, estoico, amabilísimo, encantador. Un hombre-adolescente con un sentido del humor inalterable, con tantas ganas de vivir como de escribir. Un hombre -como él mismo pedía que figurara en su epitafio-, que amaba la literatura.

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