¡Viví, se los confieso!: adiós a Jorge Consuegra

#GraciasJorgeConsuegra

Tomado de El Espectador


El escritor, maestro, gestor cultural y ante todo periodista, falleció tras pasar dos semanas en la Clínica de Marly de Bogotá, víctima de una leucemia que lo aquejaba desde hace dos años. Se despidió la vida acompañado de toda su familia.
Jorge Consuegra


A Jorge Consuegra el amor por la lectura no le llegó en dosis mínimas. Como si fuera poco el revolcón emocional que produce la pubertad: sus ires y devenires, los pensamientos encontrados y la sensación de que nunca nadie ha pasado por eso, Consuegra decidió meterse en la cabeza los 20 tomos de El tesoro de la juventud (1915), una enciclopedia que daba una mirada confiada y optimista de la Humanidad, logrando captar con ello el asombro de los niños a través de los avances científicos, las maravillas de la naturaleza y los progresos que la creatividad humana.

El resto se sabe: que fue gestor cultural, escritor, periodista, docente y que trabajó en televisión. “Ser gestor cultural es a veces una utopía, pues tratar de dialogar con los directores editoriales es casi imposible; y, además, convencerlos de que hay autores nuevos, con temas novedosos es complicado, pero fascinante. Y lo otro; hacer televisión... es muy, pero muy complicado. No sólo porque algunos directores de los canales no saben el significado de la palabra cultura y la confunden con farándula. Pero, además, los costos son enormes y aunque produce un enorme placer, a veces nos acaban los molinos de viento”.

Durante cinco años fue colaborador en El Espectador entrevistando escritores y distintos personajes que tenían que ver con su tema favorito, la cultura. Por su sección, Un chat con, pasaron escritores como Daniel Ferreira, Pablo Montoya, Flor Romero. Caricaturistas: GoVa, Beto, entre muchos otros. Nunca renunció a la idea de que el público colombiano cada vez se acercaría más a temas tan trascendentales como la pintura, la escritura, el arte y la música. Temas que para él “le daban sentido a nuestra existencia”.

A pesar de que a veces el oficio del periodista cultural puede convertirse en el registro de la obra de otros: enumerar libros escritos, cuadros pintados, exposiciones montadas, discos grabados; Jorge Consuegra mantuvo un lineamiento excepcional: “Creo que la cultura, en su más bella acepción, es un bello entretenimiento. Pero acá confundimos entretenimiento con farándula, faldas cortas, escotes llamativos, chismes fáciles... Sin embargo, aunque el periodismo cultural tiene enormes altibajos, no debemos perder la esperanza de que la cultura siga siendo noticia”.

En una entrevista con este diario Consuegra resumió en pocas palabras sus sueños, “Sueño con un país que piense más en encuentros culturales, en festivales de cine y de teatro gratis, en grandes conciertos para todos los públicos. Pero mi mayor sueño es hacer el gran Congreso de Novela Negra y mantener viva la esperanza con lo que hace mi equipo de Libros y Letras”.

La revista que fundó hace 10 años y cuya prioridad ha sido la de impulsar, desarrollar, y difundir todas las expresiones culturales de Colombia y América Latina.


Su batalla contra la leucemia


En la vida de Consuegra quizá el único exceso que se le conoció fue su amor a las letras y al cine. Sin embargo, esta tranquilidad se vio interrumpida el día que la hematóloga Iris Córdoba le entregó los resultados de unos exámenes y frunciendo el ceño le dijo: “Acá hay algo que no me gusta”, estas palabras fueron el inició de una pelea contra la leucemia.

“Jamás me imaginé que cuando el médico de turno vio la orden, me hizo seguir hasta un módulo especial en urgencias, inició un breve interrogatorio y me dijo: ‘Lo que usted tiene es Leucemia Mieloide Aguda y debe quedarse inmediatamente hospitalizado’”.

En ese momento Consuegra narró que tomó la noticia con tremenda calma, se repetía mentalmente “calma, calma, calma”. No se angustió cuando pensó en el momento en el que su familia recibiría la noticia.

El tratamiento, la batalla, comenzó con largas quimioterapias algunas lo hicieron pensar largamente, “pues veía cómo y muy lentamente, gota a gota, las bolsas trataban casi asmáticamente de desocuparse, pero era tan lenta la operación que creía que jamás se iba a acabar”.

A pesar de que su cuerpo estuviese cambiando, su ánimo permaneció intacto: logró mantener con buen humor el drama de ese proceso. Sus defensas, como era de esperarse, no respondían. Una infección bacteriana en el tejido de la piel le produjo celutitis perinal, los médicos no tardaron en atenderla, aunque los dolores de un monstruo como el cáncer nunca cedieron.

Semanas después Consuegra presentó una complicación pulmonar. La tranquilidad con la que se inicia una enfermedad terminal es como el comienzo de un duelo: primero, hay que conocer al oponente, verlo a los ojos y luego, rogar para ser el primero en desenfundar el arma y asesinarlo. El duelo iba a la mitad, y Jorge Consuegra desenfundó la única arma que queda cuando se está frente a la muerte: la fe.

“Gracias a Dios los días fueron pasando hasta completar casi dos meses. Cuando recibí la extraordinaria noticia que iba a ser dado de alta. No lo podía creer, pues aunque el doctor Guillermo Quintero aseguraba que ya estaba pasando el peligro de las células malignas, nos correspondía, pero en forma ambulatoria, seguir con más quimioterapias; cada 27 días. Así fui cumpliendo disciplinadamente a lo largo de los siguientes meses”.

Quintero, sin embargo, hizo una recomendación decisiva: Consuegra debía someterse a un transplante de médula óseal. la última vez que Jorge Cosnuegra habló de su enfermedad mencionó un término al que le atribuía seguir con vida “Diosualidad”, casualidad con Dios.

“Yo derroté la leucemia y volviendo a ser un volcán en erupción en esta profesión que me fascina, el periodismo y esperando con ansias regresar a las aulas de clases para enseñar un poco más el oficio más hermoso del mundo..."El 20 de mayo de 2016, el volcán como después de las más grandes convulsiones, cesó. Jorge Consuegra no perdió ninguna batalla, sin embargo. El cáncer no pudo reducir su espíritu a cenizas, no pudo, si quiera alejarlo de lo que más amaba hacer: vivir sin miedo a que, como los mejores libros, su final no fuera feliz.

No hay comentarios:

'; (function() { var dsq = document.createElement('script'); dsq.type = 'text/javascript'; dsq.async = true; dsq.src = '//' + disqus_shortname + '.disqus.com/embed.js'; (document.getElementsByTagName('head')[0] || document.getElementsByTagName('body')[0]).appendChild(dsq); })();
Con la tecnología de Blogger.