Del erizo a los elfos: Muriel Barbery salta a la fantasía en su nueva novela

Muriel Barbery
Muriel Barbery


Por: María Paz Jaramillo / Tomado de La Tercera / Chile.


A nueve años de La elegancia del erizo, la escritora francesa vuelve con La vida de los elfos.

Ni los edificios de París, ni las historias de sus habitantes. Tampoco los brillantes monólogos de sus protagonistas ni las citas filosóficas. Muriel Barbery, la escritora francesa que en 2006 alcanzó estatus de bestseller con la historia de amistad entre una portera amante de los clásicos y una niña superdotada en La elegancia del erizo, se aleja del terreno que le dio celebridad para incursionar en otro universo: la fantasía.

A nueve años del éxito de su novela anterior, con más de 6 millones de ejemplares vendidos en el mundo, Barbery (1969) vuelve a las librerías con La vida de los elfos, un libro donde la magia es la protagonista.

Editado por el sello Seix Barral, el libro cuenta la historia de dos niñas que, en principio, parecieran no tener nada en común. Por un lado está María, quien tiene un vínculo especial con la naturaleza y vive junto a su familia adoptiva en un apartado pueblo francés. Por el otro está Clara, la muchacha que creció en la campiña italiana y toca el piano de forma prodigiosa. Ambas, a pesar de las distancias físicas, descubrirán que comparten un nexo muy fuera de lo común: las dos son parte del mundo de los elfos.

“No tenía idea de que estaba escribiendo una novela de fantasía, a pesar de que toma elementos del género (…) La veo como una novela muy clásica, con algunos animales extraños”, ha comentado Barbery a The New York Times. Animales que, en realidad, son las figuras de los mismos elfos que titulan el libro: ardillas, conejos, jabalíes y caballos, son algunas de las formas que van adquiriendo estos seres a lo largo de libro, quienes irán dándose a conocer a medida de que las protagonistas descubren su entorno. “Sí, un gran y hermoso caballo blanco con brazos y piernas, y espolones también, y que no es ni un caballo, ni un hombre, ni un jabalí, sino una síntesis de los tres”, es la descripción que se da al comienzo de una de estas criaturas, y que se alejan de la imagen de los elfos de orejas puntiagudas de la mitología nórdica y las historias de Tolkien. Aquí los elfos tienen figuras cambiantes, y pueden tanto convertirse en humanos como en animales, capaces de manejar el clima y de provocar la guerra.


La inocencia


“Me sorprendió mucho que fueran dos niñas tan diferentes a las que aparecían en los libros anteriores. Creo que está ligado al hecho de que, teniendo la impresión de perder la inocencia cada vez más, sentía la necesidad de entroncar de nuevo con dos personajes infantiles que fuesen portadores de mis constataciones de adulto y me permitiesen reconectarme a esa inocencia perdida”, ha dicho Barbery al diario español ABC.

Una sensación que también se desprende de las páginas del libro, donde la inocencia encarnada en las niñas deberá enfrentarse al caos, representado por Aelius: un elfo lleno de ansias de poder y destrucción. Y entre estas dos fuerzas, se encontrarán los personajes adultos, que serán un escudo protector de las niñas y a quienes el narrador presenta por separado en cada capítulo. Nos encontramos así con Eugénie, una de las cuatro tías abuela de María, que aún llora la muerte de su hijo en la guerra, mientras cura a los enfermos de su pueblo. Y también con Pietro, el marchante de arte que hasta los 30 años evitó a su padre y que aún vive con el recuerdo de su muerte. O Alessandro, un pintor de talento que vio su vida truncada por un amor imposible.

Todos personajes se entrecruzan y rodearán a las protagonistas, en un texto donde la naturaleza cobra especial relevancia. Una batalla y una historia que, de acuerdo a lo anunciado por la autora, podrían aún continuar en una segunda parte del libro.

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