El Sabato que amó Colombia

Cómo uno de los grandes escritores de la literatura latinoamericana tuvo un contacto íntimo con nuestro país



El
Sabato
que
amó a
Colombia



Por: Juan Camilo Rincón*


En Santos Lugares, el que fue hogar de Ernesto Sabato durante 50 años, quedan rastros de sus visitas a Colombia, un programa del Festival de Teatro de Manizales de 1969 al cual fue invitado, la Cruz de Boyacá que le dio el Presidente Belisario Betancur y el sofá donde el maestro, autor de las grandes novelas El túnel y Sobre héroes y tumbas recibió a Margarita Vidal para contar anécdotas sobre su encuentros con nuestro país, que lo llenó.


En Santos lugares todos saben dónde está la casa de Ernesto Sabato; no es difícil llegar desde Buenos Aires, pues está a unas pocas estaciones en tren. En su puerta me recibió Luciana Sabato, nieta del escritor y protectora de la obra del autor, y quien se encarga de cuidar y guiar a todas las personas que quieran conocer la casa que fue habitada por el escritor y su familia casi 50 años.

Luciana recuerda que los fines de semana todos los nietos llegaban a Santos Lugares para pasar el fin de semana con sus abuelos, y en las noches se reunían frente al televisor para ver algo que les encantaba. Sin falta, ella entregaba una hora de su tiempo a la telenovela Café con aroma de mujer; dice que no se perdía ningún capítulo y, al igual que ocurrió en Colombia, esta novela fue un éxito en Argentina, donde detenía durante media hora el transcurrir de los hogares. Ernesto Sabato acompañaba a su nieta a disfrutar las vivencias de Gaviota y su sufrimiento por alcanzar el amor de Sebastián Vallejo. Ese mismo Sabato, reconocido por su crudo sarcasmo e interés excesivo por el orden —lo cual lo llevó a ser considerado como obsesivo compulsivo— fue quien, noche tras noche, se deleitó junto a su adorada Luciana con una producción de la televisión colombiana.



Ese no fue, sin embargo, el único contacto que tuvo el autor de Sobre héroes y tumbas con nuestro país. En 1969 fue invitado al Festival de Teatro de Manizales. Roberto Burgos Cantor recuerda que él fue uno de los guías del escritor argentino en Colombia. Eligio García Márquez y él lo recibieron en Bogotá aquel septiembre, donde tuvo que permanecer varios días, debido a las condiciones climatológicas que impedían su viaje a la capital caldense. A causa de esos retrasos, Sabato pidió a sus guías que lo llevaran a conocer la Quinta de Bolívar. Burgos Cantor recuerda: “Cuando llegaba a la Quinta de Bolívar, entraba en una especie de éxtasis. Ernesto Sabato profesaba una gran admiración por el Libertador”. Pude corroborar su admiración por el caraqueño en su biblioteca personal, donde reposa una buena cantidad de libros sobre Bolívar.

El argentino recuerda en una entrevista de la serie “Palabra Mayor”, hecha por la colombiana Margarita Vidal, uno de sus tres encuentros con la muerte. En un viaje que hizo de Bogotá a Manizales, el autor de El túnel rememora: “… iba a un congreso de teatro, y la avioneta se tardó media hora, hubo un temporal entre las dos cordilleras terrible (…) Como había algunos un poco asustados, unas cinco personas, yo me puse a hacer humor negro, y entonces dije: `¡Muchachos, creo que el destino de todo argentino es venir a Colombia para morir carbonizado como Gardel!´”.


“A mi bella protagonista Alejandra la conocí en Manizales. Sí, en esa ciudad colombiana la vi hace poco recorriendo sus calles pendientes con su rostro iluminado”


De la capital caldense recordaba la avenida Chipre y lo bello del paisaje montañoso cafetero; decía que solo a unos descendientes de vascos se les ocurría hacer una ciudad en un lugar tan remoto. Sin embargo, su visita no fue perfecta pues sufrió una intoxicación con mariscos y debió ser hospitalizado durante algunos días. Años después, en una entrevista recordó lo siguiente: “A mi bella protagonista Alejandra la conocí en Manizales. Sí, en esa ciudad colombiana la vi hace poco recorriendo sus calles pendientes con su rostro iluminado”. Alejandra, el mítico personaje de su obra de Sobre héroes y tumbas, aquella mujer que enamoró a muchos hombres con la fuerza de su belleza y su misteriosa personalidad, se le apareció al argentino de forma delirante en las calles de una ciudad colombiana.

En su última novela, Abaddón el Exterminador, existen citas sobre nuestro país. En ella habla sobre la revista Razón y Fábula, hecha en Bogotá, y sobre una nota que él denomina como “escombros de entrevista”. También menciona la firma de una carta con el fin de apoyar la Feria de Teatro de Manizales. 




En su última novela, Abaddón el Exterminador, existen citas sobre nuestro país. En ella habla sobre la revista Razón y Fábula, hecha en Bogotá, y sobre una nota que él denomina como “escombros de entrevista”


El escritor argentino regresó a Colombia en 1984 en una gira que lo llevaría por Bogotá, Medellín y Cali, invitado por el presidente de ese entonces, Belisario Betancur, quien le entregó la Orden de Boyacá, máxima condecoración que el Gobierno de la República de Colombia otorga a ciudadanos destacados por su servicio a la patria, así como a personalidades extranjeras de países amigos de Colombia.

En ese viaje ofreció una conferencia en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, en la cual elogió a Gabriel García Márquez y habló sobre el reciente fallecimiento de Julio Cortázar. El 20 de febrero de 1984 se publicó en El Tiempo una entrevista hecha por Antonio Cruz Cárdenas y Germán Santamaría en la sala de música de la Biblioteca Nacional.

El 20 de febrero Sabato dio una conferencia en la Biblioteca Nacional titulada “El novelista y sus fantasmas”, y el día después asistió a un concierto del clavecinista Rafael Puyana en la iglesia Santa Clara. El día 22 viajó a Medellín para recibir el grado honoris causa de la Universidad de Antioquia y en la misma fecha ofreció una conferencia en el paraninfo de la alma mater. El 23 viajó a Cali, donde fue condecorado por la Alcaldía Municipal, dando posteriormente una conferencia en el Centro Administrativo. 



 

Pero no todo terminó ahí; años después, el librero colombiano Álvaro Castillo Granada visitó a Sabato en Santos Lugares. Este, al enterarse de su nacionalidad, le dijo que recordaba mucho “sus montañas y a una mujer que había querido”; jamás reveló su nombre, pero es innegable que se convirtió en un encantador interrogante para futuras anécdotas y conjeturas.

Hoy, recorriendo junto a su nieta la casa que él tanto amó, llegué a su estudio de pintura; allí encontré, en numerosas cajas, cientos de reconocimientos muy bien guardados y que le fueron dados en todas partes del mundo, expresando el afecto e inmensa admiración que generó en sus lectores. A punto de salir del lugar, y sintiendo una nostalgia anticipada, me topé con la Orden de Boyacá, símbolo de que en nuestro país su obra también dejó una marca que esperamos nunca nos abandone.

*JUAN CAMILO RINCÓN.

Periodista y escritor. Publicó Manuales, métodos y regresos (2007, Arango Editores). Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia (2014, Libros & Letras), Viaje al corazón de Cortázar. El cronopio, sus amigos y otras pachangas espasmódicas (2015, Libros & Letras).
Sígalo en Twitter: @JuanCamiloRinc2 Instagram: cronopio49


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