La viuda, un libro tan adictivo como La chica del tren


Editorial Planeta / Bogotá.


Inquietante, compulsivo, real.

El libro del año.


El thriller más esperado.

El best seller que arrasa en Estados Unidos y Reino Unido.

Publicación en EE.UU. y Reino Unido por los mismos editores de La chica del tren.

Próxima publicación en más de 30 países.

Derechos vendidos para serie de TV.

En la línea de los thrillers de mayor éxito: la del domestic noir, liderada por libros como La chica del tren o Perdida.

Trata temas de gran actualidad como la seguridad en redes sociales y el sensacionalismo en la prensa, entre otros.

¿Quién es ella? ¿Qué piensa? ¿Qué sabe? ¿Qué ignora? ¿Es cierto todo lo que dice? ¿Son verdaderas sus lágrimas? ¿Es inmensamente astuta? ¿O infinitamente ingenua? ¿Acaso se burla de todos?


El escenario


Pasear por el condado de Hampshire puede ser uno de los itinerarios más agradables y encantadores que depara el sudoeste de Inglaterra. Pueblos pequeños y hermosos como Lyndhurst (en cuya iglesia está enterrada Alice Liddell, que inspiró a Lewis Carroll para su Alice in Wonderland), o ciudades con leyenda como Winchester. También Souhthampton y Portsmouth son ciudades que, aunque populosas, forman parte de ese sur con encanto y alto nivel de vida. Paisaje de tranquilos paseantes que saludan amables cuando aparecen por el sendero.

Es también tierra de silencios. De desprecio y desigualdades. El verde y silencioso encanto del New Forest sugirió a Elizabeth George una de sus tramas más inquietantes, Cuerpo de muerte.

Las buenas y distantes formas, la sonrisa amable y, a la vez, la dificultad para establecer un contacto verdadero, en un marco social aparentemente impecable, han inspirado también a Fiona Barton:

«El cuerpo de policía de Hampshire tenía identificados a trescientos delincuentes sexuales, una población fluctuante de exhibicionistas, voyeurs, amantes del sexo en grupo en zonas públicas, pedófilos y violadores que vivían camuflados como simpáticos vecinos en comunidades que ignoraban su pasado.»


La historia


Hay una fecha, una hora que lo cambió todo: a las 15.38 sonó el teléfono de emergencias. Era lunes, 6 de octubre de 2006. Una voz de mujer joven, afligida, repetía: «Se la han llevado».

Se han llevado a Bella Elliot, una niña de dos años a la que su madre perdió de vista por unos minutos. Mientras ella iba a la cocina, la niña jugaba en el jardín delantero de su casa en Southapmton. Un descuido fugaz que gran parte de la opinión pública, espoleada por la prensa sensacionalista, no le perdonará. La misma prensa a la que esta madre sin recursos, que vive de prestaciones sociales, acudirá para incentivar y continuar la campaña en busca de su hija.

Pero hay otros personajes y hay otros hechos tanto o más imperdonables. Otros linchamientos y alianzas que salen de lo doméstico, cruzan raudos el territorio de la justicia y se convierten en mediáticos.

El inspector de policía encargado de la investigación hará un fino y minucioso (y apasionante, narrativamente hablando) trabajo de investigación, hasta dar con el posible secuestrador de esta niña de la que, años después, seguirá sin saberse nada.

Una investigación que le conduce —y conducirá a los lectores— a otra más compleja, profunda y turbadora. Como en Perdida (Gillian Flynn) y en La chica del tren (Paula Hawkins), el principal, o los principales sospechosos pueden ser las personas más cercanas.

El engaño sostenido, el crimen imperdonable; el daño o la perversión pueden cocinarse en la habitación de al lado.

La principal fuente para esta investigación es quien más conoce —quien se supone que más conoce…— al presunto culpable: su esposa. En verdad, esa inocente muchacha llamada Jean Taylor, una joven no muy buena en los estudios y que encuentra su lugar en la peluquería en la que trabaja a diario, será un inmenso, un interminable pozo ciego en el que policías, periodistas y opinión pública caerán sin remedio.

Desde que su marido Glenn es identificado como principal sospechoso, Jean Taylor es acosada por la prensa. Pero ella se mantiene aferrada a una única respuesta:

«—No es ese tipo de hombre.

—¿Y qué tipo de hombre es, señora Taylor? ¿Cómo lo describiría?

—Por el amor de Dios, ¿qué tipo de pregunta es esa? Supongo que alguien normal. Normal. Un marido bueno y trabajador…»

Como periodista, Fiona Barton ha cubierto numerosos casos de sucesos (también la desaparición de la niña Madeleine McCain), y ha visto muchas mujeres como Jean. Con el correr de los años ha ido dándose cuenta de que todas esas esposas suscitaban en ella, como periodista —y sobre todo como escritora—, un interés que merecía ser atendido, casi una obsesión que la llevó, justamente, a escribir esta novela.

Esposas sumisas, o al menos en apariencia. Mujeres encuadradas en un eterno segundo plano, silenciosas y eficaces. ¿Qué y cuánto sabían sobre su esposo? ¿Qué se permitieron saber? ¿O acaso eran capaces de vivir en la ignorancia, aun cuando las evidencias fueran flagrantes?

De modo que el terreno pantanoso al que nos conduce este thriller psicológico nos lleva más lejos aún y está sembrado de preguntas: ¿Conocemos a quien creemos conocer? ¿Es posible que quien alguna vez fue el hombre (o la mujer) soñado, amado, con quien compartimos la vida, pueda devenir bajo nuestra mirada cotidiana como otro ser distinto, sin que lo advirtamos siquiera? ¿O quizás es que nos acercamos a la verdad tanto como queremos permitirnos, sólo cuanto podemos soportar?

Es posible que esa mutación se produzca delante de los ojos de la esposa, o esposo, y que, por lenta y sutil, pase inadvertida. Hasta que una horrible verdad se consolida sin que se tenga noticia de ella.

Tal vez fue cuando, en aquella comida familiar, los padres de Jean no se mostraron del todo amables en un comentario sobre Glen. O en aquella ocasión en la que Glen dijo palabras que nunca antes había dicho. O cuando se enfadó exageradamente porque Jean no limpiaba bien la mesa. O aquella tarde en la que Glen sugirió que ese fin de semana era mejor que no vinieran sus suegros y que no hubiese comida familiar.

O el ligero e inquietante matiz de voz al llamarla Jeanie...




Extraños bajo el mismo techo


Con Jean Taylor el lector se reencuentra con una gran tradición narrativa y cinematográfica. Su semblanza doméstica —entre lo doméstico y el noir— es una mezcla letal como un veneno y tiene precedentes que ya son clásicos.

Joan Fontaine ganó un Oscar por su interpretación de Lina, la esposa del simpático vividor encarnado por Cary Grant. A medida que pasan los días, esta muchacha, hija de familia acomodada inglesa, comprueba que su amado e incorregible esposo, ambiguo, inmaduro y seductor, tal vez esconde algo más. Un propósito infame. Un cálculo atroz. La educada y rica heredera de Sospecha, película estrenada por Alfred Hitchcock en 1941, la esposa que intuye que el hombre a quien amaba quiere matarla para heredar su fortuna, es un precedente de esa narrativa que hoy la escritora Fiona Barton define como «irresistible»: el relato desde un punto de vista no siempre fiable.

También en Inglaterra, ese domestic noir tiene su genial precedente en Luz de Gas (1944), de George Cukor. El peor enemigo, el monstruo, puede ser el hombre que se ha enamorado de aquella chica herida por un episodio familiar. La espléndida Ingrid Bergman (que, como Fontaine, obtuvo un Oscar por su papel) es esa esposa que jamás podría pensar que el hombre amado —Charles Boyer— es en realidad su peor enemigo; dispuesto a sembrar su vida cotidiana de un claustrofóbico asedio de pequeñas calamidades.

Mar de fondo, de Patricia Highsmith, es un meticuloso inventario de detalles en la vida de un matrimonio. El infierno doméstico —una esposa joven, atractiva; y un marido introvertido hasta lo patológico— que crece hasta una realidad insospechada.

Lo común en todas estas ficciones, definitivamente amparadas bajo el género del domestic noir, es que lo peor está aquí, a nuestro lado. Ya el príncipe Hamlet se encolerizaba con la inopia de su madre, capaz de convivir con el asesino de su marido.

Y el príncipe Macbeth volvió la vista un instante a su esposa y se preguntó de qué material estaba hecha tal invencible mujer…


La investigación


Cierta o no su versión sobre su esposo, un error judicial durante la investigación hará que cuatro años después Glenn Taylor no haya entrado en la cárcel.

Aunque su vida sigue siendo un infierno, aunque la familia y los amigos se hayan dispersado en una estampida de silencio y desorientación… aquella sociedad de saludos amables y visitas familiares rutinarias, se ha desvanecido.

«“¡¿Qué ha hecho, señor Taylor?!”, le gritó uno.

“¿Tiene las manos manchadas de sangre, pervertido?”, exclamó el periodista del The Sun cuando Glen salió a la calle para sacar la basura.»

Cuatro años después, no hay rastro de la pequeña, y de repente aquella esposa se convierte en viuda. La muerte accidental de su marido hace de ella la única persona capaz de revelar —por fin— qué sucedió. Pero Jean es una voz narradora de doble filo. Una gran voz que nos descubre, nos sugiere y nos oculta. A medida que ella habla, el lector se encuentra con la chica inocente deslumbrada por aquel joven ambicioso y correcto, una aprendiz de peluquera cuyo mayor sueño era casarse y formar una familia, una mujer sumisa pero también alerta; una madre frustrada, una esposa no tan incondicional... ¿Cuánto cinismo y cuánta inocencia pueden caber en la misma persona?

«—¡Sé que está ahí, señora Taylor! ¡¿Le pagan por hablar?! ¡¿Qué cree que pensará la gente si acepta dinero manchado de sangre?!» La prensa amarilla, sensacionalista, es aquí la gran burladora, la que atrae a Jean en sus redes para convertirla en anzuelo para el público. Pero... ¿Cuán cierto es eso? ¿O es esa misma prensa que soborna, acosa y chantajea, la gran burlada...?»

Jean, Jeanie en la intimidad, cuece una intriga perfecta entre los fogones y las tareas del hogar. Una trama en la que ni el policía más avezado, ni la periodista más astuta pueden avanzar sin tropezar a cada rato.


Personajes principales


Jean Taylor

Jean Taylor, a veces Jeanie, es una mujer joven que ha envejecido de golpe.

«Pero sobre todo —corrobora la autora— se trata de esa mujer tranquila que tantas veces he visto en la escalinata del juzgado, la esposa que permanece con el rostro inexpresivo mientras su esposo presta testimonio.»

Jean, antes de sentarse en la sala de juicios, antes de vivir el acoso de la prensa, el repudio de sus vecinos, los ataques anónimos y la suspicacia de la policía, y de, finalmente, convertirse en «la viuda» sin más, no fue más que una muchacha normal, con ilusiones de futuro.

Hija única, sus padres al principio se negaban a verla llegar al altar tan joven, con apenas diecinueve años, pero finalmente lo dieron todo para esa boda con un muchacho algo mayor que ella, un tipo próspero, responsable y protector, un ambicioso empleado de banco. Jean se veía camino de cumplir su único sueño: ser madre, formar una familia con Glen.


Glen Taylor

De joven era un chico formal, de buena conversación. Su sueño era ascender en el banco hasta dirigir una sucursal, y un día independizarse y ser dueño de su propia empresa. Pulcro, ordenado, tajante. Quizá no al principio pero, poco a poco, irá cultivando un mundo secreto en el que Jean no puede entrar. «Sus tonterías», «su sección», lo llamará ella. Y ese mundo está del otro lado de la pantalla de su ordenador, en el piso de arriba.


Kate Waters

Periodista del diario sensacionalista Daily Post. Podría considerarse alter ego de su creadora, pero con rasgos que le son propios (sobre todo su impunidad). Kate posee gran talento, pero también es farsante e inescrupulosa, capaz de afirmar que siente «una gran conexión» con Jean, cuándo sólo trata de aprovechar su debilidad para su propio y morboso interés. Según su esposo Steve, he aquí el talento de Kate:

«—Se acerca cada vez más a la presa, alimentándola con pequeñas muestras de amabilidad y humor, una mención de dinero futuro, la posibilidad de ofrecer su versión de la historia, hasta que la tiene comiendo en la palma de su mano».

Para Kate no hay placer mayor que ser la primera, la que deja atrás a sus competidores, la que, con sus trucos personales: «sonreír siempre, no acercarse nunca demasiado a la puerta, no comenzar con una disculpa» consigue entrar de este modo en la vida cotidiana de sus presas.


Bob Sparkers

Es un policía íntegro de la cabeza a los pies. Uno de los últimos». Un profesional entregado, que desde el día en que desaparece Bella no deja de investigar, hasta convertirlo en una obsesión, en un deber moral. Mantiene una vieja amistad con la periodista Kate, con quien intercambia pequeños favores. En un principio Kate se sintió atraída por su calidez, su firmeza y su tranquilidad, pero de eso hace mucho tiempo. Sparkers nunca tuvo líos de faldas y no se le conocen aventuras extramatrimoniales. En verdad, después de muchos años de sólido matrimonio con Eileen y tras la marcha de los hijos de la pareja, Bob advierte cierta tensión entre los dos, y una pregunta queda latente: ¿Esto es todo lo que la vida nos puede deparar?


Dawn Elliott

Vive en Southampton, en el 44 de Manor Road, Westland. Y el lunes 2 de octubre de 2006 llama a emergencias porque su hija Bella Elliott ha desaparecido del jardín delantero de su casa. Dawn es madre soltera (el padre de Bella fue una relación fugaz) y vive de prestaciones sociales. Ese lunes se ha descuidado unos minutos de su hija y desde ese momento pasa el día derrumbada en el sofá, rodeada de paquetes de tabaco vacíos y juguetes de ésta, torturada por la culpa. De noche se niega a dormir, porque a Bella le da miedo la oscuridad.


La autora


Fiona Barton vive en el sudoeste de Francia con su esposo y ha sido periodista desde 1979. Ha trabajado en Daily Mail, ha sido editora de noticias en The Daily Telegraph y redactora jefe en The Mail on Sunday. Ha sido distinguida como Reportera del Año en los Premios Nacionales de Prensa.

Los derechos de su primera novela, La viuda, ya han sido comprados por Playground Television para una serie. Actualmente trabaja en un nuevo thriller psicológico, en el que los lectores se reencontrarán con la periodista Kate Waters.

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