Ramiro Lagos, Juan Pueblo, el juglar de rebeldía


Por: Consuelo Triviño Anzola


Discurso ofrecido en el homenaje al poeta Lagos que el Instituto Caro y Cuervo le rindió en Madrid.

Ramiro Lagos es profesor emérito de la Universidad de Carolina del Norte y maestro de muchos hispanistas en los Estados Unidos, quienes le deben su conocimiento de las culturas hispánicas. Pionero de los programas de verano que trajeron estudiantes norteamericanos a España, los inició en la vida cultural de un Madrid alegre y festivo. Seducido por esta ciudad a la que llegó en los años cincuenta, sigue disfrutando de sus veladas poéticas y sus noches bohemias, cada verano. Deja atrás su retiro familiar en los Estados Unidos y recupera así esta parte esencial de su "latinidad".

Ramiro Lagos es esencialmente un poeta hispanoamericano que vibra con la historia y busca sus raíces en las culturas indígenas cuyas gestas canta. Entre sus poemarios destaca Frutología de eros (2007) y Rimado del Cristo roto (2008). Esta visita, según me anuncia, será la última, de modo que lo acompaño con honda emoción en la presentación Huellas antológicas de mis cantos (2016), un volumen en el que nos ofrece una muestra representativa de su universo poético.

Autor de unos treinta y cinco libros de ensayo, crítica y poesía, sabiamente ha compaginado el amor a la vida con la más rigurosa formación académica. Su célebre Mester de rebeldía, antología de la poesía rebelde hispanoamericana (1967) le aseguró una posición de prestigio en la comunidad académica internacional. Abrió un campo de trabajo novedoso en los Estados Unidos, el de la indagación de la poesía rebelde o de protesta en nuestro entorno. Después vinieron los volúmenes Mujeres poetas de Latinoamérica y Voces femeninas del mundo hispánico, con las que completó su proyecto de visibilizar voces marginadas por el poder hegemónico.

El Huellas antológicas de mis cantos, encontramos poemas inspirados en figuras heroicas de la historia americana, empezando por los indígenas que se resistieron a ser colonizados, pasando por los criollos que protestaron por los abusos de la Corona española, y los próceres de la independencia americana. Ramiro Lagos rinde culto a las mujeres: la Gaitana, quien se opuso tenazmente a ser sometida, o la Malinche con lo que representa para la cultura mexicana, pasando por Manuela Beltrán, que animó la rebelión comunera durante la Colonia, o Policarpa Salavarrieta, ejecutada por los realistas en las luchas de independencia, pero también rinde tributo al amor, a los frutos de la tierra, a la flora y la fauna americana.

Esta antología resume su vida de juglar, de cantor que se hace eco de los rebeldes, exaltando su valor. De hecho, el yo poético adopta la identidad colectiva de “Juan Pueblo” para denunciar las desigualdades en nuestros países. “Yo, Juan Pueblo cual juglar /pongo mi grito en el cielo / con el clarín pupular, / con el clarín justiciero.” De hecho, primer poema en el que narra su travesía, “Pasos cantados del poeta”: subraya su postura: “Avanzando más mis pasos, / soy Juan Pueblo, el insurgente /erguido con luz en mente, para alumbrar el sendero/ de mi pueblo comunero”.

Ramiro Lagos se inscribe en la tradición que se remonta a Garcilaso de la Vega, el Inca y llega hasta José Vasconcelos y Alcides Argüedas. El hijo del español y la princesa inca, que anuncia “la raza cósmica” de Vasconcelos. Pero el poeta no deja de recordar a la “raza de bronce”, el indio al que canta Alcides Arguedas, ese pueblo postergado y actualmente exterminado por los intereses trasnacionales.

Ramiro Lagos nace en Zapatoca (Santander, Colombia), tierra a la que siempre ha estado ligado, pese a haber vivido sesenta años en los Estados Unidos. La abrupta geografía de su tierra está marcada por los cañones de los ríos que constituyen una frontera. Sus primeros pobladores fueron los guanes, pueblo de origen distinto de los andinos, presumiblemente de ascendencia maya. Los zapatocas, al igual que toda la región del Socorro, destacaron en el pasado por su espíritu de lucha. Allí se levantaron los criollos en 1781 y organizaron el movimiento comunero contra los abusos cometidos por el régimen colonial. Su líder, José Antonio Galán fue traicionado y brutalmente ejecutado. Este hecho histórico se mantiene vivo en la memoria colectiva.

La fecha de nacimiento no es menos importante: 1922. En los años veinte Colombia se moderniza gracias a cierta prosperidad económica. La generación de Los Nuevos irrumpe en el horizonte cultural y tiene como órgano de expresión la revista del mismo nombre. Se relacionan con este grupo Luis Vidales, Eduardo Zalamea, León de Greiff y Luis Carlos López. Su generación es la del líder liberal asesinado Jorge Eliécer Gaitán. Ramiro Lagos llegó a Bogotá en 1944 donde realizó estudios de Teología que finalizó en 1948, año del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. De fraile franciscano pasa a dirigir un periódico. Su estética está cerca de los poetas del grupo que se denominó Piedra y cielo en homenaje a Juan Ramón Jiménez y al que pertenecía Eduardo Carranza, su maestro, una de las figuras más influyentes en la poesía colombiana. Vinculado a España como embajador de Colombia en Madrid, se instala en esta ciudad en 1951. Ramiro Lagos lo acompañó en su periplo madrileño con un cargo en la embajada.

En España adelanta estudios en Filosofía y Letras y tuvo como profesores a los filólogos Blecua, Lapesa y García Blanco. De esta etapa da cuenta en el poema antes referido: “Llegando al noveno paso/ en Madrid maté la abulia/ entre el café y la tertulia del Gijón y del Varela./ Tomé una copa con Cela /con Buero Vallejo y Cote…” De Madrid viaja a los Estados Unidos donde obtiene una plaza como profesor en un departamento de estudios hispánicos. Esto lo mantendrá en contacto con España, país al que está ligado por familia y amistades.

He visto a Ramiro Lagos en Madrid en más de una oportunidad, al comienzo del verano, en lecturas poéticas, presentaciones de libros. He conocido La Bohemia donde lo sorprende el amanecer escuchando a los cantantes que amenizan las veladas, donde se le recibe con afecto y admiración. Un siglo ha pasado por su vida sin que envejezca su espíritu. Su voz recia y sonora entona, como el clarín, versos para ser cantados ante Juan Pueblo. De hecho, Ramiro Lagos acompañó al movimiento 15 M donde leyó un manifiesto poético testimonia: “La Puerta del Sol se abre / con rayos en toda España/ y desata sus agravios /y desata sus palabras”.

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