Cristianismo Bizantino, una visión de la constitución definitiva del cristianismo dentro de la cultura bizantina



El controvertido escritor alemán Hugo Ball vuelve a las librerías una vez más de la mano de la editorial Berenice, quien está publicando su obra, inédita aún en España, a pesar de que su autor fue el padre de una de las corrientes literarias más singulares de Europa a principios del siglo XX: El Dadaísmo.

En esta ocasión lo hará con su libro el Cristianismo bizantino, que publicó en Alemania en 1923, en el que nos ofrece un panorama original de la constitución definitiva del cristianismo dentro de la cultura bizantina, llena de magia oriental, gnosticismo y filosofía neoplatónica, a través de la vida de tres santos del cristianismo primitivo oriental: Juan Clímaco, Dionisio Areopagita y Simeón el Estilita.

Y es que a lo largo de sus páginas Ball sugiere que la única posibilidad que tiene el hombre de alcanzar la vida plena, tras las fragmentaciones y las relatividades de la modernidad de su época, es la de asumir como modus vivendi el monacato libre y contemplativo, una filosofía que anticipa formas de vida alternativas y contraculturales de nuestra más reciente historia cultural.

“Este escrito edificante, si se mira con detenimiento, ha de entenderse dentro de la crisis intelectual y las experiencias existenciales que acompañaron desde siempre a Ball: su práctica artística en el dadaísmo, su activismo político y un profundo sentido simbólico de su religiosidad —tempranamente en sus diarios anotó: “Para entender el cubismo tal vez haya que leer a los Padres de la Iglesia”—, comenta su editor David González Romero.

Esta edición se contextualiza con un esclarecedor prólogo del propio Ball, que no llegó a publicarse; el proyecto de la vida de un cuarto santo, Antonio el Egipcio; reseñas críticas en la época de su salida, y un amplísimo estudio de la obra realizado por el especialista alemán Bernd Wacker.

Retirado de las vanguardias artísticas europeas y haciendo una vida cenobítica, Ball se dedicó a estudiar teología, historia y arte de la religión, pero nunca perdió de vista un objetivo central: hacerle una crítica ideológica y artística radical al mundo moderno y la cultura burguesa tras el desastre de la Primera Guerra Mundial.



Hugo Ball contemporizó la producción de este libro, y de otros muchos -Dios tras Dadá (Berenice, 2013)- con su crisis espiritual tras la Primera Guerra Mundial y el abandono de la experiencia artística más radical hasta el momento, la creación del Dadaísmo y del Cabaret Voltaire (1916).

«La evolución de Hugo Ball de la creación del dadaísmo al cristianismo bizantino es extraordinariamente significativa... hay un estricto vínculo entre las prácticas de la vanguardia artística y la liturgia, comenta el filósofo italiano Giorgio Agambe n.

Hugo Ball (1886-1927) nació en Pirmasens (Renania) en el seno de una familia católica. Fue poeta, creador de los poemas fonéticos, dramaturgo, actor y pianista, ensayista y novelista. Se integró en los cabarets de las vanguardias expresionista y, más tarde, dadaísta.

Debido a la Primera Guerra Mundial, se exilia en Zúrich con su esposa, la actriz y poeta Emmy Hennings, y funda en 1916 el Cabaret Voltaire, donde nacerá el movimiento dadaísta. Escribió sobre esta etapa en su novela Flametti o el dandismo de los pobres (1918).

Dedicó obras a Nietzsche y a Bakunin, al que tradujo al alemán. Dos de sus libros más conocidos, Para una crítica de la inteligencia alemana (1919) y su edición definitiva en Las consecuencias de la Reforma (1924), fueron fruto de su etapa como periodista, activista y exiliado.

En 1920 manifiesta su vuelta al catolicismo y se marcha al cantón suizo de Ticino para llevar una vida pobre y retirada. En 1923 culminó un ambicioso tomo, Byzantinisches Christentum, sobre la teología de santos bizantinos. En 1927 escribió la primera biografía de Hermann Hesse y publicó sus diarios con el título La huida del tiempo. Antes de morir de cáncer en Sant Abbondio, todavía proyectaba un libro –La terapia de la Iglesia– la nueva psicología en su relatividad teológica, el exorcismo paleocristiano y la demonología.

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