La ficción hoy lo es todo, quizá siempre lo fue pero no era tan evidente


Por: Alcides Duarte Sanabria / Especial para Libros & Letras.


En el 2010 el escritor venezolano Edgar Borges gana el premio internacional Albert Camus con su novela La Contemplación. Pero su aventura literaria carga muchos años y reconocimientos. Vive en Barcelona. Llegó como ganador de una beca obtenida en el 2005. Hoy, su obra es destacada y admirada por escritores como Enrique Vila- Matas y está siendo traducida a diferentes idiomas. Recientemente, El hombre no mediático que leía a Peter Handke. ya se lee en italiano. Ha incursionado en el periodismo, el teatro, el radio teatro. Tallerista literario. Es un fabulador, pero también es un pensador de la sociedad de hoy. La Ciclista de las soluciones imaginarias, ¿Quien mató a mi madre? o El Olvido de Bruno, su más reciente novela, son algunos de los títulos sugerentes que se leen en España y en otros países. Paradójicamente, este gran autor latinoamericano todavía no se lee en Colombia.


-ADS: Nabokov tiene 3 puntos de vista para leer a un escritor: como narrador, como maestro y como encantador. ¿En cuál se siente usted?

EB: Es difícil evaluarse, mas cuando Nabokov hablaba como lector. Si me lo permite haré lo mismo. Como lector me gusta leer a un escritor que encante, que cautive. Que me haga sentir que las palabras son espacios y situaciones.

-ADS ¿Qué tiene Peter Handke que no tenga García Márquez ni Vargas Llosa?

-EB: No me gustan las opciones, sin embargo, de nuevo, opinaré como lector. Las historias de García Márquez y Vargas Llosa le dijeron mucho al lector adolescente que me habitaba; los relatos de García Márquez me siguen contando historias importantes, algunos de Vargas Llosa también. La narrativa de Peter Handke le dice mucho al lector que soy en el presente. Me ayuda a desmontar la realidad; su literatura rompe con la línea clásica de la trama. Es una escritura que abre caminos, que despeja la mirada. Y como lector me interesa que un libro me conmocione, que me incite a interpretar la realidad en constante movimiento. Me interesan los libros perturbadores. Hoy, cuando hasta nos pretenden diseñar los olores de la fantasía, la obra de Handke es un hachazo que despierta sensaciones.



-ADS: Lo que más le gusta de Shakespeare. Lo que más le gusta de Cervantes.

-EB: De ambos me gusta la forma como su literatura se convierte en una piedra que revienta la sospechosa “serenidad social”. Shakespeare lo hace a través del drama y Cervantes desde la locura.

-ADS: ¿Para qué sirve escribir ficción en los tiempos de hoy?

-EB: La ficción hoy lo es todo, quizá siempre lo fue pero no era tan evidente. Si observamos el diario acontecer que nos encandila segundo a segundo y luego nos atrevemos a permanecer con los ojos cerrados durante tres minutos, es posible que lleguemos a la conclusión de que estamos en medio de una gran batalla de ficciones por el control de la realidad. Hoy los sucesos se cuentan en clave de ficción. La estructura argumental de los noticieros y de los discursos políticos narra historias de ficción que poco tienen que ver con la realidad natural de los seres humanos. No somos tan diabólicos como nos pintan, o, por lo menos, nuestro verdadero argumento no se basa en el blanco y negro que nos atribuyen. Me pregunto hasta qué punto los políticos, por ejemplo, hablan de aquellas situaciones que realmente nos interesan. Suena paradójico, pero cuanto más uniforme nos presentan la realidad más desnuda queda su entramado. Y en este punto cobra importancia la ficción artística, pues la literatura nos ayuda a moverle el piso a cualquier realidad. La realidad es un valor social pasajero, es como un traje. Queda bien hasta que crece el cuerpo que lo usa. Cuando una sociedad supera a una determinada realidad, se habla de crisis pero no se razona que el conjunto de normas de esa realidad ha caducado para ese presente. Es entonces cuando nos movilizamos para crear otra realidad. La literatura de ficción sacude nuestra quietud ante lo que llamamos destino. De ahí que la imaginación no sea una buena aliada del poder. El poder necesita que confiemos en su doctrina de la verdad, mientras la literatura desmonta las certezas que nos enseñan.

-ADS: En algunos fragmentos de El hombre no mediático que leía a Peter Handke se percibe que la frontera de los géneros desparece. ¿Será que los géneros en la literatura ya es cosa del pasado?

EB: La novela siempre ha sido un espacio en crecimiento. Actúa como una esponja, como la vida misma, su fuerza interior va absorbiendo las experiencias, las sensaciones, los recorridos. Esto de los géneros sigue muy presente en la industria editorial. Para vender, en un mundo donde nos educan para clasificar, hay que decir “esto es novela negra” o “aquello es novela realista”. Sin embargo la literatura siempre escapa a las clasificaciones. Más allá del mercado de los mil más vendidos, el siglo XXI, con toda la variedad de formas que nos influye, debería ser el tiempo de la creación abierta.

-ADS: ¿Sigue pensando que Internet es la mejor vía para responderle a los monopolios que secuestran la calle?

-EB: La mejor vía siempre será la vida. Internet es una vía importante sólo si la usamos para difundir una cultura distinta a la establecida. Me parece poco acertado decir que internet sea la panacea si en ese medio, como usuarios, terminamos copiando las publicaciones de los diarios del status. ¿Qué estamos haciendo? ¿Trasladar los intereses culturales de un determinado grupo empresarial a un medio por excelencia participativo? El sentido importante que le observo al uso de internet es aquel que abre caminos. Las publicaciones creadas para reconocer nuevas firmas, nuevos pensamientos, nuevas creaciones. O las personas que publican sus contenidos para convalidar que el mundo es más diverso e interesante de lo que nos dicen los grandes medios de información. Internet como una copia y pega de la gran estructura mediática no me interesa; me importa y mucho cuando se convierte en un medio con nuevos contenidos.

-ADS: Periodismo y literatura: ¿Qué no debe pretender el periodismo? ¿Qué no debe pretender la literatura?

EB: Estas dos expresiones bailan en torno a un mismo punto: la llamada realidad. Si aceptamos, como dije antes, que la realidad es un valor pasajero, algo inatrapable que sólo existe en el micro segundo, el periodismo trabaja para aproximarse al valor de esa realidad. El periodismo no puede pretender crear los hechos que acontecen, y esto, aunque parezca obvio, muchas veces se olvida cuando se informa el relato de un suceso. El reto del periodista es girar en torno a la realidad, el del escritor es implosionarla. La literatura trabaja para crear los valores de otra realidad. El escritor no corre tras los valores de la misma realidad que investiga el periodista. Sus valores, como observador, son otros. Son valores que están en otro código, en otro espacio de la mirada, en el terreno de lo invisible, en el espacio vacío. El escritor se aproxima a la realidad sólo para desmontarla. Ante la realidad el periodista no puede pretenderlo todo; el escritor, en cambio, sí.



-ADS: Política y literatura: ¿van de la mano?

-EB: La política y la literatura tienen en común que ambas construyen realidades. Escribir y leer literatura es un acto político desde el mismo momento en que se pretende crear una nueva realidad. La política no es una acción literaria pero la literatura sí es una acción política. Dice Stendhal en La

cartuja de Parma que “La política en una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto, una cosa grosera y a la que, sin embargo, no se puede negar cierta atención...Vamos a hablar de cosas fuertes y vulgares que, por más de una razón, quisiéramos callar, pero nos vemos obligados a abordar acontecimientos que entran en nuestro terreno, puesto que tienen por teatro el corazón de los personajes”. Otra cosa es la forma clásica de asumir la acción política. Hasta ahora la clase política imperante utiliza la narrativa del poder para diseñar una noción uniforme de la realidad; mientras que en la literatura la narración opera como un ventilador hacia dentro que alborota los sentidos.

-ADS: ¿La imaginación será derrotada por el poder o todavía hay esperanza?

-EB: La imaginación no es esperanza, la imaginación es posibilidad. La imaginación no espera, no pide permiso. El poder es doctrina, el poder adoctrina, está diseñado para crear una escala de valores en torno a él, al poder le interesa eternizar la esperanza. A lo largo de la historia muchas formas de poder han pretendido limitar la imaginación a la más vulgar realidad.

Mientras menos imaginativo sea el individuo, mayor será su resignación a los apostolados de la realidad imperante. En la actualidad el poder disfraza su dominio de libertad, se nos asegura que todos tenemos opinión, que la opinión es libre, pero al mismo tiempo se nos dice que todo está creado, como si tuviéramos que conformarnos con ser repetidores de cuatro recetas históricas.

Creo que uno de los grandes retos del siglo XXI será imaginar más allá de la realidad virtual. Imaginar otras realidades, imaginar y atreverse a diseñar otras formas sociales. Cerrar los ojos e imaginar por uno mismo en coherencia con los otros.

-ADS: ¿Qué hay de kafkiano en nuestra sociedad actual?

-EB: Si nuestros políticos fueran lectores, se pudiera suponer que basan sus actuaciones en la lectura de la obra de Franz Kafka. Sin embargo fue Kafka, quien con la videncia del poeta, pudo crear una gran metáfora sobre la relación del sujeto con el poder.

-ADS: “De qué valdría una casa sin la memoria de quien la habita”… Esta frase en su última novela: El olvido de Bruno, tiene una gran carga poética. ¿Cuáles son sus poetas preferidos y por qué?

-EB: La poesía determina mi necesidad de leer y de escribir. Sin imágenes poéticas no hay narración ni arte posible. Siempre acudo a los mismos poetas. Dos de ellos son William Butler Yeats y César Vallejo. La lectura de la obra de ambos me recuerda que soy humano, y eso, por muy obvio que parezca, es importante.

-ADS: ¿De su obra, cuál le ha costado más dificultad terminarla y por qué?

-EB: Tal vez La contemplación, porque es una novela ambiciosa con la que pretendí crear los distintos niveles de realidad que transitan en torno a una historia. ADS: Usted ha sido tallerista en cárceles, entidades públicas y fundaciones. ¿Alguna recomendación puntual para quienes sueñan con ser escritores profesionales?

-EB: No creerse nunca escritores profesionales. No perder el fuego que en un principio nos hace ser atrevidos. No convertirse en un funcionario de la literatura.

-ADS: ¿Qué debe tener el radio teatro para ser buen radio teatro? ¿Este podría ser un género del futuro?

EB: El radio teatro se cultiva desde hace mucho tiempo. Es un género vital que no pertenece a ningún tiempo, mientras exista la radio

-ADS: ¿Ha pensado incursionar en el comic?

-EB: Uno de mis sueños es escribir una novela gráfica. Considero que la novela gráfica-como consecuencia del comic-cuenta quizá con los creadores más arriesgados del presente. Tanto en los guiones como en los dibujos, en esta expresión artística se están dando las mayores búsquedas literarias en la actualidad. Nada más lejos del conservadurismo que el comic.

-ADS : ¿Cuáles son sus géneros musicales preferidos a la hora de escribir?

-EB: Escribo sin música. Pero cuando escribo, a veces, me llegan canciones, sinfonías o melodías inexistentes. La verdad es que desearía escribir una novela con la fuerza vocal de MickJagger.

ADS: Su obra ha obtenido premios internacionales, está siendo traducida a varios idiomas y Enrique Vila Matas habla elogiosamente de su trabajo ¿por qué sus libros no han llegado a Colombia?

-EB: Es parte de la mentira que nos venden con el término globalización. En la segunda mitad del siglo XX, sobre todo a partir del llamado boom de la literatura latinoamericana, los libros salían en la mayor parte de los países de América. Hoy sólo son publicados y vendidos en todas partes del planeta, aquellos libros concebidos por y para el entretenimiento. Colombia es un país que me interesa por su historia y por su presente, espero que en algún momento mis libros comiencen a circular entre los lectores colombianos.

-ADS: ¿Qué sabe de los nuevos escritores colombianos?

-EB: En mis inicios, cuando no lograba publicar, siempre me molestó leer en la prensa a ciertos escritores que iban de entrevista en entrevista citando a su lista de amigos como “los elegidos”. Cada escritor intentaba imponer su canon, el canon de los amigos conquistadores de la nueva realidad literaria. Hoy no quisiera yo caer en el mismo terreno. Conozco y leo literatura hecha por colombianos. He compartido foros internacionales con autores como Santiago Gamboa y Héctor Abad Faciolince, pero lo que más me interesa destacar es que la literatura colombiana, antes y ahora, mantiene un excelente vínculo con la ficción.

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