Presentación del libro Academia de Solitaría y Tristeza de Rubelio López y Gabriel Lopera


Medellín / Colombia.


Este martes 12 de julio, a las 7:00 p.m., en la Casa Museo Otraparte (Dirección: Carrera 43A N° 27A Sur - 11, Envigado, Medellín), se llevará a cabo el lanzamiento de Academia de Solitaría y Tristeza (Silaba Editores) de Rubelio López y Gabriel Lopera.


Sobre el libro


Por: Luis Miguel Rivas


No me acuerdo bien del día que dicen que fui a leer a la Academia de Solitaría y Tristeza. Aunque seguro que sí fui. De lo que nunca me voy a olvidar es de la Academia en sí, de su historia y de sus alumnos y profesores, después de leer este primer tomo de las memorias que tan prolijamente han compilado Gabriel Jaime Lopera y Rubelio Alberto López, autores cuyos nombres parecen sacados de la realidad. Empecé a leerlo un domingo por la tarde con la sospecha de que la combinación de libro y momento no era la más adecuada para los propósitos optimistas que venían orientando mi vida. ¡Y cuán equivocado estaba! Con respecto a los propósitos optimistas. Sin embargo, a diferencia de los tantos manuales para estimular la depresión e invitaciones/disuasiones al suicidio que he leído, en este texto la deshalladez no se me apareció como un callejón oscuro y cerrado sino como una autopista ancha y sin límites, plena de libertad y por eso mismo llena de angustiosa desazón. Pocas veces había gozado tanto con las desgracias y miserias mías vistas en el alma de otros. Nunca se me había arreglado tanto el caminado con el desbarajuste iluminador de un andar ajeno; porque las grietas del alma descuadrada de este libro supuran gracia, lucidez y risa, como señales de las microscópicas vibraciones lumínicas que hay en la base de la oscuridad. Al lado o detrás de la pléyade de personajes entrañables que pueblan estas páginas me pareció ver las sombras de Juan José Arreola y Felisberto Hernández tomando tinto en una tienda de Envigado, y al fantasma de Cortázar bebiendo trago barato con los de Les Luthiers en una acera de Itagüí, y a Macedonio Fernández comiendo calentao en un negocio del centro. Considero este tratado sobre la plenitud de la carencia como una de las lecturas más recomendables para los adolescentes de cualquier edad, o mejor, para los adoloridos de todas las edades.



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