Aclaración pertinente sobre Federico García Lorca

Federico García Lorca
Federico García Lorca


Por: León Gil (@LeónGil2011)


Dado que algunos amigos me han indicado –y con razón- de manera implícita que en los versos de García Lorca que reproduje en mi correo ‘García Lorca arremete contra los maricas’, no existe homofobia alguna por parte del grande y noble poeta español, me veo en la obligación de hacer unas breves observaciones al respecto, que pretenden demostrar mi total acuerdo con la opinión de mis amigos.

Pero antes quisiera citar al menos dos de ellas.



Raymundo Gomezcásseres (novelista, poeta y profesor de la U. de Cartagena, su ciudad natal):

“Bueno poeta, yo no sé si estaré equivocado, o leyendo mal, pero me parece que el viejo 'Fico' se refiere a una clase de marica muy particular: el despreciable, el "loca", la "mariqueta". ¿Por qué pienso eso? Por el cierre del poema:



Que los confundidos, los puros,

los clásicos,
los señalados, los suplicantes

os cierren las puertas de la bacanal.


(Subrayados míos)



Después de su 'diatriba' 'Fico' habla de lo que podría considerarse los maricas buenos: "los puros", "los clásicos", "los señalados" (o discriminados, como lo fue él hasta su muerte) etc., que deben cerrar "las puertas de la bacanal" a 'las mariquetas locas' que son "asesinos de palomas" etc, etc, etc...

Un saludo afectuoso. R. Gc.”



Eufrasio Guzmán (poeta y ensayista, profesor de la U. de A.):

Gracias León por llamar mi atención sobre esa Oda, más que una paradoja lo que hay allí es un pensamiento, una reflexión poética sobre la homosexualidad, el modo de amar y es clara una fulminante crítica corrosiva a la homosexualidad urbana, promiscua:


"Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.



Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.



¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta"

Y por eso diferencia a los que llama "confundidos, puros, clásicos" de los que sindica con fuertes adjetivos e imágenes que hacen del poema un pensamiento rico y denso sobre el tema.

Mi saludo fraternal.



Dice Raymundo que el poeta “se refiere a una clase de marica muy particular: el despreciable, el "loca", la "mariqueta".



Y señala Eufrasio: “…es clara una fulminante crítica corrosiva a la homosexualidad urbana, promiscua:



"Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.



Y ambos coinciden en señalar la discriminación que hace el poeta entre los maricas que abomina y aquellos que respeta y hasta admira, citando los últimos versos (no del poema) del fragmento que copio en mi correo:



Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.



Mi hipótesis es que el poeta expresa su encono de manera directa e injuriosa es contra los maricas prostitutos de las ciudades, aquellos que van por ahí propagando enfermedades venéreas sin consideración alguna; tales como la blenorragia y la sífilis, tan comunes en aquella época. Dos versos del poema creo que dan prueba de ello:



Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.

Y de hecho, cita los apelativos con los que se les conoce en algunas ciudades y países:



Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.



Y para terminar, y confirmar un poco mi hipótesis de que no solo tenía respeto sino hasta admiración y simpatía por los maricas “…puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes…”, cito este breve poema de su libro Canciones (1921 – 1924):



Canción del mariquita



El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!

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