Cuando los maestros se encuentran: El día que Borges conoció a Cortázar

No. 7514 Bogotá, Viernes 26 de Agosto de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra




El sueño de la razón produce monstruos. Apuntes sobre la literatura latinoamericana.

Por: Juan Camilo Rincón*


Este 26 de Agosto se cumplen 102 años del natalicio del autor de Rayuela y vamos a recordar sus encuentros con el escritor de Ficciones, que fueron tan importantes para la literatura de nuestro continente.

El primer contacto ocurre en sus años de juventud. Desacertado sería decir que fueron amigos, pero sí puede afirmarse que su relación con él fue determinante para empezar su recorrido como escritor. Hacia 1946, Jorge Luis Borges, Secretario de redacción de la revista Los anales de Buenos Aires, narra:


“… una tarde como otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito. Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer. Volvió a la semana. Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta”.


Poco tiempo después, Cortázar encontró en un ejemplar de la revista ilustrado por Norah, hermana de Borges, la que sería la primera publicación de su extraordinario cuento “Casa tomada”.

Esta publicación significó su arribo a las ligas mayores de la sociedad literaria argentina. Cortázar recuerda años después lo importante que fue esto: “El mismo Borges me hizo pedir otros textos para su revista, y así salieron Los reyes y 'Las puertas del cielo' o 'Bestiario'”. Estos escritos son los más importantes que publicó en Buenos Aires.

Luego viaja a París en un exilio auto infligido que durará hasta el día de su muerte. Allí, en Europa, se cruzó en otras ocasiones, no menos notorias, con el autor de Ficciones. En 1964, Julio Cortázar le habla a su amigo y editor Francisco Porrúa sobre un encuentro casual con Borges en las instalaciones de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura - Unesco:


“Al cruzar el hall de la Unesco con Aurora para ir a tomarnos un café a la hora en que está terminantemente prohibido y por lo tanto es muchísimo más sabroso, lo vimos a Borges con María Esther Vásquez, muy sentaditos en un sillón, probablemente esperando a Caillois. Cuando me di cuenta, cuando reaccioné, ya nos estábamos abrazando con un afecto que me dejó sin habla. Mirá, fue algo maravilloso. Borges me apretó fuerte, ahí nomás me dijo: `Ah, Cortázar, a lo mejor, ¿no?, que yo le publiqué cosas suyas en aquella revista, ¿no? ¿Cómo se llamaba la revista, che, cómo se llamaba?´ Yo casi no podía hablar, porque el grado de idiotez a que llego en momentos así es casi sobrenatural, pero me emocionó tanto que se acordaba con un orgullo de chico de esa labor de pionero que había hecho conmigo. Entonces le recordé a mi vez todo lo que eso había significado para mí, sobre todo porque él me había publicado sin conocerme personalmente, lo que daba muchísimo más valor a la cosa. Y entonces Borges dijo: `“Ah, sí, claro…Y usted a lo mejor se acuerda, ¿no? Que mi hermana Norah le hizo unos dibujos muy preciosos, ¿no?´ En fin, yo estaba hecho un pañuelo. Después lo escuchamos a Borges en su conferencia sobre literatura fantástica, dicha en un francés excelente y a los días vino a la Unesco y les rajó una charla sobre Shakespeare que los dejó a todos mirando estrellas verdes”.


Esta carta muestra la profunda admiración de Cortázar por Borges, que se ve reflejada en constantes citas en sus novelas y su obra crítica. Un ejemplo es Rayuela, en la que su personaje Morelli incluye a Borges en un listado de reconocimiento de la creación de su obra (capítulo 60).

El autor de El Aleph también recuerda este encuentro, específicamente en relación con la publicación de “Casa tomada”, lo cual fue posible gracias a Borges. Cortázar le hace esta confesión: “Lo que yo quería recordarle también es que ése fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía”; dichas estas palabras, Borges pensó: “Yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar”. Años después, en una conversación con Fernando Sorrentino, Borges rememora:


“Nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y desde entonces él está en París, y yo estoy en Buenos Aires, creo que profesamos credos políticos bastante distintos, pero pienso que, al fin y al cabo las opiniones son lo más superficial que hay de alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan”.




Como es bien sabido, Borges escribió varios textos sobre literatura para diferentes revistas de Latinoamérica, y Colombia tiene una feliz anécdota al respecto: en 1980 fue publicada en Cromos una nota de aquel sobre Cortázar, titulada “El previsible manuscrito de ese alto muchacho”. En ella, con su extraordinaria modestia, habla sobre el gusto que sintió al leer los cuentos del cronopio: “He leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. 'Cartas de mamá', el primero del volumen, me ha impresionado hondamente”.

En un conjunto de entrevistas hechas en 1979 por Ernesto González Bermejo a Cortázar, este cuenta de qué manera fue influenciado por la obra de Borges en su infancia:


“El choque que me produjo a mí la escritura de Borges fue sin duda el más grande que yo había recibido hasta este momento. Porque había tenido muchos choques pero eran siempre con escritores extranjeros, franceses, ingleses, que no tenían por qué repercutir en mi idioma (…) era una experiencia que un joven escritor sensible tenía no solamente que recibir sino que aceptar y seguir”.


Luego concluye: “La gran lección de Borges no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas. Fue una lección de escritura”.

Un año después, en 1980, Cortázar dictó ocho clases magistrales sobre literatura en la Universidad de Berkeley. En ellas habló sobre la labor de escritor y sus caminos, la creación del cuento, la musicalidad y el humor en la literatura, el erotismo y sobre quienes lo habían influenciado. Hizo énfasis en la importancia de leer al autor de El hacedor en su juventud: “Jorge Luis Borges significaba para mí y para mis amigos una especie de cielo de la literatura, de máxima posibilidad en ese momento dentro de nuestra lengua”.

Ambos se toparon de nuevo años después en el Museo del Prado en Madrid, con María Kodama como testigo. Los dos se encontraban apreciando algunas obras de arte; tras haber visto a Cortázar, aquella decidió suscitar el reencuentro:


“Cuando lo vi... con su figura inconfundible, yo estaba delante de El perro semihundido, de Goya, uno de mis cuadros preferidos. Y entonces se lo dije a Borges, y él me preguntó si yo quería saludarlo, y yo le contesté que sí... si él quería. `Sí, claro... ¿por qué no?´, me dijo”.


Luego se precipita el momento mágico; ella recuerda que:


“En el mismo momento Cortázar -un escritor más que consagrado en aquella época- vio a Borges, y entonces se acercó, y fue divino, y maravilloso, y único... uno de esos instantes irrepetibles que nos regala la vida. Cortázar le recordó que le había llevado su primer cuento, y destacó la generosidad de Borges con él. Este rió y le dijo: `Bueno, no me equivoqué, fui profético´”.


La hoy viuda de Borges fue feliz espectadora de uno de los momentos más importantes de la literatura latinoamericana, justo en el encuentro de los dos escritores que más quería y admiraba, y a quienes ahora amamos los grandes perseguidores de las buenas letras.


*Periodista de la Universidad Externado de Colombia y escritor. Publicó el libro Manuales, métodos y regresos con Arango Editores (2007); Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia con la editorial Libros & Letras (2014), libro reseñado en varias publicaciones nacionales e internacionales; y Viaje al corazón de Cortázar. El cronopio, sus amigos y otras pachangas espasmódicas editado por Libros & Letras (2015) y presentado en Colombia, México y Argentina.

JUAN CAMILO RINCÓN

*JUAN CAMILO RINCÓN.

Periodista y escritor. Publicó Manuales, métodos y regresos (2007, Arango Editores). Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia (2014, Libros & Letras), Viaje al corazón de Cortázar. El cronopio, sus amigos y otras pachangas espasmódicas (2015, Libros & Letras). Leer más AQUÍ
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