García Lorca arremete contra los maricas


Nota enviada por León Gil (@LeónGil2011)


Walt Whitman jamás reconoció abiertamente su homosexualidad; sin embargo, hay testimonios de personajes como Oscar Wilde, quien dice haber conocido a Whitman en Estados Unidos en 1882, y escribió al activista por los derechos homosexuales George Cecil Ives que no había dudas sobre la orientación sexual del gran poeta. “Todavía guardo el beso de Walt Whitman sobre mis labios”.

También Edward Carpenter; ya anciano, cuenta a Gavin Arthur un encuentro erótico que tuvo en su juventud con Whitman.

Al final de su vida, cuando a Whitman se le preguntó si su serie de poemas intitulada Calamusera de carácter homosexual, el poeta prefirió no responder.

En cuanto a García Lorca, quien también trató de llevar su homosexualidad con discreción, si existen pruebas de que tuvo varios amantes; como fueron Emilio Aladrén, Rafael Rodríguez Rapún, Eduardo Rodríguez Valdivieso y el no correspondido físicamente de Salvador Dalí.

De Hecho, cuando lo mataron le dijeron que lo hacían por socialista, masón y maricón. Se dice que la misma mañana de su asesinato, ocurrido el 18 de agosto de 1936, “Juan Luis Trescastro entró en un bar granadino y dijo en voz alta, para que todos le oyesen: Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón”.

Y bien, ¿a qué vienen estas dos anodinas notas sobre la homosexualidad de los dos grandes poetas? Pues a la gran paradoja de que en uno de los más celebrados poemas de García Lorca, Oda a Walt Whitman, de su libro Poeta en Nueva York, hay unas estrofas donde arremete con virulencia contra los maricas de todo el mundo. Aquí están:

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

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