Homenaje póstumo al escritor colombiano Jairo Aníbal Niño

Jairo Aníbal Niño
Jairo Aníbal Niño Fotografía por: Libros y Letras


Enviado por Panamericana Editorial.


En el sexto aniversario de su muerte.

Ante el agitado trasegar de la vida adulta parece que las reminiscencias se convierten en un preciado talismán para volver a la calma y la quietud. Muchas de nuestras historias más fraternas y significativas durante la niñez, seguramente, estuvieron acompañadas por la presencia de un libro.

Soñar, entonces, era más sencillo. Gozar de pequeños rituales como disfrutar de las tardes jugando tín tín corre corre en el barrio, del helado con la familia los domingos, o apreciar todo lo que un libro nuevo nos contaba, todo ello sinónimo de alegría. Compartir un nuevo universo con las visiones de los compañeros en el colegio nos otorgaba criterio y creatividad. Permear nuestras tardes y noches con historias sensibles y mágicas, darle vida a cada personaje que por unos momentos dejaba de habitar las páginas, para acompañarnos como un amigo más, se convertía en un camino espontáneo hacia el asombro.

En muchos de esos recuerdos, sin duda, se suman los libros del maestro Jairo Aníbal Niño quien falleció hace casi 6 años, un 30 de agosto de 2010. Nació en 1941 en la cuna de la calmada tierra donde abunda la caña de azúcar, Moniquirá, Boyacá. En su adolescencia ejerció diversos oficios: actor de teatro, aprendiz de mago y marinero. En 1966, su obra El Monte Calvo obtuvo el primer premio en el I Festival Nacional de Teatro Universitario. En 1967, la misma obra recibió el premio al Mejor Espectáculo Libre del V Festival Mundial de Teatro de Nancy (Francia). Con su libro Zoro obtuvo, en 1977, el Premio Nacional de Literatura, Enka. En 1980, ganó el Concurso Nacional de Guiones Cinematográficos. En 1990, en México, recibió el premio Iberoamericano Chamán. En 1992, su libro Preguntario fue exaltado a la Lista de Honor IBBY, con sede en Suiza. En 1993, en España, le fue otorgado el premio Cuchillo Canario de Narración. En Cuba, La alegría de querer obtuvo el premio Misael Valentino. En 1996, en México, consiguió el Premio Caracol al Mérito.

Sus historias se inmortalizaron, y además de ser fundamentales en la historia lectora de nuestros padres y de nosotros, adultos contemporáneos, el halo esperanzador de su poesía está vigente en la niñez de la actual generación, quien se abriga con la suavidad e ingenuidad de sus narraciones.

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