Irene Vasco: Yo creo que los libros producen un enorme efecto terapéutico y sobre todo permiten dialogar

No. 7490 Bogotá, Martes 2 de Agosto de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra


Irene Vasco

Por: Fundalectura / Bogotá.


Irene Vasco ha recorrido todo el país para escuchar, contar y escribir historias alrededor de la guerra, la muerte y las transformaciones sociales, y aunque nunca fue a la universidad, se ha destacado por ser una de las mejores autoras de literatura infantil colombiana.

-¿Cuándo y por qué empezó a escribir?

-Mi mamá es una brasileña que llegó muy joven a Colombia, había estudiado canto en Brasil y luego se fue a París a seguir estudiando, donde conoció a mi papá. Recién llegada a Colombia nací yo y al poco tiempo nació la televisora nacional de Colombia; y a esta joven artista comenzaron a contratarla en la televisión para que hiciera los primeros programas infantiles.

Cuando yo tenía seis años, fue la primera vez que fui al Teatro Colón a verla cantando La Princesa y la Arveja, una ópera infantil de Luis Antonio Escobar. Desde niña, en mi casa había artistas, músicos y escritores creando cosas para estos programas en los que mi mamá participaba y ella muchas veces me pedía ayuda, pues como niña me decía: "Mira léete este cuento de Oscar Wilde porque vamos a ir a grabarlo y tú vas a ser la voz del niñito”; eso era una cosa para mi fantástica.

Había otra cosa maravillosa, en los programas de mi mamá ella hacía concursos y los premios eran libros, ella llamaba a las editoriales y los libros llegaban a la sala de mi casa, nunca se quedó ninguno, pero yo los podía leer mientras tanto. Cuando todavía no existía la promoción de lectura en mi casa se hacía promoción de lectura, mi abuela narraba, mi papá me contaba cuentos, era una familia donde la narración y la palabra escrita eran muy fuertes.

-¿Desde hace cuánto tiempo trabaja en torno a la literatura infantil y en pro del fomento a la lectura?

-Yo me casé y me llené de niños, tres hijos a los veinticuatro años y era una buenísima ama de casa, era una vida perfectamente familiar, lo único que hacía era leer, eso si todo lo que me caía, no podía para de leer.

A los treinta y algo de años me regresé a Colombia, mis hijos ya eran grandecitos. Un día mi mamá me llevó a donde Gian Calvi, un ilustrador que murió esta semana, y mi mamá me decía: "Es que él es brasileño y necesita alguien que escriba bien en castellano porque no puede entregar las cosas mal escritas. Tú vas un ratico cada día a ayudarle a corregir”. Entonces mi primer trabajo en la vida fue de copy, yo no quería trabajar, pero conocí y fue como si el mundo se abriera.

Gian Calvi y Lucila Martínez, su esposa, tenían a diez personas trabajando, hacían un libro por día. Entonces un día me dijo: "Pero es que tú tienes que escribir, Irene, ¡escribe!”. Entonces yo me puse a escribir.

Murió anteayer y yo todavía sigo teniendo ese peso, porque seguimos siendo amigos para toda la vida. Y hay una paradoja, tuvimos proyectos por montones para hacer no sé cuántos libros, tengo los bocetos, tengo caratulas y nunca hicimos un libro juntos. El primer libro que publiqué con Carlos Valencia Editores, lo iba ilustrar él, Don Salomón y la peluquera, pero estaba en esa época en un proyecto enorme en Brasil que se llamaba "Imagen Latinoamericana” y nunca tenía tiempo. Pero él me dejó un legado muy grande, el legado de esta vida.

Fue Lucila, la esposa de Gian, la que me empujó, ella antes de irse con Gian para el Brasil había sido directora, creo, de la Biblioteca Nacional, Secretaria General del CERLALC y ella es bibliotecóloga; me metió en este mundo de las bibliotecas, del que no he podido salir y no quiero salir jamás. Cuando yo tengo que llenar papeles y me preguntan profesión u oficio, yo pongo bibliotecaria, porque eso es lo que yo siento que soy realmente, aunque nunca he trabajado en una biblioteca.

-¿Cuál cree que debe ser el papel de la literatura infantil en el contexto de posconflicto?

-Yo creo que ahora se puso de moda y está como la conciencia de eso, pero toda la vida la literatura ha hablado de la guerra y la paz; el amor y el odio; las perversiones y las bondades, no son temas de este momento, sólo que ahora se miran con más atención por el posconflicto.

El posconflicto, pienso, tiene que ver mucho más con un bienestar social y con una mejor distribución para que todos vivamos bien. No hay que escribir porque es que estamos en el posconflicto, hay que vivir mejor y debemos tener más libros sobre esos temas y sobre otros y formar mejores lectores con mejores oportunidades para que haya un país mejor.

El posconflicto no es una fecha y no es un pos, hace 20 años la Biblioteca Nacional me mandó a cuatro lugares en guerra en Colombia, iba con los mismos libros que llevaría ahora y con las mismas propuestas. Estos libros ayudan a enfrentar, a mirar, a dialogar, a que crear un clima más armonioso, ahí no era posconflicto, ahí era la guerra.

Yo creo que los libros producen un enorme efecto terapéutico y sobre todo permiten dialogar y mirar al otro de otra manera, yo me puedo poner en los zapatos del otro a través de este libro y ver desde diferentes perspectivas una situación en la que yo creía que esa era la única vía.

-¿Cuál es el proceso de construcción de una novela infantil como Paso a Paso, Letras al Carbón O Mambrú perdió la guerra?

-Cada uno tiene un proceso tan distinto, de todas maneras parten de algo que me ha tocado, que me haya producido una conmoción interior.

Paso a Paso lo escribí hace 27 años y en esa época apenas comenzaban los secuestros en Colombia y unos amigos vivieron esa terrible desgracia, secuestraron al padre y yo estaba muy cerca de la madre que me hacía confidencias, que me hablaba de sus hijos y yo no podía para de pensar en eso y cuando no puedo parar de pensar tengo que escribir.

Antes del 2011, estuve en unos territorios muy terribles, en el Urabá y en los Montes de María, tuve que escuchar historias muy dramáticas y estar muchos días en uno de los territorios de paz del Urabá, de donde llegué enferma físicamente e interiormente, me costó mucho y es el único lugar al que no he sido capaz de volver.

La única de exorcizarme, de liberarme de todo ese peso es escribiendo y así salió Mambrú perdió la guerra, dolorosamente.

Letras al Carbón nació en un laboratorio de Fiesta de la Lectura en Quibdó. Tengo documentado todo lo que contaban las mujeres y yo iba anotando en mi libretica, me subí a la habitación y le escribí a Jeimy Hernández, que en esa época estaba en el Plan Nacional en el Ministerio de Educación, el título del correo era Letras al Carbón, yo me lo imaginaba como un libro de testimonios del Ministerio para adultos, contando cómo el país se había transformado de una generación a la otra, los padres de estas mujeres ninguno sabía leer; y eso me fue dando vueltas y vueltas en la cabeza hasta que se volvió un libro álbum.

-¿Cómo han influido todos los lugares que ha visitado y todas las historias que ha escuchado al momento de escribir sus libros?

-O las historias de mis hijos o las de mis nietos. Yo siempre digo que me copio, que yo no sé inventar. Cuando voy a los colegios los niños me preguntan que qué me inspira, yo digo: No, lo que yo hago es copiarme y contar a mi manera lo que vi.

Yo no veo bien, yo oigo sobre todo y si tú ves mis libros yo no describo, casi no puedo describir porque es que yo no veo, yo no me fijo, a mí lo que me importa es la historia.

-¿Cómo le contaba historias a sus hijos y qué les recomienda a los padres familia al momento de leer con sus niños?

Cuando ellos eran niños, ese tema de la promoción de lectura no existía, pero yo ya había hecho mi trabajo, les había leído muchos libros porque como yo era lectora para mí era muy importante leerles y siempre tuvieron buenísimas bibliotecas, no sé si los libros eran de la mejor o de la peor calidad, porque además no había tanta abundancia.

A los padres les recomiendo que lean con sus hijos y que aprendan a escoger los libros, para leerlos en voz alta, que creo que ha sido el lema de todos nosotros.

-¿Cuáles son los autores o libros de la literatura infantil colombiana que no hay que dejar de leer?

La alegría de querer, Jairo Aníbal Niño.

Celso Román, Los amigos del hombre

Ivar Da Coll, Chigüiro.

Triunfo Arciniegas.

Jaime Alberto Vélez.

Pilar Lozano.

Olga Cuellar.

Y voces comienzan a oírse, nuevos narradores. Hace poco leí a Marcela Velásquez ganadora del Premio SM con el libro Se resfriaron los sapos y me pareció maravillosa la novela, me dio tanto gusto volver a encontrar una buena narradora.

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