Literatura, educación y ciudadanía*


Por Antonio Acevedo Linares


La educación para la ciudadanía implica desarrollar principios fundamentales como el fomento de la autonomía de la persona, el respeto a su forma de pensar y de ser. El entendimiento de la persona que ante las diferencias y los conflictos, la única forma legítima de abordarlos es través del diálogo y, educar para la tolerancia y el respeto por el otro. La tolerancia entendida como reconocimiento del otro y no como soportar al otro, reconocimiento en el sentido que hace posible reconocer al otro con igualdad de condiciones que nosotros, con la misma dignidad y con la misma capacidad de tener razón y la verdad que nosotros creemos que tenemos 1. La educación para la ciudadanía tiene como objetivo fundamental favorecer el libre desarrollo de los individuos, consolidando la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad en la formación de individuos con capacidad de pensar con criterio propio, participativos y solidarios y que ejerzan la ciudadanía de manera efectiva y responsable, pero aquí la articularemos desde la perspectiva de una educación desde la literatura para la formación ciudadana. La literatura en la educación como factor determinante en la educación de la sensibilidad, la estética y los valores es tan importante, esencial y clave como la literatura como factor determinante para una educación de la ciudadanía, esto es, para la formación de ciudadanos con espíritu crítico y con un sentido de la solidaridad y la justicia social, valores fundamentales para la formación de una educación ciudadana en la sociedad contemporánea.

El escritor argentino Tempo Giardinelli afirmó que construir ciudadanía es construir lectores, y que una sociedad que no cuida a sus lectores, que no alienta el desarrollo del pensamiento, es una sociedad culturalmente suicida.2 El oficio de leer también nos convierte en ciudadanos y la literatura juega un papel fundamental en ese proceso, porque nos enseña a amar la patria con sus mártires o sus próceres, sus himnos o sus banderas. Se aprende a ser ciudadanos leyendo los poemas de amor de Neruda, los poemas libertarios de Vallejo o los poemas que cantan un país donde el verde es de todos los colores como en Aurelio Arturo, como se aprende a ser ciudadanos universales leyendo a García Márquez en Cien años de Soledad, a Borges en su poesía o sus ficciones como en el Aleph, a Ernesto Sábado en Sobre héroes y tumbas, a Octavio Paz en El arco y la lira, o a Cortázar en Rayuela, etc.



Biblioteca

El hombre que en ésta página

escribe ahora un poema acaso habrá

leído memorables libros de

su biblioteca como una aventura

mágica por antiguos mundos que

la memoria de la letra impresa

graba eterna o acaso como un grato

ocio que los griegos ya cultivaban

en el enigma de conocerse a sí mismo

allí están los prodigiosos volúmenes

que después de leídos ya no fuimos

los mismos como ese hombre que ahora

los sostiene en su mano por el lomo

abriendo sus hojas como un rumor

de cipreses en el viento húmedo

que siente en esa página abierta.




La formación ciudadana pasa por la literatura en tanto crea un sentido de pertenencia con un país o una sociedad, con sus símbolos y sus imaginarios que conforman nuestra nacionalidad. La literatura sueña también un país en tanto que fortalecen esos sentimientos de pertenencia y de reconocimiento que son los que definen una ciudadanía. Una educación para la ciudadanía es la que nos permite hacernos sujetos de derechos y deberes en una sociedad de la modernidad. La sensibilización que la literatura origina en los individuos a través de la lectura puede establecer una relación de amor o de odio con un país, porque pone en evidencia sus injusticias, sus miserias o sus maravillas o sus realismos mágicos y fantásticos.

La literatura reconstruye un país en sus orígenes y en su historia, canta sus paisajes, con sus vientos y sus ríos, en sus ciudades y en sus montañas, y lo convierte en poesía o lo narra o ficciona en sus novelas. La patria está viva en la poesía de sus poetas y en la narrativa de sus escritores. No se es un ciudadano a carta cabal quienes no conocen la historia de su país o su literatura o su arte. La literatura crea lectores como la ciudadanía crea hombres libres. El intelectual, el escritor, el poeta como ciudadano, su deber es reflexionar sobre la sociedad de su tiempo y poner al descubierto las contradicciones sociales, fomentar el diálogo y el debate, siempre en una búsqueda de la verdad, en una visión lúcida como corresponde a su condición de intelectual.



Dadiva

Acaso la poesía es ese

don que te fue dado en la tierra

aunque un hermoso poema sigas

intentando escribir

sabes que en una sola línea

de un poema hay muchos años

de oscura experiencia interior

que urdir un verso que te

redima en el mundo es un arduo

ejercicio de la lucidez

como saber que la belleza

es ese cielo a donde también

van los mortales como Safo

en el antiguo cielo de Lesbos.



Contribuir al fomento de la lectura y del conocimiento es contribuir al fomento de la creación de ciudadanía y por lo tanto de crear país. La consolidación de la ciudadanía no es posible sin la consolidación del acceso a la cultura y como dice Martín Barbero, hay que despertar lo que hay de ciudadano en el consumidor3, esto es, crear ciudadanos que sean participes y no espectadores del desarrollo 4. La lectura posibilita una inserción en la cultura y en la formación de la ciudadanía que forma individuos con capacidad política para cuestionar y que no acepta pasivamente los discursos dominantes del poder, la moral o las ideologías imperantes, originando nuevas posibilidades y nuevas visiones de las cosas y del mundo y construyendo su propio destino. La educación debe ser una práctica para la libertad como lo señalará Paulo Freire en su libro La Educación como práctica de la libertad (Siglo XXI, México, 1999).

Le damos sentido a nuestras vidas cuando leemos o escribimos, porque nos estimula la imaginación y nos construye a nosotros mismos y tiene la capacidad de descubrirnos nuevos mundos, nuevos continentes y ser capaces de imaginarnos un mundo distinto a la realidad a veces abyecta o cruel que vivimos y padecemos. El croquis que crea la literatura de un país es un viaje fantástico como en éste poema donde dejé consignado mi encuentro con los libros.



Biblioteca

Los libros como

el amor se definen

como un aforismo griego

y es que cada quien ha tenido

los amores como ha leído

los libros que se merece

esos que se hacen imprescindibles

como los hombres en Bertolt Brecht

y que me hicieron emprender

un viaje a Itaca con Cavafis

y con Juluis Fucik estar al pie del patíbulo

y entrar en los laberintos de Borges

y visto llover en Macondo

                    una lluvia diluviana

con Rimbaud recorrido

las calles de Paris como vagabundo

y con Henry Miller caminar

por las ruinas históricas en Grecia

o vivir las delicias de las aventuras

                  eróticas de sus trópicos

con Camus sentirme extranjero en Argel

o un lobo estepario en Hesse

y sentir la nostalgia de los poemas

humanos en Vallejo o en Neruda

el oleaje del mar de caracolas

               en Isla Negra

soñar con Chuang Tze

convertirse en una mariposa

o en Kafka despertar como Gregorio

Sansa convertido en un insecto

ir en busca del tiempo perdido en Proust

o cabalgar con Don Quijote en Rocinante

          por algún lugar de la Mancha

amo en los libros los diez días

que estremecieron al mundo

         el viejo y el mar

el amor de Madame Bovary

         y Ana Karenina

los cantos de Maldoror de Lautreamont

el cantar de los cantares de Salomòn

las hojas de hierba de Witman

los delirios de Artaud

el amor loco de Andrè Bretòn

la locura de Horldelin

Con una mochila de libros

a lomo de mula Che cabalgaba

         en Bolivia

Nazin Hikmet escribía

y leía en prisión.

En mi biblioteca Marx

y Sade entablan un diálogo

imaginario junto a Nieztsche

entre los poetas malditos

los surrealistas los anarquistas

los libertinos los cínicos

y los amantes de sophia y la poesía

en ese diálogo universal

que reanuda la biblioteca

en donde están los que no

van al cielo que no existe

sino los que viven para siempre

en las páginas de un libro.



Los vasos comunicantes que se establecen entre la literatura, la educación y la ciudadanía la atraviesan sus diferentes miradas sobre el hombre y la sociedad, pero que se articulan con un mismo propósito como es el de hacer de la educación un proyecto que incluya la literatura para la formación ciudadana través de la lectura para la formación de lectores y que nos deje soñar el paraíso, ese que soñó Borges en la forma de una biblioteca.



Referencias


1. Miguel Martínez. Educación y ciudadanía activa. Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación y la Cultura, OEI, España, 2010.

2. Encuentro Nacional 2007 de Bibliotecas Populares, Argentina, 2007.

3. Citado por Silvia Castrillòn. Alfabetización, ciudadanía y toma de conciencia. Biblioteca Digital, Universidad Ucesi, Cali, 2009, Pág. 77.

4. Silvia Castrillòn, Ibid, Pág. 77.


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