Un café en Buenos Aires en La Escalera Libros, la librería más encantadora de la ciudad

No. 7506 Bogotá, Jueves 18 de Agosto de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra



Por: Pablo Hernán Di Marco / Argentina / Especial para Libros & Letras.


Durante mi adolescencia soñaba con ser dueño de una librería. Todos mis amigos querían tener un bar, pero yo soñaba con una librería. Mi librería. Sería pequeña, un tanto escondida, repleta de anaqueles de buena madera, y también —¿por qué no? — misteriosa y encantada. No sé cómo fue que olvidé aquel sueño, pero sí sé que volví a recordarlo la semana pasada cuando, paseando por Buenos Aires, me encontré con La Escalera Libros, una librería tan misteriosa y encantada como aquella de mis sueños.

Entre anaqueles rebosantes me senté a conversar con Carolina Di Bella, la dueña de La Escalera, sobre los lazos que un librero tiende con las particularidades de su oficio, sus clientes, las editoriales, y también con los duendes que, según cuenta la leyenda, habitan los rincones más ocultos de ciertas librerías.

Me llama la atención la cantidad de gente que entra a las librerías como quien pisa un planeta desconocido, y dice: “Tengo que regalar un libro, ¿me recomienda uno por favor?”. ¿Qué libros solés recomendar, Carolina?

- C: A la hora de recomendar siempre me intereso por escuchar al lector, a la persona. También trato de percibir, tal vez eso sea más difícil de explicar. En general las búsquedas se orientan a libros de ficción y a libros infantiles. Trato de ofrecer al lector alguna lectura que lo sorprenda, o le presente algo nuevo. Si vienen por un policial, por ejemplo, les cuento de Fred Vargas, de Lemaitre o de Nesbo. Si vienen por una novela de esas entrañables, les hablo de El último día de Terranova de Manuel Rivas, o de Stoner de Williams. Si se trata de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez. Casi siempre las recomendaciones que hago tienen que ver con mis lecturas recientes, o mis gustos personales al leer. Cuando las conversaciones que se entablan lo permiten hablo de Clarice Lispector o de Marguerite Duras. También me sucede de recibir en la librería lectores que quieren empezar a leer, por ejemplo, autores argentinos o latinoamericanos. Ahí les hablo de Saer, Onetti, Rulfo, Denevi… Las conversaciones que ocurren en la librería son siempre nuevas, y los caminos por los que van transitando son parte de esa magia de la que hablabas al comienzo.

Te cuento una anécdota: muchos años atrás entré a una librería y pedí Lolita. El librero, que no tenía la menor idea de qué era lo que yo le pedía, me preguntó quién era su autor. Yo respondí “Nabokov”, y él, tentado de la risa me dijo: “¿Nabo cuánto?”. La anécdota es graciosa, pero también habla de cuánto se degradó uno de los trabajos más bellos: el de librero. ¿Por qué llegamos a esto?

- C: Es una pregunta compleja y su respuesta también lo es, porque ese “por qué” debe tener varias causas simultáneas. Supongo que esto que citás es una expresión parcial de una degradación mayor del ser humano, degradación que es parte de un proceso de deterioro global de lo humano. El que no lee no sabe, y a los que marcan los rumbos de las sociedades, los gobiernos por ejemplo, no creo que les interese mucho que la gente sepa, porque esto les ocasionaría unos cuantos problemas… Hay un sistema que propicia, protege y teje esta versión de “hombre” domesticado, ignorante, cuyas aspiraciones deben transitar ese carril de lo que las modas, las publicidades y los medios establecen. Si voy a un plano más concreto de tu pregunta, nosotros acá tuvimos nuestros años de país “delivery”, en el que se incorporó la noción de que todo es despachable. Y estar al frente de una librería supone ser lector, y ser un lector entrenado. No se trata de despachar. Esta lógica del despacho pone el foco en el “producto” e invisibiliza a las personas. ¿Ves? Esto también es parte de una de las causas. Incluso, hablar de un libro como un producto es en sí mismo es una especie de sacrilegio. Ese librero, además de no haber leído Lolita, no tenía cierta cultura de base respecto de la literatura, ni tampoco una educación que le dicte otras maneras de comportarse en esa situación que es un ejemplo claro de ignorancia.



¿Hay escritores con los que, por razones éticas o estéticas, preferís (o preferirías) no trabajar?

- C: Yo me dedico a leer libros y a contarle a los lectores acerca de los libros que leo, o leí. Se trata de la obra, no de la vida o la ideología del escritor. Es cierto que en muchas ocasiones no tengo ninguna clase de empatía o afinidad con algunos libros, sobre todo algunos ensayos políticos o históricos, pero esto no significa que no estén disponibles en la librería.

Hablame de los ladrones de libros. De esos que simulan leer pero en realidad se están metiendo una novela en un bolsillo oculto de la campera.

- C: Cuando ordeno los libros en La Escalera lo hago como si estuviera ordenando los muebles de mi casa. Sé qué libro está en cada sitio, tal vez sea una cuestión de memoria visual. Hasta ahora registré un robo y la sensación de pérdida emocional cuando me di cuenta me duró un largo rato, además de la indignación. Hay una zona ciega entre mi silla y la mesa central de la librería, y fue ese libro el que me robaron. Era un muchacho joven, que además habló conmigo. La sensación de despojo me sucedió cuando vi que en el hueco del libro que se llevó puso el libro de la pila de al lado...

Nombrame un libro maravilloso del que lamentás no haber podido vender ni siquiera un ejemplar.

C: Hasta ahora, uno de ellos, tal vez sea El llano en llamas de Rulfo. Pero siempre hay un lector para cada libro. La librería es ese puente en que uno y otro se encuentran, coinciden, y el librero es una especie de celestino...

Puedo imaginar qué ventajas tienen las grandes cadenas de librerías (yo las llamo librerías-monstruo) a la hora de competir contra librerías como la tuya. Pero también imagino que las librerías pequeñas tendrán alguna que otra ventaja a la hora de enfrentar esos monstruos. ¿Cuáles son?

- C: Hablar de ventajas o desventajas es relativo. Las cadenas son las que ponen las reglas comerciales, son las que marcan los descuentos, y las editoriales, sin importar que sean argentinas o filiales de una mayor, concentran en las cadenas su mayor porcentaje de presupuesto. El negocio estricto se resuelve entre ellos, son ellos los que dan los indicadores. Esto no es desventaja, es un dato de la realidad que tenemos que saber los que montamos una librería. Competir con esto es absurdo. Ahora, siempre hay puntos flacos, debilidades, huecos, y el librero tiene que volverse muy ingenioso para hacerlos notar ante el lector, para agregarle valor a su rol. También a los “grandes” se les pasan de largo muchísimos detalles, ya sea de acciones posibles para generar más venta o de acciones posibles para acercar mayor cantidad de lectores a tu librería. El aspecto más difícil de esta realidad es la valoración que las editoriales, en general, hacen de las librerías pequeñas respecto de las cadenas. Y aplican sobre las pequeñas condiciones y términos que no pueden aplicar en las cadenas. Siempre el más chico es comido por el más grande. El librero pequeño por el editor, y el editor por la cadena. Hay en esto también cuestiones vinculadas con la exhibición. En las cadenas hay tanto pero tanto que a veces tenemos la sensación de estar en un gran supermercado con góndolas y góndolas donde todo y nada se fusionan. A veces en las pequeñas librerías la exhibición es intencional, dirigida, yo como librera quiero mostrarle a mis lectores estos o aquellos libros, no quiero mostrarles todos... Y esta posibilidad es una gran ventaja para las editoriales. De todas formas, yo creo en la convivencia de todos ya que la finalidad que nos convoca a todos es LEER, que cada vez haya más gente que quiera LEER y que encuentre en la lectura una alternativa de superación y crecimiento, más allá de la diversión o el placer que de por sí encarna.

Toda buena librería es, inevitablemente, un lugar mágico. Pero para sostener esa magia hay que lidiar con una serie de cuestiones bastante humanas como el pago del alquiler, impuestos, trato con editoriales, etc. ¿Cómo lidiás con ese “lado b”?

- C: El lado B o la cuestión administrativa… No sé si puedo decir que “lidio” con esta cuestión porque en un punto creo que me equilibra en lo profesional. Antes de la librería, me desempeñé en editoriales bajo cargos de responsabilidad que ponían en juego estas dos caras, la creativa y la analítica. Se trata de montar un negocio y hacer que funcione, que sea “rentable”, pero no se trata de cualquier negocio, hay un sentido que día a día hace que todo ese lado B valga la pena. Es cierto también que las variables de contexto suponen todos los meses algo de incertidumbre, que a su vez nos obliga a estar atentos, a buscar alternativas, pero tal vez en eso hay también algo de magia. La falta de seguridad, el que cada día tengamos contacto con lo variable de la existencia, impulsa la vida.

No basta con contar con una determinada suma de dinero para montar una librería con alma. Se precisa (más allá de amor a los libros) también cierto conocimiento del mundo editorial. Antes mencionaste que trabajaste en editoriales. ¿Qué camino transitaste hasta llegar a estar al frente de La Escalera Libros, Carolina?

C: Fui Jefa de Producción en Eudeba, donde empecé con tareas de edición llevando adelante las colecciones Genio y figura y Pensamiento contemporáneo. Después fui de Jefa de Producción y Directora Editorial y de Producción para Argentina, Chile y Uruguay de Ediciones B. Y al fin fui Directora Editorial en Editorial Vértice. Y ahora, en paralelo a la librería, le estoy dando forma a mi propia agencia editorial y también estoy dando mis primeros pasos en la radio.

¿Radio? Contame algo más sobre eso. ¿Cuándo y por dónde podemos escucharte?

- C: Cada martes llevo adelante una columna sobre libros llamada La Escalera en el programa Con ojos de mujer que sale por www.arinfo.com.ar

Vamos con la última e inevitable pregunta de Un café en Buenos Aires, Carolina: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería, a qué bar lo llevarías, y qué pregunta le harías.

- C: Son muchos, pero voy a responder hoy y ahora. La elijo a Clarice Lispector, la invitaría a tomar café al Bar El Federal, en San Telmo. Lo de las preguntas es muy complicado para responder porque de pronto, luego de leer mucho la obra de una autora, llegás a una situación confusa como lectora sintiendo cierto “lazo de familia” con el escritor. Sin duda le agradecería, y trataría de explorar durante la conversación su propia búsqueda a partir de su escritura. ¿Qué respuestas busca? ¿A qué silencios propios les dio voz a través de su escritura?

Tengo una más. Es una pregunta casi secreta, así que te la haré al oído: hay una leyenda que cuenta que algunas librerías de Buenos Aires están conectadas por una interminable red de túneles. Y que allí, bajo tierra, una cofradía de duendes con sombreros extraños escriben e imprimen libros repletos de poemas, cuentos y novelas inolvidables. Yo sé que La Escalera es una de esas pocas librerías. ¿Alguna vez los duendes te dejaron deslizarte por esos túneles? ¿Cómo es ese mundo mágico?

- C: La magia, la maravilla sucede durante las conversaciones con las personas que visitan la librería. Hay algo, una confianza implícita, una sensación de que en La Escalera podés estar tranquilo, que propicia situaciones de mucha calidez humana, de acercamiento, de encuentro. Y los libros son el puente, aquello que nos convoca.



La Escalera Libros:

Gral. Lucio Mansilla 3803, barrio de Palermo, justo enfrente a la iglesia de Guadalupe.

La Escalera Libros en Facebook y Youtube:

https://www.facebook.com/laescaleralibros/?fref=ts

https://www.youtube.com/channel/UCvcKNN9Dm8kpZjKIL0NQ6GQ



Pablo Hernán Di Marco

* Pablo Hernán Di Marco.

Autor de las novelas Las horas derramadas (ganadora del XXI Certamen Literario Ategua 2010, España), Tríptico del desamparo (ganadora de la I Bienal Internacional de Novela «José Eustasio Rivera» 2012, Colombia), y Espiral (finalista del XIX Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2015, España). Desde Buenos Aires trabaja vía Internet en la corrección de estilo de cuentos y novelas.  Sígalo en Facebook: pablohernan.dimarco

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