Un librero se forma con trabajo, con vocación y con amor a los libros: Salomón Lerner

Salomón Lerner
Salomón Lerner


Fuente: Cámara Colombiana del Libro


Hace 20 años no pisaba suelo colombiano y sin embargo su legado se mantiene intacto, cada vez que hace memoria de cómo llegó a Colombia hace más de 65 años, se le iluminan los ojos y empieza a contar sin tropiezos la historia de una de las librerías más emblemáticas de Colombia, que lleva su apellido. Don Salomón Lerner es un hombre optimista y comprometido, considera que el libro nunca va a desaparecer, porque su instinto, el que siempre lo ha guiado, le dice que el libro no puede morir, sencillamente porque es sublime.

Don Salomón afirma que es un buen momento para Colombia y que las librerías deben renovarse para no desaparecer, por eso regresó, a reencontrarse con los viejos amigos, pero sobre todo a darle un regalo más al país que le brindó grandes oportunidades en su vida. La nueva librería Lerner ubicada en el norte de la ciudad.

Hablamos con él acerca del significado del libro en su vida, su formación como librero y editor, esto fue lo que nos contó.


-¿Qué era el mundo del libro, hace 60 años?

-Yo empecé vendiendo libros jurídicos, hace más o menos 65 años, en realidad yo era un vendedor aristócrata, porque estaba tratando de imponer una editorial argentina, que tenía libros muy valiosos e interesantes, como la enciclopedia jurídica, entonces solo veía a los rectores, a los profesores.

A Dios gracias hice eso, me sirvió para tener contacto con los principales juristas colombianos quienes empezaron a entregarme sus textos, que en realidad eran los apuntes y anotaciones de sus estudiantes. Ellos le dieron forma, y así puede hacer la colección de Grandes Juristas Colombianos, que con el tiempo se convirtió en un libro de texto obligatorio en las universidades.

El mundo del libro hace 65 años era sublime, porque yo estaba acostumbrado a Buenos Aires, un tratadista cuyo libro es de texto, es una niña mimada, tiene un cheque importante, porque sabe que sus libros se venden seguro. En Colombia, no hubo una sola persona que me pidiera dinero, ellos eran felices con que yo les editara libros y les regalara los ejemplares.

-¿Lo sublime del libro se ha desdibujado?

-Claro, se ha transformado, hace 65 años el concepto de la editorial no existía, la única era Carvajal, pero eran empresas de encargo, no eran editores, editores, eran empresas serias.

Una de las primeras librerías en las que se sirvió café a los clientes, fue la Lerner, en ese tiempo, yo personalmente atendía a la gente, sin saber nada de libros, y fue así durante mucho tiempo, pongamos unos dos o tres años, hasta que me fui enredando en otro tipo de negocios (la imprenta, la edición, otras cosas) entonces ya no tenía tiempo para los libros, ya no tenía idea de lo que era una novedad y no quería ser desagradecido con la gente que confiaba en mi, entonces tomé como norma no volver a la librería, o al menos no cuando estaba abierta.

-¿Porqué seguirle apostando al libro físico?

-Porque yo soy muy bruto, yo soy de otra generación. El instinto, que es el que ha guiado toda mi vida, me dice que el libro no puede morir, puede tener problemas, puede ser otro tipo de libro, tener otro enfoque comercial, pero es imposible que el libro desaparezca. Aunque las nuevas generaciones no saben leer en papel, pero bueno siempre quedaremos los viejos.

-¿Cómo se forma un librero?

-Un librero se forma con trabajo, con vocación y con amor a los libros. El libro en realidad, para mí ha sido maravilloso, porque gracias al libro en mi vida, yo no he encontrado una puerta cerrada, al libro le debo todo, todo lo que pude lograr y hacer, por las conexiones que me daba, por el respeto que me inspira. Por lo maravilloso que es el libro. Pero yo soy un librero desagradecido, espero que mis hijos continúen.

-¿Qué opina de los editores independientes?

-Yo fui el primer editor independiente. Precisamente, lo que va a ser la industria del libro en el futuro, no son las grandes empresas porque corren el riesgo de no ser nada en cualquier momento. El independiente, lo hace con muy pocos recursos, no puede morir nunca, todo lo contrario ¿cuántas empresas grandes en el mundo y de la noche a la mañana, desaparecen?

Un muchacho joven que comience a editar se puede cansar, pero no va a desfallecer. Me acuerdo que en mi juventud, había en Argentina una editorial muy importante, el Ateneo, y sin embargo terminaron vendiéndola por tres pesetas. Yo mismo he tenido talleres gráficos, en donde hacía dos millones de revistas diarias y sin embargo, llega un momento en el que las empresas, por una cosa o por otra, tienden a desaparecer. No creo en los grandes conglomerados, yo creo en los chiquitos.

-¿Qué hace diferente a Lerner?

-Eso se lo tiene que preguntar a Dios, me explico, yo soy un hombre de negocios, cuando cuento que tengo una Librería en Colombia a la que no visito hace 20 años y que aún así subsiste, vive y da utilidades, no tiene explicación. En realidad es gracias a la calidad de gente que hemos tenido, a lo largo de estos años.

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