Almas muertas, ficción rusa tan real que sirve para buscar similitudes con la España actual

No. 7543 Bogotá, Sábado 24 de Septiembre de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra



Por: Francisco Vélez Nieto*


Nikolai Gogol pertenece a esa estirpe de autores al que le corresponde por justicia el título de maestro de la prosa rusa del siglo XIX. Considerada esta la mejor de sus obras.

"No se qué leer", me comenta un vecino. Comentario que no sorprende en esta patria en la que se lee poco. La lectura, como elemento de defensa y refugio, ante tanto desvarío, mediocridad y explotación de los llamados “menos favorecidos por la fortuna”, me coge con un nuevo libro entre mano, Almas muertas, del gran escritor Nikolai Gogol (1809-1852, uno de esos fabulosos maestros de la literatura rusa junto a León Tolstoi, Dostoievski, Pushkin o Chéjov, extraídos de la amplia gama que nos ha donado aquella inmensa geografía).

Estremece la calidad y hondura crítica de esta obra. Almas muertas de Gogol, es constancia viva y acusadora del deber y compromiso literario con un pueblo por encima de los partidismos y el pesebre asegurado para los coros agradecidos. Y es que los clásicos, al permanecer vivos, solo necesitan abrirles una ventana de vez en cuando, especialmente pensando en las nuevas generaciones apresadas por el impacto mediático, esos que para que piquen los ingenuos e ingenuas se suelen exponer en montones con apetitosos cartelones en los grandes almacenes para mayor bombazo. Porque si aplicamos el dicho de "por mis obras me conoceréi"s, demos por seguro que estas reediciones de las obras maestras de la literatura protagonizan una continua y moderada permanencia.




Nikolai Gogol pertenece a esa estirpe de autores como su gran amigo Alexander Pushkin, al que le corresponde por justicia el título de maestro de la prosa rusa del siglo XIX, rico y caudaloso, embriagador y emotivo insuperable estas almas dormidas, considerada la mejor de sus obras, porque en ella dibuja con una ironía fina y realista de que manera transcurría la miserable vida del pueblo ruso. Para ello creó ese peculiar personaje llamado Chichikov dedicado a visitar ciudades pequeñas logrando relaciones con terratenientes consiguiendo llegar a acuerdos y poder comprar “almas muertas”, es decir la propiedad de siervos fallecidos en aquellas inmensas propiedades de las áreas rurales, para poder presentarlos, haciéndolos constar como siervos de su propiedad vivos y activos al no existir partidas de difusión, con el fin de lograr conseguir créditos del Estado para ayudarlos con fingida justicia humanitaria.

Es el elemento clave con el que el autor logra la sátira más perfecta que se ha escrito sobre la vida miserable en la Rusia campesina, que sumar a la corrupción e ineficacia de las administraciones de aquellos tiempos semejantes a estos que con cierto disfraz de modernidad caciquil no tienen mucho que envidiarles en lo que respeta a determinadas componendas de administrativas y bancarias. Una historia real rebosante de humanidad que analiza con ojo crítico y alma del pueblo la sociedad en su más putrefacto estado de descomposición y miseria, interpretada por una larga serie de personajes que perfectamente la escenifican e interpretan, gracias a este maestro de la narrativa.

Ficción tan real y emotiva como inolvidable, cuyo contenido justifica su permanencia en la lista literaria viva actual de calidad. Quienes conozcan esta magistral novela sonreirán si hacen comparaciones. Solo espero, que los pasos que nos llevan a la España irredenta, defensa espiritual de Occidente y los poderes establecidos, no utilicen también para las próximas lecciones los votos de las almas fallecidas para ganarlas, mientras se dan golpes de pecho con los que cubrir el expediente desde el escaparate de la indecencia y la más descarada mediocridad y falta de escrúpulos. Pues algo que se parece ya sucedió con los emigrantes de allá del charco y el voto por correo cuando las elecciones.

*Escritor, poeta y comentarista literario. Tomado de Mundiario

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