Anti poesía existencial en Cuba


Nota de Ramiro Lagos


Morir sin muerte es un libro de la poeta cubana Irasema Cruz. Confirma esta obra el concepto crítico de que la poesía está en todas partes y en todas las tendencias. Inclusive en la tendencia humorística, que se ríe de los payasos del dogmatismo dudoso. Sin embargo no se duda de que Morir sin muerte es un texto literario que fundamenta su énfasis en la poesía existencialista, la testimonial, la conceptual y la de brumosos relámpagos antipoéticos.

La autora escribe sus cavilaciones en prosa entrecortada a manera de exabruptos rítmicos interiorizados, que corresponden a las sugerentes ráfagas de su temática: “eclosión, oquedad, orfandad, guerra sin libertad, antagonismo, insomnio del crepúsculo, idealismo, renacer” y otros temas de sobresalto, como morir anticipadamente a golpe de circunstancias psicológicas. Y ya se descubre ahí la metáfora específica de su lamentar al dar con un Israel imaginado con su muro de lamentaciones y angustias agónicas. Y es que en varias ocasiones se menciona a Israel como punto geográfico referencial simbólico. Y ello distingue de alguna manera la estrategia de su pluma agitada en alto como antorcha de luz crepuscular, en cuyos fulgores póstumos agoniza el nadir.

Ante el muro mental de las lamentaciones en que el Israel evocado se metaforiza en Cuba, es sorprendente constatar cómo el texto en prosa, sin ser prosaico, le inspire a la poeta esa tendencia innovadora que hemos llamado “anti poesía existencialista”. Es cierto que como anti poesía sin rima ni ritmos métricos, mantenga sus sobresaltos, no del corazón, sino de la mente angustiada y tensa a punto de Morir sin muerte, pero ya comprometida con la parca en acecho. Mientras tanto se oyen a lo lejos las negras campanas del más allá.

Poesía pluritemática y abarcadora de espacios, la de Irasema Cruz, su libro es para leerlo de un tirón con ese poder imanador de sus palabras hasta llegar, con más optimismo a ciertos respiros atenuantes: “En circunstancias favorable mi corazón se sentiría vivo porque se aproxima un cambio de conceptos. Ahora sin el silencio y la no palabra como subterfugio de ovación…’’ Y finalmente, termina avanzando sus ecos a través de su voz epilogar: “Apúrate. Abrázame. No te acerques a los sensores. Cuídate de la radiación. Salta…Salta…Salta…” Quizás la poeta sugiera un salto de emoción por el cambio que se aproxima en la Isla, sin el aislamiento del mundo. La poeta no lo está. Ella ha publicado su libro en Méjico y yo me hago eco de su voz existencialista y testimonial en USA.



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