La escuela de la carne – Yukio Mishima


Por: Sra. Castro de Solo Libros


Escasas son las lecturas que deja tras sí este verano al marcharse, —entre ellas se encuentra La escuela de la carne, de Yukio Mishima—. Como el resto, una quisiera emplear el tiempo estival para dedicarse a lecturas atrasadas y esas novelas más largas que imaginamos ideales para las largas tardes de verano. Pero luego, por una razón u otra, la dieta de libros prevista no se puede cumplir. Esperemos que el nuevo año escolar se muestre más fructífero.

En La escuela de la carne, Mishima trata un tema interesante: el de la mujer mayor que seduce a un amante bastante más joven que ella. Desde luego, puede no resultar un tema novedoso, pero desde luego está menos manido que el caso contrario, cuando es un hombre mayor el que seduce a una muchacha. De hecho, solo ahora, y de forma aún tímida, nuestra sociedad empieza a considerar normal la relación entre una mujer mayor y un hombre más joven.

Muchos de los supuestos en los que se basan estas novelas (las de hombre mayor conquista mujer joven), aparecen en el libro de Mishima, pero invertidos. Taeko, la protagonista, es una mujer profesional con una buena posición económica que puede permitirse cualquier capricho. Senkitchi, el amante, es un joven que ha abandonado los estudios y trabaja en un bar, además de prostituirse ocasionalmente.

Debido a la belleza de Senkitchi, Taeko se ve irremisiblemente atraída por él. Y cuando conoce la situación del joven, decide ocuparse de él. No se puede hablar, por tanto y en sentido estricto, de seducción, sino más bien de relación comercial. Exactamente igual que sucede en las historias hombre maduro-mujer joven.



E igual que en esas historias, lo que empieza para Taeko siendo una simple aventura carnal, acabará convirtiéndose en un fuerte enamoramiento. Un enamoramiento en el que hay un fuerte componente de deseo de poseer, de dominar a la otra persona, por parte de Taeko; y un fuerte deseo de conservar la propia libertad y la propia esencia, por parte de Senkitchi.

Sobre esas tensiones y disensiones Mishima construye una novela bastante predecible y algo plana. Tal vez por esa costumbre japonesa de eludir el centro, la historia de La escuela de la carne parece quedarse en la superficie. El narrador, supongo que voluntariamente, no penetra en los personajes, en sus motivaciones últimas, y la historia se desarrolla así a medio gas. El lector se siente incapaz de empatizar con Taeko ni con Senkitchi y eso hace que los tira y afloja de su relación acaben por resultarle casi indiferentes.

No obstante, la novela tiene algunos momentos de brillantez que arrojan luz sobre la cuestión femenina. En primer lugar, la novela fue publicada en 1963, luego puede considerarse que Taeko es una mujer adelantada a su tiempo. En una sociedad patriarcal está divorciada, tiene un negocio y, además, un amante mucho menor.

Taeko es por tanto una mujer independiente y parece bastante indiferente a la opinión de la sociedad biempensante, y el narrador nos dice sobre ella:

Generalmente, los padres con hijas de conducta semejante a la de ellas lo que más quieres casarlas cuanto antes, una rapidez causante tal vez de que, en este caso, la vida matrimonial de esas tres amigas [entre las que se encuentra Taeko] hubiera sido, por igual, bastante desgraciada.

Si una virtud puede encontrársele a La escuela de la carne es la de poner de manifiesto que el matrimonio no tiene por qué suponer la felicidad de una mujer. Y que esta es muy libre de buscar su dicha, o su desgracia, por otros rumbos. Lo que sin duda es un pensamiento que todavía hoy, cincuenta años después, continúa siendo absolutamente vanguardista.

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