Mariana Enríquez: A veces un escritor no elige sus obsesiones


Por: Vivian Murcia G. / Tomado El PortalVoz


La periodista presenta su libro de cuentos 'Las cosas que perdimos en el fuego'

El terror es la palabra más repetida en las reseñas que se han escrito sobre el libro Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama) de la argentina Mariana Enríquez. A ella se le ha descrito como la heredera de H.P. Lovecraft, Borges o, incluso a Edgar Allan Poe, comparaciones que le parecen «excesivas».

Mariana Enríquez nació en 1973 en Buenos Aires. Es periodista, subeditora del suplemento 'Radar' del diario 'Página/12' y docente. Su escritura es realista y puede parecer terrorífica para quienes no estén dispuestos a acercarse a lo peor de la naturaleza humana. Ella lo hace porque en sus miedos íntimos están latentes los horrores de haber nacido en plena dictadura en un mundo «fantasmal» lleno de temores.

-¿Cuál fue el hilo conductor que siguió para elegir sólo 11 de sus cuentos?

-Elegí aquellos que tenían un aire de familia: narradoras y protagonistas mujeres, un horror más cercano al realismo que a lo sobrenatural, ciertos escenarios repetidos como la ciudad, las casas, los barrios del sur de Buenos Aires.

-En la reseña de la editorial se asegura que los protagonistas «son seres que luchan por apadrinar a seres socialmente invisibles». ¿De dónde surgió esa necesidad de protección en sus personajes?

-Posiblemente de cierta impotencia mal encaminada y de un poco de vanidad en la creencia de que -es posible la protección individual.

-Usted trata temas dolorosos, pero verosímiles y, por esto, terroríficos. ¿Qué es, para usted, lo verdaderamente terrorífico en su libro?

-En mi libro hay temas habituales del horror desde fantasmas hasta casas embrujadas, pero creo que el horror está dado por situaciones sociales, la niñez abandonada, la historia de violencia, la infelicidad, la pareja como un infierno, el cuerpo especialmente de las mujeres violentado por ellas mismas y por otros.



-¿Cómo se siente con que su escritura sea adjetivizada como de terror?

-No creo que sea tan fácil enmarcarla en un género pero, en todo caso, la etiqueta no me molesta. Los escritores que más admiro han escrito terror desde Henry James a Stephen King pasando por Shirley Jackson e incluso Cortázar.

-¿Ha influido el hecho de haber nacido durante la dictadura argentina en su escritura sobre el terror humano?

-Los miedos íntimos creo que se consolidan en la infancia y haber crecido en la dictadura Argentina con sus formas particulares y fantasmales del horror sin duda me marcó. También es uno de los motivos por los que cruzo horror y política.

-¿Se siente más cómoda con el calificativo de escritora del realismo sucio?

-Tampoco creo que ningún escritor se siente cómodo con etiqueta alguna.

-Usted no cierra de manera concluyente sus relatos, muchos lectores se sienten desconcertados. ¿Lo hace para darle más realidad a sus historias o es un sello de escritura personal?

Creo que el final cerrado tradicional de los cuentos es demasiado convencional. Prefiero historias menos tranquilizadoras, que aporten incertidumbre antes que cierre. Hay cuentos que necesitan un cierre pero otros no: me gusta pensar que no lo sé todo sobre el relato que, como una antena capto esa suerte de fragmento.

-En sus cuentos hay tensión entre el realismo y las situaciones sobrenaturales. Por esto, se afirma que usted recuerda a H.P. Lovecraft, Borges o, incluso a Edgar Allan Poe. ¿Cómo se siente con esas comparaciones?

-Son muy exageradas. Son maestros del género y del cuento con los que no se me puede comparar de ninguna manera. Yo prefiero, además, dialogar y dejarme influir por mis contemporáneos.

-Hay otra línea fundamental que cruza narrativamente todo el libro y es el de las mujeres y su relación, casi siempre traumática, con los hombres. ¿Por qué? ¿Es un tema personal o literario que le interesa particularmente?

-No lo sé. A veces un escritor no elige sus obsesiones. En este caso durante un determinado lapso de tiempo escribí relatos en los que dominaban las voces y las protagonistas mujeres. Pasó después de mucho tiempo de casi siempre escribir hombres. No tiene que ver con lo personal.

-Un verdadero cuento de terror es Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo, que esconde la historia de Cayetano Santos Godino, asesino de niños de 9 años en la Argentina de principios del siglo XX. ¿Por qué decide hacer esta historia como cuento y no como un reportaje?

-Elegí que fuese un cuento porque hay mucha investigación y no ficción sobre el Petiso y me interesaba más desde la ficción manipular al personaje, no someterlo a los datos y el rigor que requiere el periodismo sino convertirlo en un ser maligno y fantasmal lejos de la crónica policial.

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