Melodía en versos

Por: Carolina Aguilar Vélez


La poesía y la música han estado ligadas desde tiempos remotos.

Se han musicalizado poemas y cuentos en Alemania. Desde grandes como Goethe y Heine, hasta los Hermanos Grimm y Des KnabenWunderhom.

La música ha jugado un papel importante en ciertas novelas, así como la literatura ha generado un gran impacto en la producción musical.

La poesía es considerada la musa de la literatura. Al convertirse en un sentimiento estético por medio de las letras, en verso o en prosa, incita a la representación y asociación con otras manifestaciones artísticas. No solo en la música también en la pintura, el teatro y la danza.

Podemos encontrar a la poesía en un sin número de campos de las humanidades. Así, encontramos poesía social, política, filosófica, entre otras. En la actualidad, la encontramos ligada al avance tecnológico y científico.

La poesía trasciende como una forma de expresión más apreciada y valorada por su valor cultural y su sentido de la estética. Por su manera de ver el mundo a través de los sentidos.

Pero sin duda, donde encontramos una relación más estrecha con la música es en la creación poética. Más allá de esta expresión musical que la acompaña, la poesía en sí misma es tan experimentable como la música.

La gama de creación de versos puede ser tan amplia en cuanto a la métrica, la rima, estilo y género que su labor no solo limita a la inspiración sino a la técnica para lograr un ritmo adecuado a lo largo del poema y lograr un efecto similar al compás musical.

Tal como un compositor cuida su obra al unir notas, armonía, orquestación y estructura, un poeta transforma emociones y observaciones en letras armoniosas y bellas.

La principal herramienta de la poesía es la metáfora. Basándose en objetos e imágenes cotidianas experimentables y reales, lleva a contemplaciones sutiles de emociones, pensamientos y elementos circunstanciales e intangibles.

Algunos célebres como lo es Juan Ramón Jiménez, resaltan el valor sinestesico en sus creaciones poéticas. Como podemos contemplar en el siguiente extracto de su poema “Hora inmensa”:


Sólo turban la paz una campana, un pájaro...
Parece que los dos hablan con el ocaso.
Es de oro el silencio. La tarde es de cristales.
Mece los frescos árboles una pureza errante.
Y, más allá de todo, se sueña un río límpido
que atropellando perlas, huye hacia lo infinito...
¡Soledad! ¡Soledad! Todo es claro y callado...
Sólo turban la paz una campana, un pájaro...
El amor vive lejos... Sereno, indiferente,
el corazón es libre. Ni está triste, ni alegre.
Lo distraen colores, brisas, cantos, perfumes...
Nada como en un lago de sentimiento inmune...
Sólo turban la paz una campana, un pájaro...
¡Parece que lo eterno se coje con la mano!(…)


Juan Ramón Jiménez




La sinestesia es otro factor por el cual la poesía es tan apreciada y tan incomprendida. Al mezclar sensaciones de cada percepción humana con sensaciones internas, proporciona un nuevo valor al lenguaje. Es la luz a la propia incomprensión de las manifestaciones emocionales y brinda nuevos puntos de vista respecto a lo que experimentamos día a día.

Al manejar temas profundos, su interpretación queda al libre albedrío del lector. Para algunos es su punto débil, pero en realidad, en esta apreciación encontramos la clave al leer poesía.

La poesía no busca ser interpretada, solo basta sentir su música y dejarse llevar por el encanto en versos. Su finalidad es la de trasmitiruna emoción, una idea, un pensamiento, que sea capaz de sonrojarnos o hacernos estremecer o sentirnos amados.

Al ser una pieza artística no busca ser comprendida. Busca causar un efecto en quién la lee, dejar su magia impresa en cada lector y llevarlo a un plano nuevo de observación.

La poesía se puede sentir. Tal como la música se puede sentir.

Basta con abrirnos, contemplar la vida con otros ojos y experimentar el mundo alrededor para impregnarnos con la melodía de sus versos.

Para quienes escribimos poesía, encontramos en ella liberación. Como yo lo diría “Un desahogo del alma”.

No solo está limitada a algunos. Basta con ser humanos, con ser padres, madres, hijos, niños, mujeres, hombres. Basta con existir para experimentar la sensibilidad del dolor, del amor, de la agonía, de la ausencia, de la cercanía.

Basta con levantarse cada día y ver el rayo de sol en la ventana para sentir la poesía en nuestro interior.

Es un camino literario donde nos despojamos de la apariencia de la realidad y abrimos paso a un nuevo mundo de sensaciones, donde encontramos nuevas formas de experimentar la vida y el vivir.

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