México y los amores platónicos

Por: Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)


México para los latinoamericanos y en particular para los colombianos ha sido un referente en los asuntos del corazón, gracias a su música, su cine y sus programas de televisión, que trascendieron fronteras. Una prueba de esto, ha sido la reciente desaparición del cantautor mexicano Alberto Aguilera Valadez, más conocido como Juan Gabriel, temprana muerte que seguimos lamentando.

Tuve conocimiento de Juan Gabriel, en los lejanos días del colegio, gracias a una compañera que era incondicional seguidora del artista. Beyanith, creo que así se escribe su nombre, quien rondaba los 15 años, era fanática declarada del compositor mexicano, hasta el punto que confesaba sin pudor que era su amor platónico. Eso me causaba mucha gracia, pues siempre he tratado, incluso desde muchacho, de aplicar razón y sentido común a mis acciones. Hasta que me llegó el turno de tener un “amor platónico” y también con una mexicana.

Años más tarde, cuando era estudiante universitario, un sábado al regresar a casa, observé que mi madre sintonizaba una telenovela, al sonar la canción que daba apertura a la emisión del capítulo, apareció ella con su interminable cabello cubriendo toda la pantalla. La protagonista se llamaba Lucero y la verdad tuvo el mismo efecto de un astro cósmico irrumpiendo en la sala de mi casa, en ese momento, sentí lo más cercano a una experiencia mística, el convencimiento que no había visto jamás una criatura más bonita sobre la faz del planeta Tierra. Semejante impacto solo ha sido superado por el feliz encuentro con mi amada esposa Patricia.

Hablo de Lucero Hogaza León, llamada la Novia de América, artista integral quien sigue vigente en el mundo del espectáculo, más conocida por aquellos días como Lucerito, porque siendo una niña había comenzado en la actuación y la música. La telenovela se llamaba “Cuando llega el amor” y por aquel tiempo lanzó una canción titulada “Electricidad”, quien escribe estas líneas, en efecto había recibido una amable descarga eléctrica. Pero la historia no paró ahí, pues meses más tarde se anunció una visita promocional de Lucero a Bogotá. Cuando llegó la fecha, desplegué todas mis habilidades de detective y pude averiguar en qué hotel se hospedaría, le escribí una carta y en el último día de su estancia, fui directamente al hotel con la esperanza de verla.

Lo interesante de la anécdota, es que contra todo pronóstico pude conversar con Lucero, pues superando a muchos otros seguidores y periodistas apostados en el lobby del hotel, ella al saber de mi presencia accedió a recibirme. Encontré que aparte de bonita, era un ser humano inteligente, sensible y con un gran sentido del humor, quien además había leído mi carta y le parecía que yo tenía talento para escribir, gentil comentario que me motivó bastante en mi vocación por entonces. Me quedó una grata impresión, un afiche autografiado y una fotografía que conservo del encuentro, ella se llevó unas flores colombianas y el aprecio sincero de un seguidor, que todavía lo es, al menos en Twitter. Por aquellos días fui inmensamente popular entre allegados y amigos, al mostrar orgulloso esa fotografía. No se diga, lo dichoso que me sentí.

Luego de esa experiencia pude entender a Beyanith, quien, en donde se encuentre, debe estar comprensiblemente adolorida por el fallecimiento de Juan Gabriel, ídolo de millones de latinoamericanos, un genio de la composición musical cuya vida ha sido brillantemente interpretada por el actor colombiano Julián Román en una exitosa serie de televisión. Todo esto para decir, que sin lugar a dudas, los hispanoamericanos y muy especialmente los colombianos, llevamos a México en el corazón.

P.D.: El anterior texto fue publicado inicialmente con mi apellido de pila en la columna que tengo en El Correo del Golfo, único medio del Medio Oriente en español. Ahora bien, tuve la fortuna que el artículo fue generosamente comentado por la propia Lucero en Twitter, confirmando su noble naturaleza. Esto tuvo un efecto insospechado, jamás había tenido tantas reacciones en esa red social, en la que siempre he sostenido que no me interesa tanto la cantidad como la calidad, pero ha sido una grata experiencia y deseo aprovechar para agradecer los cientos de mensajes, todos bonitos y positivos, que destacan la crónica del encuentro de un joven aspirante a poeta con su motivo de inspiración hace veinticinco años. Ella sigue igual de radiante, el joven ya no lo es, pero sigue soñando y viviendo, que no es poco.

http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/2016/09/04/mexico-en-el-corazon/

No hay comentarios:

'; (function() { var dsq = document.createElement('script'); dsq.type = 'text/javascript'; dsq.async = true; dsq.src = '//' + disqus_shortname + '.disqus.com/embed.js'; (document.getElementsByTagName('head')[0] || document.getElementsByTagName('body')[0]).appendChild(dsq); })();
Con la tecnología de Blogger.