Solo – August Strindberg




Por: Sra. Castro / Tomado de Solo de Libros

En 1903 August Strindberg publica Solo, un pequeño relato autobiográfico escrito cuando el autor sueco sobrepasaba ya la cincuentena. De regreso a Estocolmo tras una década de ausencia, Strindberg se reúne con sus viejos amigos solo para darse cuenta de que ya nada le une a ellos. Poco a poco va abandonando su trato hasta quedarse solo, encontrando «un gran placer en oír el silencio y prestar atención a las voces nuevas que en él pueden sentirse».
Pero no debe pensarse que Solo es, en consecuencia, un panegírico de la soledad. Más bien puede entenderse como un estudio sobre la misma, en el que Strindberg va desgranando las ideas y sensaciones que una vida voluntariamente solitaria provoca en él.

No pretendo negar que al principio fuera difícil, ni tampoco que el vacío que se hizo en torno a me insistía en ser llenado. Al interrumpir mis contactos con otras personas me sentí, en un primer momento, como si perdiera fuerza. Pero simultáneamente, mi yo comenzó, por así decir, a cristalizar, a condensarse en torno a un núcleo, en el que todas mis vivencias se iban concentrando, dirigiéndose y convirtiéndose en alimento para mi alma.

Strindberg describe su régimen de vida: cómo vive, cómo organiza su día a día, sus pequeñas rutinas y las reflexiones que ocupan sus pensamientos. Cuando se lleva una vida igual, algo monótona, y no hay nadie que venga a alterarla con sus problemas o sus alegrías, poco a poco uno se vuelve hacia adentro, lo que no es malo. Pero también empieza a dedicarse a observar pequeñas minucias a las que tal vez en otras circunstancias no prestaría atención: los ruidos de los vecinos, la instalación de un comercio en la planta baja del edificio donde reside o los desconocidos con los que se cruza en sus paseos diarios.
Que la soledad, aunque elegida, se va haciendo pesada, se hace patente página tras página. El sentimiento de libertad e independencia que el autor experimenta y describe al principio va dejando lugar a una sensación de pesadez, de aburrimiento e incluso de desesperación.
Esa sensación alcanza su culmen cuando el verano llega y la ciudad queda desierta. En el vacío de las calles, en la quietud de su habitación, Strindberg echa de menos las canciones que su vecina tocaba al piano o el sonido del teléfono en el piso contiguo.
Si como ensayo sobre la soledad este breve texto puede resultar interesante, todavía lo será más para cualquier lector interesado en conocer mejor a uno de los creadores más destacados, pero también más polémicos de la literatura universal.
En Solo, Strindberg se muestra con todas sus luces y sus sombras. Recuerdos sobre su vida (recordemos que es ya un hombre mayor), impresiones sobre su día a día, reflexiones sobre religión, sobre literatura o sobre la sociedad de su tiempo pespuntean toda la obra. En ellas se mezclan su claridad de ideas y la independencia de juicio, pero también las rarezas y la soberbia de un alma extremadamente sensible, hecha sin duda para permanecer aparte del torbellino de la existencia.




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