Con el poeta Operé la poesía está en todas partes

Por: Ramiro Lagos


Sí, la poesía está en todas partes, hasta en la alcachofa cantada de Neruda y hasta la inspiración en la cocina del profesor y poeta español Fernando Operé. Su arte poético o su visión creativa se ejemplariza en un proceso pensador y observador que convierte su mirada lírica o su ensimismamiento conmovido en floraciones de sentimientos, pensamientos y en ritmos del corazón, en hallazgos de nueva luz con que alumbra su escritura.

Su obra es escenario de evocaciones del lejano ayer humano a lo cual se agrega la inspiración en la cotidianidad convivida al ritmo de su inquietud poética. Arte de su palabra creadora es haber convertido el alfabeto lingüístico de su lenguaje coloquial en un difícil campo de expresividad poética con sus paranomasias, sus matices, sus sinonimias, sus significantes y sus silencios sonoros. El tiempo cíclico del poeta abarca el tiempo metafísico que intenta eternizar después de haberse afirmado en “un pacto de vida con la muerte”.

El tiempo humano, humanizante y humanístico ha sido el abrazo abarcador de este gran poeta madrileño.



En las florestas de Virginia, USA, donde reside, la cotidianidad y la convivencia con las cosas y los seres que le rodean, parecen ser los signos distintivos de su poesía. A sabiendas de que la poesía está en todas partes, sus vivencias familiares le inspiran un cúmulo de invocaciones con el tema de la madre en la cocina, el hogar y sus estancias, invadiendo el tiempo con vibraciones y ritmos del corazón. Capaz de poetizar los lugares comunes con sencillos hallazgos poéticos, Operé transita por lugares rutinarios, entrando hasta la cocina sin tiznarse las manos creadoras, para indagar entre harinas, recordar y sentir el humano fuego que calentó su atmósfera. Ya uno se le imagina husmeando los aceites, las legumbres y el fogón. Se detendrá observando al perro que traza su círculo para echarse, como para recordarle que la poesía también da vueltas en experiencias circulares aunque su misión sea la de romper el círculo, para poder crear con más libertad y abrirse a otros espacios. “Soy duda y soy”, también filosofa, habla con su propio yo desconocido y nos confiesa que así construye su “elusiva leyenda”. Poeta y actor, Operé logra con su sencilla genialidad describir recintos hogareños olorosos de perfumes, escenificando memoriosamente sus acrobacias de ternura. Inclinado a las remembranzas, regresa a los sitios ha recorrido, dándole otra vuelta a la imaginación y robándole los pasos al tiempo desde su “amanecer harinero”

Escribir sobre la obra de un crítico dedicado a la docencia, que es a la vez poeta, constituye un desafío para quien acepta el reto dentro de la misma concomitancia de luz docente o luz creativa. Mas mi pluma no tiene interés en gastar tinta emulativa sino en vaciar el tintero para llenarlo de transparencias que permitan desvelar el perfil creador y el cuerpo textual de la obra en sus aspectos más sobresalientes: el de su trascendencia biográfica, su mundo poético y su doble cátedra de crítico y creador.

Con su poemario, Alfabeto de ausencias, Fernando Operé no hace sino agregar un peldaño más a su cumbre de escritor trascendido bajo nuevos destellos y bajo aquellos lampos poéticos de ayer que aún siguen alumbrando su obra. El aspecto positivo de estos alumbramientos es la constante lección de creatividad en función de un profundo rigor autocrítico. Libros, espejos de su propia imagen biográfica y de su arte difusivo de reflejos creadores son, por ejemplo, Acróbata de ternuras (1994) y Amor a los cuerpos (1997). En ambos, Operé abre amplios horizontes de neocreatividad. En Amor a los cuerpos, el arte creativo del poeta toma otros visos de relieves corpóreos más sobresalientemente eróticos y reflexivos, sin caer en el arrebato sensual. Gasta mesura en los trazos descriptivos en tomo a los atractivos exteriores y funcionales femeninos como foco estético constituido de variadas formas que retan al poeta a su poetización. Amor a los cuerpos es una obra triunfal por lo creadora. Logra en ella poetizar la más difícil configuración artística, la curvatura femenina más ostensible, como el culo de su poema ostentoso. El tema del trasero que en el genial Quevedo raya en procacidad humorística, en Operé se enfoca también con cierto humor pero gana en donosura. Es espejo del mismo modelo, pero aun imitando Operé al maestro, consigue su propio sello de creatividad original por su desarrollo, descripción y estilo


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