El extraño caso de la isla Panorama – Edogawa Rampo


Por: Sra. Castro / Tomado de Solo de Libros


Las fascinantes historias del japonés Edogawa Rampo parecen estar teniendo una excelente acogida entre los lectores españoles del género. Ediciones Jaguar había publicado alguna de sus obras antes de 2010; a principios de este 2016, Quaterni lanzó Los crímenes del jorobado y en los últimos meses han aparecido El extraño caso de la isla Panorama y Rampo, la mirada perversa. El mundo oscuro y algo esperpéntico de Rampo ha sabido subyugar a los lectores, pues por todas partes se encuentran las reseñas y comentarios positivos de las distintas obras publicadas.

Las credenciales de Edogawa Rampo no son para menos, ya que se le conoce como el padre de la novela policíaca moderna en Japón, creador de un universo propio donde el delirio y cierta depravación son los puntos cardinales. Así lo declara ya su nombre, que pronunciado en japonés suena como Estar Allan Poe, a quien Rampo rindió tributo.

En El extraño caso de la isla Panorama el lector podrá adentrarse en ese mundo alucinante, de atmósfera irreales y enardecidas donde lo imposible amenaza hacerse real. El argumento es prometedor: aprovechando la muerte de un amigo con el que guarda un enorme parecido, Hirosuke Hitomi decide suplantarlo y usar la enorme fortuna del finado para convertir en realidad un extraño sueño que le acompaña desde siempre.

Hitomi deberá vencer dos dificultades para realizar su plan. La primera es hacerse pasar por un hombre que está muerto y enterrado, para lo cual tendrá que regresar de la tumba de una forma verosímil. Después, deberá convencer a los familiares del difunto de que su vuelta a la vida es real, especialmente a la esposa del que fue su amigo.



El sueño para el que Hitomi necesita servirse de la fortuna que por medios tan poco convencionales espera obtener es convertir en realidad un proyecto que crecía en su mente desde niño.

Su sueño obsesivo era crear una obra de arte de grandes proporciones fundamentada en la naturaleza, en las piedras, los árboles, las flores, los pájaros volando libres, los animales e incluso los bichos más insignificantes que nacen a cada segundo. Igual que los músicos usan sus instrumentos para crear música, los pintores sus lienzos y pinturas o los poetas las palabras, él se serviría del sueño de la naturaleza creada por los dioses, no solo para transformarla a su antojo, sino para dar forma a sus ideales estéticos. En otras palabras, pretendía convertirse en un dios, modificar el orden de las cosas.
En El extraño caso de la isla Panorama se mezcla algo de las Veinte mil leguas de viaje submarino de Verne, algo de la descripción de Fantasía de La historia interminable y algo de El jardín de los suplicios, de Octave Mirbeau (en especial de este último). Las descripciones de los escenarios y trampantojos salidos de la insana imaginación de Hitomi se suceden a lo largo de la novela, revelando mucho sobre la mente que los creó.

Además de lo prometedor del argumento y de lo sensorial de la historia (las formas, los colores, los olores y texturas, la disposición de los objetos tienen una importancia capital en la historia), El extraño caso de la isla Panorama tiene pretensiones de novela psicológica, aunque puestas siempre al servicio de la trama. El escenario más tenebroso de la historia es el propio cerebro de Hitomi que lo sacrificará todo a la consecución de su objetivo.

Hitomi quiere ser un dios, un tirano al modo de los faraones que mandaron construir las pirámides. Hay en él un punto de sadismo y un intenso deseo de ser admirado como el increíble creador de un mundo desconcertante. Pero nadie juega a ser Dios impunemente e Hitomi acabará por sucumbir, como tantos otros antes que él. Eso sí, lo hará a lo grande.

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