El último donjuán, una novela de Andrés Mauricio Muñoz

No. 7572 Bogotá, Domingo 23 de Octubre de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra



Por: Paul Brito*


Una insinuación en la pantalla puede terminar habitando todos los espacios de tu vida.


Con El último donjuán, la novela de Andrés Mauricio Muñoz que lanzará la editorial Seix Barral en octubre, el autor recurre al tejemaneje de las relaciones amorosas por la web para abordar el dilema filosófico quizá más importante de todos: ¿qué tan real y virtual es el mundo? ¿Cómo se alimentan mutuamente esas dos dimensiones del ser humano? ¿Cómo se construyen los afectos y cómo se disuelven? Si uno siempre está lidiando con sus propias emociones y expectativas antes que con las mismas personas que las inspiran, ¿son más importante las ficciones que instauramos que el mundo real detrás de ellas? Todos estos asuntos de la comedia humana son tratados no desde la frialdad o la abstracción de las telecomunicaciones, sino desde cada célula nerviosa de los personajes. Al igual que en sus dos libros de cuentos: Desasosiegos menores (2010) y Un lugar para que rece Adela (2015), Muñoz disecciona la vida íntima de sus criaturas y nos ofrece una selfie profunda de la condición humana. Después de leer su novela, ya uno no puede volver a chatear sin una sensación de vértigo.

Este libro demuestra que la trama de una novela no necesariamente la tiene que proporcionar una secuencia central de eventos, sino que puede ser una idea encarnada a lo largo de distintos planos y secuencias, porque la vida también está llena de hipervínculos. Y todo esto dosificando los detalles y el suspenso, con una tensión que el autor suministra con naturalidad espaciando y contrayendo la narración, en ocasiones volviéndola transparente y en otras dejándola abierta, como un cursor que titila esperando la próxima tecla.


-Tu nueva novela tiene una estructura fragmentaria, con historias y personajes diferentes pero con un hilo común bien definido. ¿Responde eso a tu gusto por el cuento o a tu interés en esta novela por abarcar más matices del mundo virtual?

-No voy a negar que, devoto como soy del cuento, la estructura que decidí para la novela es un terreno propicio para mí; sin embargo, cuando estaba concibiéndola pesó más lo segundo que apuntas, relacionado con registrar, de alguna manera, los primeros merodeos de una generación que viviría metida de narices en el ciberespacio. Sobre todo aquellos que decidieron darle la cara al amor desde la pantalla de un computador, agobiados por esa otra versión que en el mundo “real” les volteaba la cara o los abofeteaba. Desde esa perspectiva necesitaba abordar esa realidad desde diferentes ángulos, para que esos matices se definieran de una mejor manera.



Andrés Mauricio Muñoz
Andrés Mauricio Muñoz



El mundo virtual es más fértil para que la fantasía alcance dimensiones épicas.


-Además de escritor, eres ingeniero en electrónica. ¿Qué tanto te ayudaron tus conocimientos y experiencia en ese campo para desarrollar esta historia sobre los entresijos de la vida cibernética?

-Siempre he separado estos dos roles. Pero claro, he reconocido también que la ingeniería me ha dotado de rigor a la hora de definir la arquitectura y los cimientos de mis historias, precisión para concebir el carácter de los personajes, como si de armar un lego se tratara. En este caso, aunque tal

vez esté desconociendo algún aporte de la ingeniería en cuanto a la concepción de la plataforma virtual donde hacen su nido estos amores, el Messenger de comienzos de siglo, creo que lo que más aportó fue la hondura con que decidí encarar el ejercicio. Me di la oportunidad de experimentar qué se sentía hurgar durante horas en la web, conocer gente de muchos países, dejarme seducir por otras culturas, encolerizarme por peleas absurdas en los foros o en los chats. Y claro, enamorarme también, ilusionarme con ese otro que comenzaba como una insinuación en la pantalla y terminaba habitando todos los espacios de mi vida.


-Cuando una persona se enamora ya sea de alguien remoto al otro lado del Messenger o de alguien concreto al lado de uno, ¿lo hace de la persona en sí o de la imagen que uno se forma de ella? ¿Qué tan real o virtual es el mundo?

-A mí me parece que, en ambos casos, nos enamoramos de la imagen que nos formamos de esa persona. En últimas todo es una fantasía, que a veces se concreta y en otras se diluye o desaparece en forma intempestiva, como un castillo de arena al que le dan un manotazo. Pero pasa también que el mundo virtual es más fértil para que esa fantasía alcance dimensiones épicas. En internet podemos ser quien queramos, ensayar vidas, probar personalidades, asumir roles que en nuestra cotidianidad nos resultan ajenos. Pero muchas veces, también, mostrar en verdad lo que somos, desatar para que ande libre nuestra propia identidad.


El último donjuán, una novela de Andrés Mauricio Muñoz
El último donjuán, una novela de Andrés Mauricio Muñoz


En últimas Todo Es una fantasía, que a veces se concreta y en otras se diluye.


-Más que la vida cotidiana o la electrónica, tu novela (como también tus cuentos) recrea sobre todo la vida emocional e íntima de las personas, sus deseos, afanes y frustraciones. ¿Ese mundo también virtual es para ti el más real?

-Siempre me ha preocupado la hondura emocional de mis personajes, sus frustraciones, sus agobios, entender qué los hace feliz y qué los abate. Esa preocupación también es evidente en esta novela, pero sobre todo mostrar ese pasado que cada uno lleva a cuestas y que lo hace más o menos vulnerable a ese mundo virtual que te redime pero también te devora con sus colmillos afilados.

De cualquier manera me parece que el amor virtual es más democrático. Tal vez en la web nos abrimos más. Ante la imposibilidad de sentir, oler o tocar a quien nos habla, nos entregamos con más devoción a indagar en el espíritu o el alma de ese otro. Ocurre, sin embargo, que a veces ese a quien percibimos es una construcción deliberada, un ser humano que por virtual se hace efímero, fugaz.


*Paul Brito.


Escritor. Autor de El ideal de Aquiles, Los intrusos, La muerte del obrero Y El proletariado de los dioses.

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