Los 15 libros fundamentales

No. 7570 Bogotá, Viernes 21 de Octubre de 2016 


Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra


Por: Luis Fernando García Núñez*


Difícil tarea. Como son difíciles esas en que toca escoger los mejores y, a veces, pensar en los peores. En este caso elegir los quince libros que debemos leer, los fundamentales, los indispensables. Se han hecho varias listas de los cien libros y todas coinciden en algunos que no se pueden descartar. Autores fundamentales y obras memorables, sobre todo en este año 2016 que se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, y cuatrocientos de la muerte del Greco, también en abril, un siete de ese mes. Coincidencias extrañas, emparentadas con el prestigio o el desprestigio, según se quiera ver.

Los buenos libros, como los buenos escritores, pasan cualquier lista. Trascienden los tiempos, las modas, las pervertidas estadísticas, las novedades. Se quedan para siempre y la lista se va cerrando. Ahí están los que siempre leemos. Los inmortales. Los clásicos, según ya conocida sentencia. “Un clásico es un contemporáneo permanente”, señalaba el monje cisterciense, historiador y escritor, Agustí Altisent. Eugène Ionesco decía que “Todo verdadero creador es clásico”.

Pero la lista de los quince libros fundamentales se inicia precisamente con dos libros, uno griego y otro latino: Odisea, de Homero, y Eneida, de Virgilio. Con la Odisea se abre el campo para cavilar en la Ilíada. Aquí domina mi gusto, preferir una por otra, pero las dos “implican numerosas realidades”. Ambas son “poemas épicos de enorme fuerza, sabiduría y belleza, que formaron a la juventud de la Grecia arcaica, y que el hombre moderno se asombra cuando las lee: por sus reflexiones filosóficas, por la penetración psicológica, por la belleza literaria, por la modulación de los caracteres de los personajes, por las fantásticas relaciones entre dioses y hombres, etc. Tras las leyendas épicas y heroicas hay un suceso histórico”, indica en el prólogo Antonio Alegre Gorri, en la edición de Gredos de 1993. Poco más para decir de forma sustanciosa. Los libros son también sus lectores, sus minuciosos y ávidos lectores, que escudriñan con sabiduría cada uno de los caminos y que buscan otros senderos, otras aproximaciones. Así, la historia del libro es también la historia del lector.



De la Eneida, la epopeya nacional y religiosa que canta la grandeza de Roma, ha dicho Francesc Fortuny que es la “Biblia” latina, así como el Antiguo y el Nuevo Testamento son la semita, y asevera que “quien no ha asimilado ambas ‘Biblias’ no puede considerarse occidental” y, sin duda, con buen tino, continúa “… la Eneida y el Nuevo Testamento se construyen sobre el fundamento de las mismas profundas preguntas humanas, al mismo tiempo, y casi en el mismo ámbito geográfico”.

He ahí un motivo más para leer este magistral poema de Virgilio, que se centra en Eneas, “un nuevo tipo de héroe caracterizado por la pietas, la intimidad responsable, el sentido de comunidad, la previsión”, arrastrado con algunos de los planos de la Odisea y la Ilíada.

Y luego, más de un milenio después, en los inicios del siglo XIV, una obra que ha dividido la opinión de los estudiosos, La divina comedia de Dante Alighieri. Como los libros ya citados, está llena de simbolismos, de frecuentes referencias a personajes mitológicos e históricos, entre ellos el mismo Virgilio, suspendida en el vértigo de la espiritualidad, cada una de sus tres partes, Infierno, Purgatorio y Paraíso, van bordando los misterios y los dilemas de la existencia, entre el bien y el mal.

Como el tiempo y el espacio son restringidos, y el número quince, aniversario de cristal, nos impone ir al grano, quiero saltar a dos autores ya nombrados: Shakespeare y Cervantes: Hamlet y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La primera, una de las varias, y formidables, tragedias que escribió Shakespeare, “anuncia y prepara por medios maravillosos”, desde los primeros actos, “sucesos capaces de acalorar la fantasía y llenar el ánimo de conmoción y terror”, por lo que le sucede a Hamlet, príncipe de Dinamarca. Del ingenioso hidalgo, solo decir que es obligada su lectura, que es la novela emblemática de la lengua española, que su historia está fuertemente atada a avisados escritores de todos los tiempos, que tanto el hidalgo como su escudero Sancho, son nuestros como son nuestras, en buena parte, sus vivencias.

Aunque tengamos que saltar unos siglos y dejar obras y autores asombrosos, llegamos a Víctor Hugo y Los miserables, una de las novelas fundamentales de la literatura romántica, sobre todo un libro que recoge las tempestades de una sociedad y época marcadas por las más infames desigualdades, por la injusticia, por la miseria. Es un canto a los ofendidos de todas las épocas. Aquí debemos detenernos en otro autor francés: Honorato de Balzac, representante de la novela realista y creador de La comedia humana, una suma de novelas que pintan detenida y pormenorizadamente a la sociedad francesa. De esas decenas de novelas destaco Papá Goriot, que describe con cierto cinismo a la familia, al matrimonio, a la sociedad. Dos escritores rusos, León Tolstoi y Fiódor Dostoyevski, insisten en los dilemas del ser humano en Guerra y paz y Crimen y castigo, respectivamente.



En Guerra y paz, Tolstoi narra las incidencias de la invasión napoleónica y una parte del siglo XIX ruso, en la que aparecen personajes, algunos históricos, de toda laya. Daniel Utrilla ha dicho que el autor dota de vida eterna a sus protagonistas, “consuma su milagro como creador, como ‘Dios creador’ de la literatura”. Los personajes de Guerra y paz, asegura, “derrochan vitalidad cuando aman, cuando meditan, cuando se baten a duelo, cazan liebres o bailan en salones palaciegos; están vivos cuando matan franceses en Borodinó, cuando se emboban ante la visión del zar Alejandro I…”. Crimen y castigo, de Dostoyevski, plantea desde otra faceta esas fatídicas debilidades de la sociedad, pero aporta, desde la psicología, una profunda reflexión de la miseria, de la injusticia, de lo espiritual, de la culpa. Raskólnikov, el protagonista, es desde entonces un hito de la literatura universal, un angustiado que con poco aliento va desnudando su alma…



Otro salto mortal. En la plenitud del siglo XX hay un autor japonés de una profunda claridad literaria, el premio Nobel de 1968, Yasunari Kawabata. Lo bello y lo triste, su última novela, puntualiza algunos de los temas que ha tocado en otras ocasiones: “Las infinitas pasiones que alberga el alma humana”, según Orlando Betancor, “la venganza, el amor, la soledad, la vergüenza, el dolor y el estigma de los celos. En este texto, se adivina entre las sombras la presencia amenazadora de la muerte que se cierne de forma inexorable sobre sus protagonistas”. Al mismo tiempo, y en el mismo país, surge la monumental figura de Yukio Mishima, amigo entrañable de Kawabata y autor de Confesiones de una máscara, supuestamente autobiográfica, escrita cuando tenía 24 años y reveladora de la farsa que muchos deben vivir para encajar en la sociedad, sobre todo en esas sociedades tradicionales y conservadoras que aniquilan y disminuyen al ser humano.

Imposible dejar pasar a Ulises de James Joyce, la mejor novela en inglés del siglo XX, según algunos críticos. Esta novela, larga y a veces tediosa es, sin duda, un referente de la literatura universal moderna. Es valiosa la notable influencia que ha jugado y podríamos sintetizarla en las

palabras de Dietrich Schwanitz en La cultura. Todo lo que hay que saber: “En 1922, el escritor irlandés James Augustine Joyce publicaba su Ulises, la novela del siglo. Joyce describía las aventuras por la ciudad de Dublín del pequeño burgués irlandés Leopold Bloom a lo largo del 16 de junio de 1904. Desde entonces, los admiradores de Joyce celebran este día como el “El Día de Bloom” (Bloomsday, juego de palabras por similitud con la expresión inglesa Doomsday, el Día del Juicio). El protagonista de la novela es judío, pero los episodios de aquel día siguen el modelo de la Odisea. De este modo Joyce quiere recordarnos que nuestra cultura es un país atravesado y bañado por dos ríos: uno de ellos nace en Israel, el otro en Grecia. Y los ríos son dos textos fundamentales que alimentan nuestra cultura con ricas historias”.

Las obras de dos autores norteamericanos del siglo XX no pueden faltar en esta minúscula lista: Ernest Hemingway y William Faulkner. En orden, destacar El viejo y el mar y El ruido y la furia. La primera de ellas, una pequeña novela, es una joya de la literatura contemporánea. El viejo Santiago, su protagonista, un ícono de la resistencia, del reto, de la persistencia, de la difícil lucha de todos los días, de la soledad. Un simbólico relato que nos previene del oportunismo, pero nos anima a luchar para ser valorados. El ruido y la furia “resulta ser un relato ardiente y profundo, que

nos habla de la desintegración y de las complejas relaciones entre los humanos. Y todo eso escrito

en un estilo narrativo único. Sería algo así como el guion de una telenovela inteligente y nutritiva

para el espíritu, si tales cosas existieran”.

Al fi nal, para cerrar esta síntesis, considero que no puede faltar una de las grandes novelas de la lengua española, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Jomi García Ascot ha dicho que esta novela es solo comparable con Moby Dick, otro de los grandes libros de todos los tiempos, y asegura que en ella “con la misma realidad coexisten, integrados en la realidad del tiempo —también real-fantástico— los hombres y los objetos, los sueños y los recuerdos, la nostalgia y la levitación, la lluvia que cae cuatro años, la guerra civil y la peste del insomnio, los presagios, la compañía bananera, las bacenillas de oro, las flores que vienen del cielo, la condena de una sangre y la vida y la muerte y los fantasmas y el olvido y la inocencia, hasta llegar, en una increíble espiral que se muerde la cola, a la última irredimible lucidez que todo lo comprueba”.



Sé que faltan muchos de los grandes, pero no creo que sobren los libros y autores aquí reseñados y redimidos. Son apenas quince, para celebrar los quince años de Libros & Letras, para hacer una lista discutible por los que faltan, pero nunca por los que están. No solo es un cumplido a los citados, sino a los que nos han permitido ser felices mientras los leemos, mientras nos solazamos con sus historias, con sus personajes, con sus reflexiones… Ahí están los que faltan, los que perduran.


*Luis Fernando García Núñez.


Periodista, profesor y escritor.

Artículo publicado en el edición de aniversario de la Revista Libros & Letras.




La revista Libros & Letras se puede adquirir gratuitamente en librerías como: La madriguera del conejo, Tornamsea, Wilborada, La Tienda Javeriana, La valija de fuego, San Librario, Lerner, Fondo de Cultura Económica, Casa de Poesía Silva, Casa Tomada, Babel. https://issuu.com/librosyletras/docs/lyl_93_web

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