Oportunidad para la paz


Por: Dixón Moya*


"La paz es un concepto complejo que requiere justicia social, bienestar económico y el impulso a la salud y sobre todo a la educación, pilar fundamental del progreso".

Hoy no escribo como diplomático o funcionario público, sino como ciudadano colombiano, consciente del actual momento histórico. Resulta difícil separar un factor del otro, pero los seres humanos somos una colcha de retazos, la unión de razones y acciones en unas coordenadas determinadas. En mi caso esta dimensión espacio temporal toma forma en el mapa de Colombia que encabeza esta nota. Existen días como este 26 de septiembre, en el cual uno no puede ser indiferente a lo fundamental. Es principio rector de esta columna de opinión no tratar temas políticos internacionales ni de la política interna de Colombia y lo sigo cumpliendo, porque decidir en las urnas el domingo 2 de octubre si se apoya o no el acuerdo suscrito entre el gobierno colombiano y el grupo subversivo de las FARC, es un acontecimiento único que trasciende una coyuntura política o una discusión ideológica, se trata de la posibilidad de tener un mejor futuro.

Entiendo a los escépticos sobre las conversaciones realizadas en La Habana, yo mismo lo fui en las etapas iniciales de la negociación, no faltaban motivos para ello. En iniciativas similares en el pasado, los miembros de las FARC demostraron falta de interés, soberbia e hipocresía. El escepticismo se deriva por la degradación de la guerra y el involucramiento del narcotráfico en el conflicto. Pero ni los más duros críticos pueden negar que estas negociaciones se desarrollaron de manera prudente y seria. Las FARC cometieron graves atentados a la dignidad humana, como el secuestro y atentados indiscriminados. Pero no olvidemos que este grupo en 1964 no estaba interesado ni en tomar el poder, ni en cambiar el modelo económico, se trataba de unos pocos campesinos que se alzaron en armas para reclamar tierras que les habían despojado. El gobierno de aquella época, en lugar de dialogar y entender las razones del levantamiento armado, buscó la fórmula militar, exterminar a los rebeldes y desde aquella época esa ha sido la única opción. El conflicto ha tenido múltiples responsables y todos debemos asumir su solución. Al leer el acuerdo, observo que el texto responde a requerimientos necesarios para lograr justicia en nuestra sociedad, como la reforma agraria integral, solo ese punto justificaría para avalar lo negociado, pues es un hecho que la inequidad en la distribución de tierras, ha sido una constante de las violencias históricas que hemos sufrido en Colombia. Respeto a los contradictores del acuerdo que aducen argumentos, pero la verdad no plantean ninguna alternativa, su posición nos deja en el limbo, en lo mismo de siempre, en el escenario doloroso que padecemos hace cincuenta años. Un periodista español contaba que durante años había cubierto “malas” noticias desde Colombia y ahora se emocionaba al transmitir informaciones positivas. Por ello, no entiendo a los compatriotas que no se alegran por esas referencias de esperanza y confianza sobre Colombia. ¿Acaso quisieran que regresáramos a la época en la cual los atentados, secuestros y combates eran la única referencia del país en el mundo?

Los colombianos sabemos el maravilloso país que tenemos y ojalá todos los amigos extranjeros pudieran conocer nuestra diversidad de paisajes y culturas. Hace unos días conversé con un alegre grupo de turistas que recorrían el barrio colonial de La Candelaria, en el centro de Bogotá y me decían lo bueno que era visitar Colombia, porque gracias a las últimas noticias, se sentían más seguros. Al desaparecer la etiqueta de las FARC como grupo armado, un efecto lógico es mayor confianza internacional, que traerá más inversión y turismo. Sabemos que el acuerdo con las FARC, no produce la paz automáticamente. La paz es un concepto complejo que requiere justicia social, bienestar económico y el impulso a la salud y sobre todo a la educación, pilar fundamental del progreso. La paz es camino, no una palabra. Estamos en el inicio, no en el final de la ruta, pero se trata de un gran signo de esperanza, una promesa de futuro, que requiere la legitimidad de los votos. Un dato final, el Hospital Militar de Bogotá, en donde tuve la fortuna de nacer, centro médico que ha sido testigo de las crueldades de la guerra, durante este año ha visto reducido el número de pacientes por el conflicto armado y desde hace varios meses ha tenido más pacientes civiles o atendido a militares por accidentes o enfermedades, no por la guerra. John Lennon aparte de melodías inolvidables dejó una invitación que deberíamos aceptar, dar una oportunidad a la paz. Las víctimas del conflicto han sido muy generosas con el acuerdo conseguido y están dispuestas a la reconciliación, si ellas pueden, para los demás debería ser más fácil. La decisión está en nuestras manos. Una afirmación, un mensaje positivo, por eso ante la pregunta que los colombianos debemos resolver el próximo 2 de octubre, mi respuesta es: Sí.

*Dixon Moya, diplomático colombiano y escritor por vocación, lleva un blog de opinión en el periódico colombiano El Espectador
Artículo tomado de http://www.elcorreo.ae/

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